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Hace
mucho tiempo, aproximadamente mil quinientos años, en el pueblo llamado
Patára de las costas del Mar Mediterráneo en Asia Central, nació un
niño de padres muy ricos y le pusieron por nombre Nikelaos que quiere
decir "la victoria del pueblo", en castellano es Nicolás y en
ingles Claus.
Claus
desde muy pequeño desarrolló un profundo amor por el Maestro Jesús, y
se hizo la promesa de vivir como Él: ayudando a los pobres, sanando
enfermos, perdonando a sus enemigos, haciéndole el bien a todos y dejando
que los niños se le acercaran para bendecirlos.
Los padres de Claus se murieron cuando el todavía era un adolescente y
quedó rico siendo muy joven. Claus comenzó a usar la fortuna que heredó
de sus padres para hacer el bien a los demás.
Un amigo de Claus tan rico como él, quedó arruinado y con tres hijas que
mantener, el pobre hombre se vio tentado a vender sus hijas para que no
pasaran hambre. Claus se enteró del asunto y para que su amigo no
vendiera sus hijas, cada noche se subía al techo de la casa de su amigo,
bajaba por la chimenea y a escondidas le dejaba fantásticos regalos en
oro.
Muy
cerca de Patára en un pueblo llamado Myra había un Obispo que estaba muy
viejo, cansado y no encontraba quien lo sustituyera en su cargo.
Un
día el viejo obispo en oración le dijo a Jesús que ya no aguantaba mas
y que al próximo hombre que entrara por las puertas de la iglesia, él le
daría su cargo de Obispo. Claus que pasaba en ese momento por allí se le
ocurrió entrar, y al hacerlo, sorpresivamente fue convertido en Obispo de
Myra.
Claus como Obispo de Mira se dedicó a lograr que la gente pusiera en
práctica las enseñanzas de Jesús, amando al prójimo como a sí mismo,
dándole de comer a los que tenían hambre, perdonando a los agresores y
llenando de bendiciones a todo el pueblo donde vivía y demás poblados
cercanos.
Claus
siendo muy joven ya era Obispo, y además de eso, tenia la fama de ser
santo. Una vez había una gran escasez de alimentos en Myra y cerca del
puerto del pueblo pasó un barco cargado de provisiones. Claus le pidió
al capitán del barco que le dejara todo ese cargamento para que la gente
comiera y no se muriera de hambre. El capitán aceptó, dejando las
bodegas del barco completamente vacías. Tan pronto el barco zarpó, Claus
hizo un milagro y las bodegas se llenaron nuevamente de alimentos.
Había
en Myra un hombre muy malo que le gustaba matar a los niños y servirlos
como comida en el restaurante que tenía. Santa Claus al enterarse de esto
corrió hacia el restaurante, regañó al señor diciéndole que eso no se
hacia, y con un poder maravilloso dado por Dios, resucitó a los niños
que habían sido sacrificados.
Ya
Claus estaba muy anciano cuando en el año cuatrocientos veinticinco en la
ciudad de Nicea, más o menos cerca de donde él vivía, se reunieron
todos los obispos cristianos que existían en el mundo. Santa Claus fue
con todo su amor a darle la bendición a quines se congregaron en este
primer Concilio Ecuménico de la cristiandad.
Todos
los Diciembre, Claus se dedicaba con esmero a recibir el Espíritu de la
Navidad, celebrando el día veinticuatro el nacimiento de Jesús,
repartiendo regalos a la gente, especialmente a los niños.
Una Navidad, unos pillos por pura maldad, decidieron quemarle la iglesia a
Claus y todo quedó vuelto cenizas, menos un Niño Jesús que se salvó de
las llamas milagrosamente, porque Claus lo sacó acurrucado entre sus
brazos sin quemarse, mientras en su cara se dibujaba una gran expresión
de victoria y alegría.
Claus tenia una risa muy agradable, con carcajadas muy fuertes, que a los
niños les encantaba. Cuando él reía, la naturaleza entera se llenaba de
alegría y desaparecían las tristezas de todos los corazones.
Un
día cinco de Diciembre cuando Claus se preparaba anticipadamente para
recibir la Navidad, Dios lo llamó a Su lado para que Lo ayudara desde el
cielo en las festividades navideñas. A partir de ese día Claus se dedica
todos los Diciembre a ayudar a Jesús en las fiestas navideñas y a
suministrarle dinero a los padres de los niños que se portan bien todo el
año, para que la noche de Navidad le compren muchos juguetes en nombre de
Claus y el Niño Jesús.
El
cuerpo sin vida de Claus nunca se corrompió como los demás cadáveres,
sino que comenzó a derramar un oloroso aceite que la gente enferma, al
untárselo se sanaba. En un hermoso sarcófago tallado en mármol
depositaron el cuerpo de Claus, donde pasó casi quinientos años
totalmente intacto y como era Santo ya no le decían Claus sino Santa
Claus.
La fama de Santa Claus se extendió por toda la tierra y consagraron
muchas iglesias con su nombre. Se convirtió en patrono y protector de los
niños, los marineros, las fiestas navideñas y de un país llamado Rusia.
Como en esa época no existía la fotografía la cara de Santa Claus fue
pintada en miles de cuadros hechos sobre madera llamados iconos.
Cierto
día unos italianos se enteraron que invasores incrédulos planeaban
profanar el cuerpo de Santa Claus, así fue como una noche unos marineros
decidieron trasladar en barco el cuerpo de Santa Claus, desde Myra hasta
Bari en la costa este del sur de Italia. Por esta razón muchas personas
conocen a Santa Claus como San Nicolás de Bari.
Marineros
de todo el mundo que pasaban por Bari expandieron la creencia y el amor a
Claus al norte de Europa. Un día unos inmigrantes holandeses que se
fueron a vivir a New York llevaron la devoción de Santa Claus a los
Estados Unidos de Norte América, donde comenzaron a llamarlo solamente,
"Santa".
En
una noche de Navidad en New York, bajo el blanco manto de una linda
nevada, los hijos del famoso escritor Clement Clark Moor le pidieron que
les narrara la vida de Santa.
Clement,
recordando parte de la verdadera historia de Santa, les escribió un
cuento que rápidamente se hizo famoso en todos los hogares y colegios,
porque decía: "Santa, cada veinticuatro de Diciembre baja por la
chimenea de las casas trayéndole regalos a todos los niños que se portan
bien". Esto llenó de ilusión y esperanza los corazones de la gente
que se enteraba de La verdadera historia de Santa Claus.
Un
pintor que se llamaba Habdon Sudblom que trabajaba para la fábrica de
bebidas Coca Cola, se le ocurrió pintar a Santa muy alegre, bonachón,
llevando una bolsa llena de juguetes, vestido de rojo, con una barba
blanca y barrigón, que encantado se tomaba una botella de Coca Cola.
Hoy
en día todos los niños del mundo y muchos adultos también, esperan que
Santa baje por la chimenea y les deje un regalo al pie del arbolito la
noche de Navidad.
Todavía
en la ciudad de Myra existe la iglesia donde vivió Santa Claus y en Bari
se veneran las reliquias del cuerpo de Santa Claus que sigue emanando el
milagroso y perfumado aceite curativo.
Santa
Claus existe, esta vivo trabajando desde el cielo, ayudando a niños y
adultos como lo hacía cuando vivía en la tierra.
La
gente quiere mucho a Santa Claus y le dicen por cariño de muchas maneras,
como Papá Nöel o San Nicolás. Le han imaginado una casa en el Polo
Norte con un trineo tirado por renos, gnomos que fabrican juguetes y para
no verlo solo, le han inventado hasta una esposa llamada "Señora de
Claus". Todo esto la humanidad lo ha hecho porque ama a Santa Claus
por lo bella que fue su vida y por lo mucho que favoreció a la gente.
Acuérdate
que cada Navidad Santa Claus se acerca a nosotros y es muy feliz cuando,
con mucho cariño, le damos un regalo a alguien, ya que estamos pensando
en los demás, mas que en nosotros, y esto es un inegoísmo propio de los
verdaderos cristianos que ponen en práctica las enseñanzas de Jesús
como lo hacía Santa Claus.
Toda
imagen de Santa Claus encierra el amor y la ilusión por la Navidad que
él tuvo, por eso verlas y tenerlas, nos llena de tanta alegría y trae
felicidad en el lugar donde están.
Detrás de cada
persona que da un regalo en Navidad esta Santa Claus prodigando su
bendición con la alegría del JO, JO, JO, de su inconfundible risa. |