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La Tumba de San Francisco

RUBEN CEDEÑO

 Assisi 8-12-005

Durante siglos se creyó que el cuerpo de San Francisco estaba en el altar mayor de la Basílica, pero nadie lo había visto. Un día se pusieron a perforar y a buscar la tumba, y la encontraron en lo más profundo, debajo del altar mayor. Entonces, para no remover los restos, decidieron hacer una iglesia de piedra, sin cuadros, pinturas ni adornos, en el nivel exacto donde estaba la urna.

Su ataúd es tan humilde, tan sencillo, tan sin nada que me mueve tanta humildad no solo la de los huesos que están allí, sino la de toda su vida y lo que el hoy es en el mundo. No tiene adornos es tallado en la roca viva y no tiene revestimientos frisos ni pinturas de ningún tipo. Es tal cual es, el Espíritu de la Basílica.

 La urna de San Francisco es muy humilde, toda de piedra y envuelta en hierros y cadenas que la aseguran. Se cercioraron de que eran los restos auténticos de San Francisco y decidieron dejarlos allí. Dan ganas de llorar cada vez que uno la ve. Viene a la mente todo el orgullo que uno tiene, sin ser nadie, y Él, lo grande que era, y tan humilde que procedía en la vida.

LLORANDO

Estoy viniendo aquí desde joven y ya perdí la cuenta de las veces que he venido a la cripta de la tumba de la tercera iglesia, la más interna, y cuando apenas la veo de inmediato estallo en sollozos y busco un  silla cerca del sarcófago, recostando la cabeza en la base de piedra del altar que sostiene su ataúd, y me pongo a llorar, llorar y llorar inconsolablemente. No hago otra cosa que llorar.  Cada vez que vengo me pasa lo mismo.

Es inevitable estar frente al Ser que fue San Francisco y no confrontarse a uno mismo, y ver: Que El siendo tan grande, sea tan pobre y humilde, y, uno que no es nada, seamos tan orgullos; Que El siendo tan sabio, de su enseñanza con tanta simplicidad, y uno que es tan ignorante, tenga que dárselas de intelectual; Que El viviendo de acuerdo con la Voluntad Divina, no sea voluntarioso ni mandón, y uno que vive de acuerdo con la voluntad personal, sea tan autoritario y agresor; Que El siendo tan Bello Espiritualmente se viste tan sencillo, y que uno con una vida espiritual tan a medias, nos vestimos con tanto lujo; Que El viviendo en la Verdad Espiritual, sea tan modesto y humilde en sus predicaciones, y uno que tiene verdades a medias, sea tan arrogante. Todo esto junto, y muchas cosas que me resultan inexplicables me dan ganas de llorar y seguir llorando. No lloro por esos huesos sino por el ser que esta vivo y una vez uso esos huesos.

En fin, San Francisco es un modelo de vida que todos podríamos adoptar, y así vivir más cerca de lo que aspiramos a ser.

 A San Francisco, sollozando le pido ayuda, porque delante de el ser que ahora esta vivo y fue El, me veo pobre, impotente, incapaz, imposibilitado de lo tan grande, importante y responsable que hay que hacer en la metafísica y se en lo mas profundo de mi corazón que es El, solo El, el que hace todo lo que digo que hago y me permite hacerlo.

 Se que El sabe todas, absolutamente todas mis fallas, errores y faltas que cometo y he cometido. Que por ello, no merezco hacer lo que hago en la Metafísica, soy indigno de todo y que no merezco que El me tome en cuenta y sin embargo siempre me dice presente, me apoya, jamás me ha abandonado, ni en la noche mas oscura de mi vida y nunca me ha acusado de nada de lo malo que creo que hago, ni me ha reprochado mi conducta y esto es lo que en la vida me da justificados motivos para perdonar las fallas de todo tipo, que los demás tienen y las injusticias que cometen conmigo. El es el que me ha dado el ejemplo y la inspiración para que se habra la actividad de la metafísica de los Facilitadores de los Pobres, El es el Facilitador Mayor de todos nosotros y gracias a El le podemos dar cabida en nuestra enseñanza sin condenar ni juzgar a orgullosos, traidores, injustos, corruptos, ignorantes, gente llena de odio, fea, mentirosa, menesterosa, rencorosa, homosexuales, travestis y prostitutas. Solo a El le debemos eso. No se los demás Maestros si juzgan estas condiciones como impedimentos para ser iniciados o instructores de sus Enseñanza, pero se y estoy seguro que El no lo hace. No solamente eso, sino que deja que gente asi pueda ser Facilitador, eso si que es algo atrevido y glorioso de Su parte.

  En Assisi es el único lugar donde verdaderamente descansa mi alma y me siento como en casa, donde me puedo quitar los zapatos, recostarme en el diván de la presencia de Francisco a descansar, comer la comida casera de mi hogar, encontrar lo que me gusta y la manera de ser espiritual que me agrada. Solo me gusta  la manera de ser espiritual de Francisco. He tenido la oportunidad, no se si cierta o falsa, de acceder a supuestos cielos mas altos que el  de El y he dicho rotundamente que no, me ha dado horror pensar que mi alma pueda ir a otra parte que no sea al lado de El. Yo me quiero quedar en el cielo de los humildes, aunque yo no lo sea, en el cielo de los pobres de espíritu, aunque no lo merezca y sea la contradicción de  lo que el Hermano Francisco es.

 Un monje que estaba arreglando el altar se le volteo uno de los floreros y el agua demás de mojar el altar corrió por el piso de la nave. El monje busco el trapo de piso para secar lo mojado, pero por el brillo de las luces no se dio cuenta de los ríos de agua que corrieron por el resto de la iglesia y se fue sin secarlos. De inmediato lo llame, le tome el trapo y me puse a trapear el piso del altar del Maestro. Mientras hacia esto  veía la tumba de Francisco y me acorde de inmediato de San Martín de Porres y le daba las gracias por la oportunidad que me habia dado de aunque sea poder trapear un poco su piso

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