12 de Junio de 2001
No hay
duda que los humildes huesitos de San Francisco de Asissi, que están en la
cripta de la Basílica, tienen, en sus electrones, una gran fuerza y
magnetismo, y es lo que atrae tantos peregrinos y hace que el pueblo tenga
esta atmósfera tan linda, haciendo que uno se sienta tan feliz.
Pero
no hay que perder las perspectivas de las cosas. Hasta el momento no
ha habido un solo hueso, en la historia de la humanidad que le haya
hablado a alguien. Eso no se ha visto nunca, y uno podría
abandonar todo en la vida, venirse para Asissi como monje o contemplativo
a ponerse en vela ante los huesos de San Francisco y no hacer más nada,
pero con eso no vamos a conseguir absolutamente nada.
Los huesos no hablan.
Quién verdaderamente lo ha transformado a uno, no han sido unos huesos,
cenizas o la estatua o foto de algún santo, sino los vivos, aquellos que
día a día nos han enseñado y enseñan, nos sensibilizan, nos señalan como
hacer las cosas mejor, y eso solamente lo encontramos en la Vida.
Primero que nada, San Francesco actualmente no es esos huesos. Él no es la
muerte, es la Vida, es un Maestro que está palpitante y activo, que no se
quedó detenido en el tiempo atrapado en unos huesos. Por lo tanto, el
renunciar al mundo, venirse para acá y quedarse ahí contemplando,
rezándole y cantándole a esos huesos, no nos lleva para ningún lado.
Me he
puesto a reflexionar sobre quien me transformó, y ha sido la gente viva,
que habla, se mueve y respira: como Conny Méndez, Katiuska Cordido, Jidu
Krishnamurti. Ellos sí me han transformado. Hoy en día no tengo a nadie,
al menos físicamente, que me esté instruyendo como facilitador, pero gozo
de tener personas vivas, palpitantes y activas que están al lado de uno
haciendo el trabajo que hay que hacer y son San Fracisco para mí.
San
Francisco es la gente que está viva en cualquier parte. No son unos huesos
que están metidos en una caja de piedra, por muy lindo que eso sea,
energizante y espiritual. Indudablemente es maravilloso venir a Asissi,
me siento muy bien y quiero seguir viniendo a ver ese sarcófago de piedra
con los huesitos de Francesco, allá adentro, que inspiran tanta humildad,
reflexión y sentimientos nobles; pero esa no es la verdad. La verdad está
en lo que hacemos cada día, en el agite de la vida diaria con los libros
de la Enseñanza que hay que corregir imprimirlos y ponérselo a la gente en
sus manos; la conferencia que hay que dar para despertar la conciencia de
la gente; perdonando la traición del discípulo y del amigo; sonriéndole
con amor al que nos volteo la cara con prepotencia y orgullo; no
haciéndole caso a los que se rieron mal de uno; ir a determinado sitio a
dar la clase del Cristo; que si lo botaron a uno de aquí o de allá y
volvimos en actitud de perdón. En esas actitudes de la vida diaria está la
única verdad viva, no está en más nada.
Y el
que no posea la fortuna de tener todavía alguien vivo que lo instruya,
allí está su único maestro, en el hacer algo por los demás, despertándoles
la conciencia Crística. Porque hasta el momento ninguna estatua, foto,
fotos o hueso de un santo ha hablado.
Dicen
que el Cristo de San Damiano le habló a San Francisco y le dijo tres
palabras: “Reconstruye mi iglesia”, y no le dijo más nada; después
no se puso a darle explicaciones. Francisco tuvo que ideárselas para hacer
lo que le correspondía. Uno no se puede sentar a esperar que un Crucifijo
nos hable, que el Maestro se presente o nos entreguen una misión para
hacer algo en la expansión de la Luz. Le pedí al Crucifijo de San Damiano
que me hablara también, y escribí Crucifixión, pero el que se tuvo
que poner a explicarlo y a dar las clases para despertar la conciencia
Crística con eso, fue uno.
Así
que los santos de madera no hablan, ni los huesos, ni las piedras.
¿Quiénes hablan? Los que están en el diario vivir con nosotros:
enseñándonos, instruyéndonos, y la gente que nos escucha dando la
instrucción. No perdamos las perspectivas ni la visión de la realidad.
Tengamos todo el respeto a esas reliquias de San Francisco que están
allí; pero ese no es el camino. Si así fuera, nos quedaríamos allí
adorándolos y nos volveríamos contempladores de la muerte, como lo hace
la gente el ultimo de Septiembre en el día de ‘halloween’. San Francisco
no es la muerte, Él es Vida y es la Vida Activa : dando clases,
perdonando, amando, sanando, y sobre todo haciendo algo muy grande, que es
logrando LA CRISTIFICACION DEL MUNDO.
Porque
aunque nosotros vivimos hablando del Cristo y publicando libritos
explicándolo, Él Cristo no es una explicación, es una vivencia, amando al
que nos enseña, proporcionándole un auto para recibir la instrucción al
que lo carece, dando de comer a alguien, saludando con amor al que nos dio
la espalda. Éste es el verdadero despertar del Cristo.
Si
algún librito ustedes tienen que poner en manos de todo el mundo, es “Esto
es Para Ti”, porque allí está el despertar del Cristo, la
esencia que le capturé a Katiuska de esta maravilla, y les estoy hablando
de Katiuska Cordido y Conny Méndez, que tenían el Cristo despierto. Lo
que hay que hacer es despertarle el Cristo a la gente. ¿Ustedes saben
a cuántas personas hay que despertarles el Cristo? ¿Cuántos tienen el
Cristo despierto aquí en Italia y en el mundo? Pues muy pocas. ¿Qué
hacemos entonces llorando ante las reliquias de San Francisco? He venido
con gente aquí que se han desvivido llorando ante el Santo, y a los pocos
meses se van traicionando y hablando mal de quien les enseñó. Entonces,
¿de qué les sirvió estar delante de esos huesos?
En
España, cuánto nos ha costado introducir la enseñanza del Cristo Interno;
ni hablemos de Alemania, ni de otros lugares. Entonces, la verdad de la
realidad de San Francisco, está en la calle, afuera, logrando que la gente
tenga conciencia Crística, esa es la verdadera meditación, reflexión y
comunión. Eso es lo único que tenemos que hacer hasta la muerte.
El
otro día me habló una persona de un país, diciendo que cuando le llegó la
carta de Katiuska “Tenemos que seguir”, le había dado ánimos,
porque estaba decaído en su trabajo de dar clases de Metafísica, y le
digo: ¡Pero cómo se van a decaer! Se decaen porque están esperando que una
persona esté detrás de ustedes diciéndoles: ¡Anda para adelante, da
clases! Pero si ustedes piensan en los estudiantes que tienen, los aman y
se ocupan de ellos, nunca se van a decaer. No me he decaído jamás. Con
sólo pensar que hay gente que no tiene el conocimiento del Cristo, ya eso
me da ánimos para salir a la calle a ver a quién convierto, a quién le
digo algo, a quién le entrego un escrito, a quién le doy una tarjeta con
un mensaje Crístico.
Uno ha
de tener ánimo todos los días del mundo hasta la muerte. Porque mientras
haya personas que no tengan el Cristo despierto, uno no puede desanimarse
jamás.
Y
recuerden que el Cristo no es bendecir una Llamita Triple como aparece en
los cuadros. Es una conciencia que todavía, incluso los mismos
metafísicos, no la tenemos despierta.
¡Vivimos dormidos! Y el Cristo, es estar despierto a todo y saber lo que
hay que hacer en todas las circunstancias de la vida, sin tener nadie que
nos lo diga.
Estoy muy agradecido a San Francisco de todo lo que Él nos baja el ego
cuando uno viene para Asissi. No debemos perder la perspectiva jamás, y es
que la verdad la tenemos los de Córdoba en Córdoba, los de New York, en
New York y cada cual donde vive. Yo la tengo en Caracas y en el mundo
entero donde tengo que ir, y cada uno de ustedes en el pueblo adonde van a
despertar el Cristo de la gente. Ahí es donde está San Francisco, no es
aquí en Asissi. Y se los digo para despertarlos del sueño peliculero
‘hollywoodense’ en que uno se mete cuando vienen a estos lugares,
ilusionándose con un cielo que no es de nosotros, falseando una
espiritualidad, porque un día se está en Asissi y el Santo nos conmueve.
Sí, el Santo sí conmueve, pero a echarle ganas a salir a desenvolver las
conciencias Crísticas de los traidores, ladrones, prostitutas,
mentirosos, corruptos y esa gente que todavía odia. Eso no es tan
agradable y bonito, como las calles de Asissi y cantar “Hermano Sol
Hermana Luna” por los sitos donde vivió alguien que ya no esta allí.