Cuando tuve uso de conciencia,
recuerdo que mi mamá, siempre que aparecía Conny cantando por la
televisión, me decía: “Esa es Conny Méndez”, para que me fijara en ella.
Cuando íbamos al Mercado de
Chacao los sábados muy temprano en la mañana, siempre llevábamos un radio
portátil, porque en Venezuela solían a esa hora poner música folklórica y
me gustaba escucharla. Siempre hacían sonar los discos con las canciones
de Conny Méndez y era notoria la alegría que mi mamá y yo sentíamos al
oírla. Un día mi mamá me dijo: “Cuanto desearía conocerla.” Y parece que
los ángeles dijeron: “Amen.”
Cuando comencé mis estudios en la Escuela de Música
Juan Manuel Olivares con toda la crema y nata musical de Caracas. Junto
con todo este grupo de personas había una joven, que estudiaba conmigo,
que era muy buena persona llamada Lastenia. Yo era menor de edad, y no
manejaba. Cada vez que terminaba la clase ella me ofrecía llevarme desde
la colina donde estaba la escuela de música en la Alta Florida, al lugar
donde pudiera tomar el bus para mi casa, porque la escuela estaba al pie
del monte Ávila y por ahí no había mucho transporte publico.
Durante dos años esta joven Lastenia Gil de Siblets
me estuvo haciendo este gran favor. Un día, en plena clase de solfeo, se
levantó Lastenia para irse antes de la hora y me dijo suavecito: “Hoy no
puedo llevarte porque mi abuela tiene una conferencia y la tengo que
acompañar”. Y le pregunte: “¿Y quién es tu abuela? Ella me contestó:
“Conny Méndez.” Me quedé pasmado en el sitio, y sin salir del asombro, le
interrogué: “¿Y sobre qué es la conferencia?” Me contestó: “De
metafísica”. Y de inmediato, sin pensarlo dos veces, le exprese: “Yo
quiero conocer a tu abuela y saber de Metafísica.”
Cuando esta joven me dice que es nieta de Conny yo di
un grito al cielo y dije: “no puede ser que seas la nieta de Conny
Méndez”, pero ¿qué es eso de la Metafísica?, me dijo: “Rubén estoy
apuradísima, te traigo un libro para la próxima clase”.
Contaba los días para la próxima clase de teoría y
solfeo que al fin llego y en voz baja mientras el profesor daba un
lección, ella me paso el libro por debajo de la manga. Era una publicación
de bolsillo con tapa azul clara, que decía en letras grandes:
“Metafísica”, y abajo con letras más pequeñas: “al alcance de todos”. y me
dijo con voz de obediente encomienda: “Aquí
tienes el libro. Mi abuela te manda a decir que te lo leas dos veces
seguidas y que después te da los libritos que siguen.
Mi abuela te manda a decir que te lo leas dos veces” En esa época no
existía “Metafísica 4 en 1”.
Ese mismo día en la noche, en
el autobús camino a mi casa, por la avenida Libertador a la altura de
PDVSA, comencé a leerlo y desde la primera página me comenzó a fascinar, y
al seguir leyendo los capítulos siguientes, me empezó a parecer algo muy
volado mentalmente, casi como de una ingenua locura.
Me moría por conocer a Conny Méndez en
persona; Lastenia a los pocos días me dijo: “Rubén me voy de viaje con mi
marido y mi abuela se va a quedar cuidando la casa”. Yo ni corto ni
perezoso, esperé que se fuera y agarré el teléfono de Lastenia y la llamé
y pregunte por la señora Conny Méndez y cuando ella me atendió al
teléfono, inmediatamente le dije que era amigo de su nieta Lastenia y que
quería estudiar Metafísica. ¡Imagínense cuántas personas querían estudiar
directamente con Conny Metafísica!; yo era para ella un desconocido y me
dijo: “yo no atiendo a principiantes, tienes que irte a casa de una
maestra que te prepare”. Entonces yo le dije: “bueno esta bien” , me dio
la dirección y yo fui a esa casa y fue donde recibí mi primera clase de
Metafísica. Pero a mi no me gustó esa maestra, ni su casa, ni el grupo;
eran puras señoras hablando de problemas con los maridos, de tonterías,
que si Dios existe, que si no existe, !a mi me aburrió! y salí fúrico.
En el primer teléfono que encontré llamé a Conny
Méndez y le dije: “mira Conny a mi esa Metafísica de estar hablando los
problemas de los maridos y con los vecinos, a mi eso no me gustó, si esa
es la Metafísica, ¡yo no quiero estudiar Metafísica, y si no es contigo
con nadie!. Conny Méndez se asustó y me dijo: “ mi hijo no vuelvas a
repetir eso mas nunca en tu vida, ¿que vas a hacer ahora?, dije: ¡nada!,
ella me respondió: “vente para mi casa ¿tu sabes la dirección?, dije:
¡sí!. Me fui, tomé un taxi rapidísimo; me acuerdo que era como un cuarto
para las cinco de la tarde, llegué a aquella casa, la Quinta El Javillo en
la Avenida Mohedano de la Castellana en la Ciudad de Caracas. Una señora
vestida de blanco del servicio de Conny Méndez me abrió la puerta y me
hizo sentar en una sala preciosa, decorada exquisita, con unas alfombras
persas, con unos cuadros del siglo XIX de los mejores pintores de la
Colonia Venezolana; aquello era un museo de aquella hermosa casa, se me
iban los ojos viendo los cuadros tan hermosos que tenían y había un sillón
de cuero negro repujado.
Cuando apareció Conny Méndez, chiquitica, con el
pelo blanco plateado, un poquito regordeta, elegantísima, con modales de
gran dama, con un prendedor con cuatro tipos de oro diferentes, con su
famoso anillo con diamante en el dedo meñique, era casi una semilla,
brillando y destellando colores. Nos dimos un beso, luego se sentó y me
dio mi primera clase de Metafísica que fue el Cristo Interno y me dijo que
todos llevábamos a Dios por dentro en forma de Llama Triple, y me explicó
las tres llamas.
De ahí me pasó a
su oficina que estaba en la parte de atrás de la casa, me enseñó el piso
de arriba donde vivía y me habló de su secretaria y me dijo: “yo cometí un
error al mandarte a casa de esa señora a recibir clases de Metafísica, yo
te voy a poner a estudiar con mi secretaria que acaba de abrir un grupo;
llamada Katiuska Cordido; hija del primer Juez que instituyó los
tribunales de tránsito en Venezuela. Yo me encanté; Conny Méndez me dio la
dirección y le dije: ‘Conny pero lo que yo quiero es estudiar contigo”,
ella me dijo que los jueves se reunían los maestros de Metafísica y me
incorporé en 1969 con los maestros que Conny Méndez preparó para expandir
ésta enseñanza en el mundo entero.
Tenia 17 años, edad en la que
uno está buscando ver cómo es que quiere ser en la vida, y al leer todo
eso me dije: “Que divino es ser metafísico, como un mago haciendo
prodigios, algo como dice aquí Conny Méndez.”
A la siguiente semana, so
pretexto de hablar con Lastenia, que ya me había dicho que vivía con su
abuela, llamé por teléfono a ver si me contestaba Conny, y así fue.
Después de presentarme y darle las gracias por el libro, le dije: “Yo
quiero aprender Metafísica contigo”. Pero me contestó de inmediato que no
aceptaba principiantes, sino a metafísicos que ya daban clases y me mandó
a una clase de Metafísica con una maestra en Montalbán.
Yo obedecí y fui a donde Conny
me dijo. Uno siempre tiene que ser obediente ante las sugerencias de aquel
que uno quiere que le enseñe. Aquella clase llena de señoras contando los
problemas de sus maridos no me gustó y al terminar la clase, desde el
teléfono de la casa de mi abuelo, llamé a Conny y le dije: “Esa clase a mí
no me gustó. Si no estudio contigo, no quiero estudiar Metafísica con más
nadie”.
Conny me dijo: “No vuelvas a
decir eso más nunca”, y me preguntó: ¿Qué vas a hacer ahora? Y por
supuesto que le conteste: “Nada”, y ella me contestó: “Vente a mi casa”.
Colgué la bocina del teléfono y me fui volando desesperadamente hacia la
quinta el Jabillo en la Castellana, donde vivía.
Estaba contentísimo. Me bajé
del carrito por puesto en la esquina de la Av. Francisco de Miranda con la
Av. Mohedano y comencé a subir en dirección al Ávila. La tarde era
bellísima, el sol daba unos visos dorados que envolvían todo en una magia
presagiadora de grandes acontecimientos en mi futura vida. Mi mente me
repetía: “Voy a ver a Conny Méndez y a hablar con ella”.
Esto era para mí lo más
fantástico que me podía suceder desde que había nacido. Con la cabeza
llena de música y colores, llegué a la Quinta el Jabillo y toqué el timbre
de una puerta blanca de hierro con arabescos. Al rato, me salió una
domestica muy morena, vestida de un impecable uniforme blanco, que me
habló en castellano, pero con acento del inglés propio de la isla de
Trinidad. Ella ya sabía que me estaba esperando la Señora Conny Méndez y
me hizo pasar de inmediato. Llegué a una sala recargada de muebles de
estilo y cuadros, que de lejos me di cuenta que algunos eran de Arturo
Michelena, otros de Cabré y uno que otro de la propia Conny Méndez. Todo
combinaba en una maravillosa armonía; parecía una de esas casonas
caraqueñas acomodadas de principios de siglo XX.
Solo y meditabundo en aquella
sala, sólo ansiaba el momento en que Conny Méndez apareciera por el ancho
portal principal de la casa.
Al fin Conny Méndez apareció
vestida de blanco, con un prendedor que era una flor de oro cochano en el
centro del pecho, a la altura del cuello del vestido. Su cabello blanco
plateado, de peinado circular, le hacía resplandecer un nimbo parecido a
un aura. Era de baja estatura, pero con una sonrisa que la alegría del
mundo entero se desbordaba en su cara y esto la hacia crecer como el
Ávila, que estaba al frente de la casa, perdiendo cuenta lo pequeña que
era físicamente.
Allí al frente, tenía a la
propia Conny Méndez y para mí sólito. Era así como si hubiera esperado
años, los 17 que llevaba de vida y otros tantos más, para conocerla. La
razón de vivir del resto de mi vida, ya la había encontrado, estaba allí,
era la persona que iba a cambiar mi vida para siempre.
Conny se sentó en su silla de
cuero negro repujado, que ahora conserva Lastenia en su hogar, y después
de hablar esas intrascendencias que siempre uno dice al llegar a una casa,
Conny entró en posición de Maestra y comenzó a darme la primera clase de
Metafísica, que nunca más en la vida se me olvidó y que podría repetir de
memoria cada vez que me la pidieran.
Conny dijo: “La Metafísica es
la enseñanza más adelantada que hay en el planeta actualmente, porque
comienza de aquí hacia arriba (señalándose la frente con un dedo que
deslizó hacia arriba). Comienza en el plano mental y todo lo demás es de
allí hacia arriba. Porque todo es mental. Donde está tu mente, allí estás
tú. Así que, lo que tú piensas, se manifiesta. Si piensas lo bueno, se te
dará, y si piensas lo malo, también. Dios vive dentro de tu corazón en
forma de una llama triple que tiene los colores de la bandera de
Venezuela: (levantó tres dedos de su mano derecha y señaló) Amarillo, Azul
y Colorao. El amarillo es la Sabiduría de Dios; el Azul, el Poder y el
Colorao o Rosado, el Amor Divino. Esas tres llamas con los tres aspectos
de Dios, los tienes dentro de tu corazón y todo el mundo en el
universo.”
Así continuó Conny Méndez
hablándome del Yo Superior, el Cordón Plateado, el Cuerpo Causal, los
Siete Rayos, las Siete Leyes y los Maestros Ascendidos. A los años, fue
que me di cuenta que en esa tarde Conny me había dado casi toda la
enseñanza metafísica.
Luego de la explicación, fue a
su oficina, me buscó el libro “El Maravilloso Numero 7” y me lo entregó.
Conny me llevó al segundo piso
de la casa, donde estaban sus habitaciones, para explicarme la “Lámina de
la Presencia Yo Soy” que tenía en su cuarto y que en mi casa conservo una
copia de esta lámina, que es muy antigua y no se parece a ninguna de las
que se publican hoy en día. Alrededor de la Lámina de la Presencia, tenía
varios cuadros pequeños con fotos de los Maestros Ascendidos, donde se
encontraban el Maestro Saint Germain, Koot Hoomi, el Morya, un Jesús que
ella misma había pintado y Emmet Fox.
Allí, en una terraza, me enseñó
dónde trabajaba su secretaria y me dijo que era una muchacha muy
competente llamada Katiuska.
En una sala muy bonita, Conny
me invitó a tomar el té en unas tazas bellísimas de porcelana blanca con
flores en rosa viejo, que todavía conserva Lastenia, y cuando voy a su
casa para que recuerde aquel momento de hace casi 33 años, me sirve en
ellas.
Conny me puso a estudiar
Metafísica con Katiuska, su secretaria, los días miércoles en la escuela
de música de Blanca Estrella de Mescoli, y los jueves asistía con Conny a
las clases de Maestros.
Mi padre y mi madre se sumaron
a las clases. Estreché una amistad muy grande con Katiuska. Con Ella
estudiaba Metafísica la Profesora Rugeles, que era la subdirectora de la
Escuela de Música Juan Manuel Olivares y amiga personal de Conny. Así
comencé a tener amigos por primera vez en la vida y también a llegar
tarde a mi casa por primera vez, ya que nunca me aficioné a las parrandas
propias de los adolescentes, tampoco a las discotecas ni nada por el
estilo; lo mío era solamente la metafísica y la música.
Nota: Este
capítulo continúa en el Libro: "Conny Méndez como yo la conocí"
(Autobiografía IV)
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Conny Mendez fue mi maestra
espiritual, que físicamente durante diez año me instruyo, y su recuerdo me
sigue guiando por esta senda de la Metafísica donde continuo, a ella le
debo mi manera de ser espiritual, de razonar, solucionar y de enseñar
metafísicamente y a ninguna otra persona, aunque he conocido físicamente a
grandes Maestros Espirituales a los que les agradezco muchísimo como a
Krishnamurti, pero es Conny Mendez la que marco mi vida espiritual, porque
fue la primera que me abrió los ojos y todos mi sentidos a este
maravilloso mundo del espíritu y es como la madre carnal, aunque exista
mucha gente que le haya hecho a uno favores en la vida, nadie sustituye el
lugar de la Madre, porque ella le dio a uno la vida.
Se que a mi lado desde que nací
están seres de Luz que me guían tangiblemente desde lo invisible en todos
lo planos y que nunca me han abandonado, pero en el plano fisico quien se
ocupo de instruirme por primera vez fue Conny Mendez, ningún otro y esto
para uno es lo mas grande que se puede tener.
Uno aprecia a quien lo enseño en la medida que
aprecia la Enseñanza, si para uno la Enseñanza es lo mas grande, quien lo
enseño a uno también es lo mas grande y no importa cuan espiritual o no
haya sido esta persona.
Después de mi madre que me dio la
vida física, esta Conny Mendez que me despertó a la vida Espiritual y esto
no lo digo por un arranque de apasionamiento repentino, sino después que a
lo largo de tantos años una vez me presionaron hasta el borde del suicidio
a que aceptara un Maestro como propio, porque y si no me condenaba
espiritualmente; después que he sido acusado de ser una burda copia de
Conny; de por estar con Conny, ser acusado de seguir mortales en vez de
Maestros Ascendidos; de no poder usar el nombre de Conny Mendez por no
tener permiso legal para hacerlo; de que me digan que los libros de Conny
son copias de los de Emmet Fox y tantas cosas mas.
A esta altura de la vida, de
Conny se dicen cosas muy bellas y buenas, otras terribles, que las se casi
todas, y he llegado a pensar si muchas de esas cosas horrendas que dicen
de ella son verdad, ¿y que importa? A mi lo único que me importa es lo
grande que Conny me enseño y así haya sido lo buena que dicen, o lo malo
que le condenan, nadie me ha dado los besos y el cariño que ella me dio,
que todavía los siento en mis mejillas; nadie se sentó horas a enseñarme
como ella lo hizo con la paciencia, firmeza e inflexibilidad; nadie se ha
tocado el piano a acompañarme cantando tantas de sus canciones como ella
lo hizo; nadie me puso ha enseñar metafísica cuando tenia diecisiete años
y confió en mi como lo hizo ella.
Cada día hay menos libros de
Conny Mendez en las librerías y menos gente se acuerda de ella, es que
solo uno, el que la conoció y recibió la enseñanza de ella tiene ese
agradecimiento en la medida y magnitud que la tiene, otros la apreciaran
pero no en la misma medida que se tiene por el solo hacho de haberla
conocido y amado tanto. Otros, justamente, le tendrán ese aprecio a otros
instructores de metafísica que han sido quienes les han enseñado. A mi me
toco Conny Mendez, y así como yo le agradezco a ella, otros le tendrán que
agradecer al que les toco ser su instructor. Yo ahora hago lo que es
imposible dejar de hacer, ocultar de declarar, amar, honrar, y es
perpetuar la memoria de ese único ser que lo despertó a uno a la
espiritualidad y que para mi es y seguirá siendo Conny Mendez y aunque
halla tenido otros maestros en vidas pasadas, tenga otros en futuras
encarnaciones y aunque se que tengo varios en esta que cuidan de mi en los
planos internos, tendré como un honor irrebatible, durante esta vida y en
futras vidas que Conny Mendez haya sido mi maestra física en esta
encarnación.
Gracias
CONCIERTO PARA UNA SOLA VOZ
Las personas activas en estas enseñanzas siempre
tienen algo nuevo entre manos. Hoy andan con un libro y mañana con otro, y
pasado mañana con las películas y videos, traspasado mañana con los D.V.D.
al otro día con los zapatos rojos, y al siguiente con un lazo en el pecho,
siempre tenemos algo nuevo, estancados o iguales no nos van a encontrar
jamás. Esto es bueno porque estamos vivos, quiere decir que somos un grupo
moviente, inquieto, que siempre tenemos algo nuevo.
Conny Mendez, cada vez que
llegaba de viaje, venía con una historia distinta y algo nuevo, que
después ella misma lo tiraba al olvido y lo cambiaba; pero que en muchos
de nosotros, y al menos en mi persona, quedaron grabados. Una vez llegó
Conny de Miami con una historia. Me dijo: "Rubén, una noche en Miami no
podía dormir" y como a las dos de la mañana los Maestros me llamaron para
que escuchara algo en la radio". Ella se puso a sintonizarlo y escuchó
algo; dice que con eso ella trascendió y se fue a un nivel muy alto. Conny
-ustedes saben que era música- y eso que escucho lo transcribió al piano.
Llegó a Caracas con la pieza, me la tocó al piano y me dijo: "yo quiero
que alguien me diga qué es". Ustedes saben que Conny Méndez era muy amiga
de la directora de la escuela de música Juan Manuel Olivares: Ana Mercedes
Asuaje de Rugeles; vino la profesora y no se pudo descubrir la pieza, vino
Blanca Estrella, todos los mejores compositores desfilaron por su casa y
nadie supo qué era.
Hasta que vino Evelia Lader, una
famosa soprano, y dijo: "Yo sé qué es eso, es el Concierto para una
sola voz de Saint Preux". Pasó el tiempo y Conny se volvió a ir de
regresó a Miami. Un día se estaba quedando Conny en la casa de su hija
Julieta en el Caracas Country Club y Evelia me llamó y me dijo: Esta noche
voy a cantarle a Conny Méndez," y me invito. Fuimos, y con un guitarrista
famoso, Evelia le interpretó la pieza, el Concierto para una Sola Voz.
De esto no teníamos grabación,
pero un día venía por la Quinta Avenida de Nueva York metiéndome por todas
las tiendas y librerías, como siempre hago, por que no sé qué quiere Dios
que yo descubra en alguna de ellas, y he descubierto muchas cosas, como
esto que hallé. Entré a una tienda y estaban tocando "la pieza de Conny",
y la compré. Era el Concierto para una Sola Voz.
De alguna manera, todos siempre hemos pensado que
esta canción se relaciona con Conny Méndez y que puede ser algo que tenga
que ver con su propia alma directamente; porque Conny desencarnó creyendo
que era la pieza más bella del mundo, y lo decía: "es que yo no he visto
nada más bello que eso".
LA DESPEDIDA
Una
semana antes de que Conny se fuera para Miami y para el Cielo, la fui a
visitar a una casa al frente de su Quinta El Jabillo, porque ésta la tenía
alquilada.
Al entrar, todavía parado en el
umbral de la puerta, Conny me dijo acariciándome la mejilla derecha: "Ya
nadie me quiere, todas me odian". Y yo le contesté: "Pero Conny, cómo vas
a decir eso, si tú eres nuestra Madre. Yo estoy llegando de unos cursos de
Metafísica en New York, donde todo lo que un alto Maestro enseñaba, ya tú
me lo habías enseñado, y todo el mundo se sorprendió cuando dije que Conny
sabía lo mismo que el Maestro".
Conny me dijo: "Los Maestros te
han mandado, porque yo sé que soy la Madre Espiritual de todos ustedes.
Mis hijos, Julieta y Donald, son los únicos que se ocupan de mí. Julieta
me manda su sirvienta todos los días para que me atienda. Pero ya yo he
perdonado a todo el mundo, y a las tres de la mañana, todos los días, me
levanto y les doy mi abrazo de amor a todos; después de eso, llamo a
Nenena Adrianza por teléfono y amanecemos conversando".
Entonces comencé a realizar una
invocación de la Llama Violeta y Conny me dijo: "Ya no hace falta decir
tanto, solo di: Yo Soy Antorcha de Llama Violeta, y eso sólo
basta".
Conny me contó una serie de cosas
tristes que le habían hecho algunas discípulas. A Conny se le ocurrió
llevar a un grupo de sus alumnos a Long Island, al Puente a la Libertad, y
cuando contactaron a Lucy, el complemento de Serapis Bey, se entusiasmaron
y dijeron: "Pero cómo vamos a seguir con una mortal humana imperfecta,
pudiendo estar con el complemento de Serapis Bey", y abandonaron a Conny.
Este tipo de traiciones suelen suceder entre algunos discípulos.
Pero resulta que los Maestros
Ascendidos piensan distinto a aquellos que dicen dejar a su instructor
humano y con defectos, para seguir a un supuesto maestro Ascendido.
Los Maestros respetan demasiado
la labor de enseñanza de un mortal, no importa cuán imperfecto sea, y
Ellos miden la fidelidad que el estudiante va a tener con la Jerarquía
Espiritual, observando la que tienen con su facilitador. Así que si se
traiciona al facilitador, también se lo hace a Los Maestros. Por eso, a
los que realizan este tipo de acciones, luego les va muy mal, aunque a
veces se ilusionen que están mejor.
Luego de Conny contarme con
nombres y apellidos todo lo que algunas personas le habían hecho, de
repente cambiamos el tono de la conversación y como siempre nos volvimos a
reír y nos contamos los últimos chistes que habíamos aprendido.
Me despedí de Conny esa noche,
sin saber que era para siempre.
A la siguiente semana en la
tarde, mientras estaba dando clases en la Escuela de Música Juan Manuel
Olivares, Blanca Estrella me llamó y me dijo: "Conny se murió esta
mañana".
Estaba dando clases en el mismo
salón donde había conocido a la nieta de Conny. Despedí a mis alumnos y me
puse a llorar amargamente. Se había ido la razón de mi vida, mi alegría,
mi maestra, mi muñequita de porcelana que me hacía soñar; todo se acabó
ese día; sí, todo se acabó. No me importó la teoría de la reencarnación, o
pensar que Conny estaba viva en otra parte. Estaba muerta, y yo estaba
inconsolable.
Tomé el auto, manejando y
llorando, agarré la autopista de Prados del Este, casi no podía ver por
dónde iba, ya que las lágrimas me lo impedían, los anteojos se me
empañaban, y no sé cómo llegué a casa de Josefina, donde estaban reunidas
las personas a las que le daba clases de Metafísica. Lo que hice fue
llorar y llorar, no pude darles clases y ni siquiera hablarles.
Lloré hasta el día en que a su
cuerpo incinerado lo trajeron de Miami. Me fui a la funeraria en la
madrugada y me tocó ver, a las 4:30 de la mañana, cuando llegó una cajita
de madera que tenía todo lo que más había querido en mi vida; allí estaban
las cenizas de Conny Méndez.
No me separé del lado de Conny
durante toda la mañana en que se le veló. Antes del sepelio, hice un
esfuerzo y con mi cuatro, delante de todos, le canté sus canciones "Yo
Soy Venezolana", "Venezuela habla cantando", y no sé qué más, yo no
podía más con mi alma; mi voz estaba cantando mientras mi alma lloraba.
En el cementerio General del Sur
de Caracas, después de que la enterraron, me agarré de las barandas de una
tumba, a llorar inconsolablemente. Toda la metafísica pasó delante de mí,
diciéndome palabras consoladoras sobre la muerte no existe y la
reencarnación, pero yo escuchaba todo aquello como estupideces sin
sentido. Lo único que sabía era que Conny estaba muerta.
Lucrecia, la única alumna
argentina de Conny, dijo: "Esto será un punto de Luz y Bendición para todo
el mundo". Luego yo tomé la palabra y le di a los allí presentes, la
primera clase de Metafísica que Conny me había enseñado en la Quinta el
Jabillo, aquella tarde luminosa en que la conocí. Puse mis tres deditos
como ella, y les dije a todos: "Dentro de sus corazones tienen tres
llamitas con los colores de la Bandera de Venezuela: Amarillo, Azul y
Colorao".
Conny se fue con su guitarra y sus canciones para
el cielo, junto a Saint Germain, a enseñarle a los angelitos su Ley de
Mentalismo y a encontrarse con María Eugenia para que se le volviera a
pegar de su falda. Conny fue a hacerles chistes a los Maestros para que se
divirtieran y para cambiarles un poco la monotonía de la perfección de los
planos celestes; fue a ver que canción nueva componer, para entretenerlos
como lo hacía con los humanos en la tierra. Allá está ella con su Llamita
Triple en el Corazón, de color Amarillo, Azul y Colorao, como la Banderita
de Venezuela. Katiuska, Talita, las dos Blancas, Lucy Littlejohn y María
Luisa, ya se fueron para acompañarla y seguir el alboroto en el cielo con
los Ángeles, los Maestros y todos los Santos de todos los tiempos. Sólo
deseo, en mi próxima vida, volver a encarnar con Conny y con Katiuska,
para seguir enseñándole Metafísica a la gente, cantando, armando otro
escándalo, pero ésta vez, que sea tan grande, que del tiro ascienda toda
la humanidad.