Durante siglos se creyó que el cuerpo de San
Francisco estaba en el altar mayor de la Basílica, pero nadie lo había
visto. Un día se pusieron a perforar y a buscar la tumba, y la encontraron
en lo más profundo, debajo del altar mayor. Entonces, para no remover los
restos, decidieron hacer una iglesia de piedra, sin cuadros, pinturas ni
adornos, en el nivel exacto donde estaba la urna.
Su ataúd es tan humilde, tan sencillo, tan
sin nada que me mueve tanta humildad no solo la de los huesos que están
allí, sino la de toda su vida y lo que el hoy es en el mundo. No tiene
adornos es tallado en la roca viva y no tiene revestimientos frisos ni
pinturas de ningún tipo. Es tal cual es, el Espíritu de la Basílica.
La urna de San Francisco es muy humilde,
toda de piedra y envuelta en hierros y cadenas que la aseguran. Se
cercioraron de que eran los restos auténticos de San Francisco y decidieron
dejarlos allí. Dan ganas de llorar cada vez que uno la ve. Viene a la mente
todo el orgullo que uno tiene, sin ser nadie, y Él, lo grande que era, y tan
humilde que procedía en la vida.
LLORANDO
Estoy viniendo aquí desde joven y ya perdí la
cuenta de las veces que he venido a la cripta de la tumba de la tercera
iglesia, la más interna, y cuando apenas la veo de inmediato estallo en
sollozos y busco un silla cerca del sarcófago, recostando la cabeza en la
base de piedra del altar que sostiene su ataúd, y me pongo a llorar, llorar
y llorar inconsolablemente. No hago otra cosa que llorar. Cada vez que
vengo me pasa lo mismo.
Es inevitable estar frente al Ser que fue San
Francisco y no confrontarse a uno mismo, y ver: Que El siendo tan grande,
sea tan pobre y humilde, y, uno que no es nada, seamos tan orgullos; Que El
siendo tan sabio, de su enseñanza con tanta simplicidad, y uno que es tan
ignorante, tenga que dárselas de intelectual; Que El viviendo de acuerdo con
la Voluntad Divina, no sea voluntarioso ni mandón, y uno que vive de acuerdo
con la voluntad personal, sea tan autoritario y agresor; Que El siendo tan
Bello Espiritualmente se viste tan sencillo, y que uno con una vida
espiritual tan a medias, nos vestimos con tanto lujo; Que El viviendo en la
Verdad Espiritual, sea tan modesto y humilde en sus predicaciones, y uno que
tiene verdades a medias, sea tan arrogante. Todo esto junto, y muchas cosas
que me resultan inexplicables me dan ganas de llorar y seguir llorando. No
lloro por esos huesos sino por el ser que esta vivo y una vez uso esos
huesos.
En fin, San Francisco es un modelo de vida
que todos podríamos adoptar, y así vivir más cerca de lo que aspiramos a
ser.
A San Francisco, sollozando le pido ayuda,
porque delante de el ser que ahora esta vivo y fue El, me veo pobre,
impotente, incapaz, imposibilitado de lo tan grande, importante y
responsable que hay que hacer en la metafísica y se en lo mas profundo de mi
corazón que es El, solo El, el que hace todo lo que digo que hago y me
permite hacerlo.
Se que El sabe todas, absolutamente todas
mis fallas, errores y faltas que cometo y he cometido. Que por ello, no
merezco hacer lo que hago en la Metafísica, soy indigno de todo y que no
merezco que El me tome en cuenta y sin embargo siempre me dice presente, me
apoya, jamás me ha abandonado, ni en la noche mas oscura de mi vida y nunca
me ha acusado de nada de lo malo que creo que hago, ni me ha reprochado mi
conducta y esto es lo que en la vida me da justificados motivos para
perdonar las fallas de todo tipo, que los demás tienen y las injusticias que
cometen conmigo. El es el que me ha dado el ejemplo y la inspiración para
que se habra la actividad de la metafísica de los Facilitadores de los
Pobres, El es el Facilitador Mayor de todos nosotros y gracias a El le
podemos dar cabida en nuestra enseñanza sin condenar ni juzgar a orgullosos,
traidores, injustos, corruptos, ignorantes, gente llena de odio, fea,
mentirosa, menesterosa, rencorosa, homosexuales, travestis y prostitutas.
Solo a El le debemos eso. No se los demás Maestros si juzgan estas
condiciones como impedimentos para ser iniciados o instructores de sus
Enseñanza, pero se y estoy seguro que El no lo hace. No solamente eso, sino
que deja que gente asi pueda ser Facilitador, eso si que es algo atrevido y
glorioso de Su parte.
En Assisi es el único lugar donde
verdaderamente descansa mi alma y me siento como en casa, donde me puedo
quitar los zapatos, recostarme en el diván de la presencia de Francisco a
descansar, comer la comida casera de mi hogar, encontrar lo que me gusta y
la manera de ser espiritual que me agrada. Solo me gusta la manera de ser
espiritual de Francisco. He tenido la oportunidad, no se si cierta o falsa,
de acceder a supuestos cielos mas altos que el de El y he dicho
rotundamente que no, me ha dado horror pensar que mi alma pueda ir a otra
parte que no sea al lado de El. Yo me quiero quedar en el cielo de los
humildes, aunque yo no lo sea, en el cielo de los pobres de espíritu, aunque
no lo merezca y sea la contradicción de lo que el Hermano Francisco es.
Un monje que estaba arreglando el altar se
le volteo uno de los floreros y el agua demás de mojar el altar corrió por
el piso de la nave. El monje busco el trapo de piso para secar lo mojado,
pero por el brillo de las luces no se dio cuenta de los ríos de agua que
corrieron por el resto de la iglesia y se fue sin secarlos. De inmediato lo
llame, le tome el trapo y me puse a trapear el piso del altar del Maestro.
Mientras hacia esto veía la tumba de Francisco y me acorde de inmediato de
San Martín de Porres y le daba las gracias por la oportunidad que me habia
dado de aunque sea poder trapear un poco su piso