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Kashmir 28.07. 2005
Con la mente y el corazón puestos en el Señor Koot
Hoomi, llegué por primera vez a Srinagar capital de Kashmir en el año
1993. Tan pronto aterrice en el hermoso valle llamado Jhelum, debido a la
ausencia de hoteles por un improvisado estado de guerra independentista
del lugar, me puse en manos de unos señores que me ofrecieron una casa
para vivir.
LAGO DE DHAL
Sin saber donde me
llevaban, llegue al puerto lacustre del
indescriptiblemente bello lago de Dhal. Al embarcarme comencé a
embelezarme al ver por todos lados lotos blancos y rosados de diferentes
tamaños y tonalidades, sobre todo recordaba el simbolismo que tiene en
oriente del Cristo Interno.
La Señora Topacio Guardiana Silencia del lugar me
embrujo con su encanto. Rodeando el lago hacia el norte se veían las
cumbres de los Himalayas de la cordillera del Karakorum con cerca de 7.500
metros de altura, como dedos que señalaban el cielo apuntando hacia la
magnificencia del Retiro Etérico de nuestro Amado Koot Hoomi. Como las
aguas del lago son absolutamente tranquilas hacen de espejo a las altas
cumbres. Me fascinaba saber que estaba en una región lejana fronteriza con
la milenaria China y Afganistán.
Dentro del lago de Dhal se han formado canales por
donde circulan infinidad de Shikáras que son los nombres que reciben los
botes que aquí circulan, de un lado y de otro hay infinidad de
casas-botes de madera, decoradas de diferentes y coloridas formas, con
nombres sugestivos, que albergan a los visitantes a este paraíso.
El lago es azul, de fondo claro, sin un atimo de
contaminación, se ve hasta el fondo con la claridad de un cristal, cuando
no, las variadas algas hacen engalanar las profundidades con un hermoso
jardín acuático. Produce ternura ver la inmensa cantidad de patitos recién
nacidos que aprende a nadar a orillas del lago y se sumergen apoca
profundidad procurándose su alimento.
El único medio de transporte dentro del lago de Dhal
son las Shikáras, especie de angostas canoas, algunas con techos y
cortinas a modo de doseles de floridos cortinajes. En su interior hay
cómodos y acolchados muebles para que se viaje entre sentado y acostado.
Las Shikáras son impulsadas por remos que curiosamente terminan en la
parte de la paleta en forma de corazón, haciendo alusión al amor del
Maestro Koot Hoomi que pulsa en todo este entorno. No hay diversión y
deleite mas grande en Kashmir que pasear relajadamente dentro de una
Shikara.
Desde el día que me entere, en esta encarnación, que
el Maestro Koot Hoomi existía y me había enamorado de el, sumaban
veinticinco años esperando para llegar hasta aquí, y al fin físicamente lo
logré.
CASA BOTE
Me
alojaron en una casa-bote hecha de madera de sándalo, llamada Hiawatha y
nunca imagine que en su entorno iba a tener muy significativas vivencias.
La casa bote estaba rodeada de lotos por todos los
sitios y con pasadizos de madera suspendida que la unían a otras casas uno
podía contemplar a diario cuantos lotos nuevos habían florecido y eran
tantos que arrancar unos cuantos para adornar el interior de la casa-bote
no mermaba el medio ambiente.
La sala de estar estaba llena de bellas alfombras
sobrepuestas y recargada de muebles minuciosamente tallados en madera al
delicado estilo oriental. El artesonado del techo de toda la casa-bote
estaba labrado en juego geométrico y continuo de estrellas de seis puntas
que se entrelazaban unas con otras en medio de círculos al estilo del arte
árabe mudéjar.
Después del recibidor, atravesando una puerta del
lado izquierdo se encontraba el comedor con una hermosa mesa ovalada y dos
puertas al fondo, la de la derecha daba a la cocina y la otra a la
escalera que accedía al segundo piso que conducía a la habitación que
ocupaba con una inmensa terraza desde donde se contemplaba el canal con el
incesante navegar de las Shikáras. Al pie de la escalera en la parte baja,
también se extendía un largo pasillo con tres amplias habitaciones que
abrían sus puertas del lado derecho.
Frente al recibidor estaba un delicioso porche de
madera con pequeñas escaleras que descendían al Gran Canal por donde
circulaban toda clase de Shikáras, unas tipos taxi, otras vendiendo sedas
de todas las gamas, piedras preciosas de diferentes quilates y
tonalidades, bellísimos objetos de papel mache, y hasta el codiciado
azafrán. Las Shikáras mas prosaicas vendían comida. Este surtido
variopinto de Shikáras de vez en cuando se detenían frente a la casa-bote
para que uno se deleitara de sus mercancías y se entretuviera con la
discusión del precio de los artículos, ya que los vendedores generalmente
cobran hasta cuatro veces el valor de los artículos y el regateo es la ley
y el pasatiempo del lugar. Un día por una bolsita de pistachos, otra de
uvas pasas y unos anacardos quisieron cobrarme catorce dollares. Entre
otras cosas también ofrecían prendas de vestir confeccionadas con la fina,
suave y ligera lana de Kashmir procedente del pelaje de las cabras que
aquí se crían y que recibe el nombre de la región “Casimir”.
No había ruido automotor, sólo aire fresco, agua,
lotos, y los pensamientos que exteriorizaba en el libro “No Sufras mas”
que escribía aquí y que ahora aparece en “Resplandeciendo Eternamente”.
Aquí se sucedían los días apaciblemente sin que
pasara nada importante, sin que ningún sobresalto perturbara la calma.
Todo el día y en especial en las mañanas se oía un interminable y variable
trinar de innumerables pájaros.
NOCHES DE KASHMIR
Las tardes en Kashmir son mágicas, el sol se pone
completamente dorado y hace ver todo el entorno bañado color miel. Hay un
momento, segundos antes que se termine de poner el sol, que el lago se ve
completamente de oro como el color del Rayo del Maestro Koot Hoomi. Luego
sobreviene la noche dulce, apacible, silenciosa, imperturbable. Aparecen
todas las estrellas y muchas otras más, que parecieran nunca se hubieran
asomado en el cielo. Una noche salí en Shikara para contar las estrellas,
el tiempo se paso y los números no alcanzaron para enumerarlas.
La oscuridad de los canales, el débil reflejo sobre
el espejo del lago de las casas- botes con las luces apagadas, el silencio
que hace que el sonido del agua al romperse con el corazón del remo teje
una atmósfera de misterio impenetrable
Las bujías de los bombillos de las casas botes son
de muy bajo voltaje y hace ver todo bañado de un nostálgico amarillo de
antiguas noches perdidas en las memoria de los primeros días de la
historia de la luz eléctrica.
Por las madrugadas a eso de las cinco se comienzan a
escuchar desde altavoces lejanos, los cantos mezclados de muecines en
árabe, Sikhs e hinduistas en sánscrito rezando sus melódicas oraciones que
inundan el ambiente de más santidad, de la que ya esta impregnado el
lugar.
Aquí me quede por espacio de una semana, sin
electricidad ni transporte terrestre, con la foto del Maestro Koot Hoomi,
al que le mandaba a cortar un loto blanco que le ofrecía a diario, dándole
toda mi devoción y amor, quien se escogió el lugar más bello de la tierra
para vivir, metido dentro de las eternas nieves de los Himalayas en un
lugar que el llama “La Catedral de la Naturaleza” y que la gente le dice
“La Copa de los Himalayas”.
SHANKARASHARYA
Desde la parte de atrás de la casa-bote veía a
diario y con mucha complacencia, la cumbre de una colina con un pequeño
templo de piedra conmemorando el día que pasó por aquí Shankarasharya en
el siglo octavo como el gran reformador religioso y más grande vedantista
de la historia de la India, un autentico avatar que vivió treinta y dos
años. Su santidad y sabiduría era tal que fue considerado encarnación del
Señor Shiva y por eso en su interior se venera un inmenso Shiva Lingam.
Era realmente una encarnación del cuerpo astral del Señor Gautáma y como
tal, un día desapareció en una cueva en los Himalayas. Una pronunciada
subida lo conduce a uno al templo que marca la radiación que el Señor
Gautáma dejó aquí.
JESUS EN KASHMIR
En el centro de la ciudad hay una casa pintada de
verde donde se encuentra un supuesta tumba de Jesucristo, cuyas
explicaciones de su autenticidad se encuentran en un libro que se llama
“Jesús vivió y murió en Cachemira”.
Parece ser que Jesús después de la crucifixión
debido al entrenamiento que había recibido en Luxor del Maestro Serapis
Bey, sobre la animación suspendida poniendo en uso la Llama de la
Resurrección, no murió en la cruz, sino que hizo esta practica y después
de lo sucedido en Betánia que ha sido calificado como su ascensión, se
vino a Kashmir donde supuestamente había conocido a su maestro Maitreya,
aquí murió y lo enterraron. El pueblo toma muy en serio que Jesús esta
enterrado en esta tumba.
Después que visite esta tumba por primera vez la
cerraron al público y ahora solo se puede ver desde afuera de las rejas de
la ventana de la casa.
CONFLICTO PLANETARIO
No todo es armonía en Kashmir. El conflicto
planetario se inmiscuye hasta en los lugares físicos donde están los
retiros etéricos de los Maestros Ascendidos. Esto es para que nadie
critique y se interrogue por qué en New York está Shamballa, o en Caracas,
la Nueva Jerusalén y sean ciudades tan conflictivas. Kashmir quiere su
independencia de la India y el pueblo hasta no hace mucho vivía casi en
estado de guerra civil y actualmente está lleno de soldados armados,
controles y requisas por doquier.
KHALID
Khalid era un joven de diecisiete años que me
atendía en la casa-bote donde me hospedaba, se ocupaba de las comida,
paseos en Shikara y pasaba horas interminables escuchándole sus
explicaciones sobre la situación de Kashmir, y siempre lo interrumpía para
hacerle ver la parte positiva de las cosas, darle nociones sobre
Metafísica, aclararle algunos conceptos religiosos y hablarle sobre Koot
Hoomi y su Retiro Etérico que estaba sobre este lago. El poco a poco se
fue encariñando con el Maestro y entre nosotros creció una sólida amistad.
Día a día le fui tomando a Khalid mucho cariño, dependía de el para todo,
como salir de la casa bote en shikara, ir al pueblo, comer, hablar, y el
amablemente me atendía
Un día, que después lo recordé como muy triste,
Khalid me acompañó en la Shikara hasta tierra firme, para despedirme y
tomar el taxi al aeropuerto, había finalizado el sueño. Por la ventanilla
de atrás del auto se me quedo lánguida la mirada observando a Khalid a la
orilla de la calle, que me decía adiós y no sabia cuando lo volvería ver.
Nunca me fui de Kashmir, se que allí hay parte de mí. Jamás me olvide de
Khalid.
VOLVER A KASHMIR
Pasaron doce largos y movidos años llenos de
acontecimientos, volví dos veces a la India, sin visitar a Kashmir y
conocí decenas de países que nuca había visitado. Un día después de haber
estado planificando durante cuatro años un viaje al Tibet con veinticuatro
estudiantes, al fin lo pudimos concretar y la semana que debíamos cerrar
definitivamente el viaje fui al correo y cual seria la sorpresa que
encontré una carta de Khalid invitándome a la casa bote de Kashmir, sin
que el supiera que en esos días viajaría cerca de tan añorado lugar. De
inmediato la intuición me dijo que detrás de todo esto estaba metida la
mano del Maestro Koot Hoomi.
Khalid había soñado con el Maestro Koot Hoomi al que
no le vio la cara, pero si le percibió su gran poder espiritual y al
despertarse se lo contó a su padre quien le dijo que me escribiera y asi
lo hizo. Sin saber de este sueño, me comunique con los que iban a viajar
al Tibet y les conté lo de la invitación a Kashmir, causalmente teníamos
escasamente una semana para incluir a Kashmir en nuestro itinerario y asi
lo hicimos.
Después de recorrer parte China, Tibet, Nepal y
Kólkata, aterrice una vez más en Kashmir, en esta ocasión acompañado de
ocho estudiantes más, los que atendieron a esta especial invitación.
Khalid ya era un señor de veintinueve años, casi no lo conocía, había
engordado un poco, llevaba barba, estaba un poco calvo y tenía cara de
adulto, pero seguía igual de atento, amoroso y servicial.
Camino del aeropuerto a la casa bote nos relato lo
del sueño que había tenido con el Maestro Koot Hoomi y ya no me quedaban
dudas que el Maestro, por alguna razón quería, que volviéramos a bañarnos
bajo la Luz de la radiación de su templo en los Himalayas.
Volver a la casa bote fue para mi todo un
acontecimiento interior. Parecía que el tiempo se hubiera detenido doce
años atrás, todo estaba igual. Penetrar de nuevo en aquel recibidor fue
demasiado impactante, pocas veces uno tiene la oportunidad de volver al
recuerdo. Nuevamente tome la habitación de arriba con la terraza.
Comenzó a suceder algo, cada vez que bajábamos la
escalera un fuerte olor a flores de jazmín natural inundaba la casa. No
había plantas de jazmín cerca, ni nadie encendía incienso con este aroma.
Intuía que era la presencia del Maestro, ya que el Jazmín es su olor.
Khalid subió a mi habitación y me dijo que tenía un
obsequio para mi, que llevaba doce años guardándolo. Impresionado por todo
lo que día a día le hablaba del Maestro Koot Hoomi cuando estuve allí, me
mando a hacer un sobrero igual al que el Maestro tiene en la foto y me lo
entrego. Me lo puse de inmediato lleno de sorpresa y conmovido por usar
algo de lo que Koot Hoomi usa en su vestimenta como oriundo de Kashmir.
Khalid se sorprendió cuando le obsequie un ejemplar del libro India,
Dioses y Gurús, ya que en su interior donde hablo de Kashmir lo nombro
cinco veces y esta incluida su foto.
MUZAFFAR
Muzaffar
el hermano de Khalid me invito una tarde a dar una vuelta en Shikara y
apenas zarpamos de la casa-bote me dijo: Cuando estuviste la primera vez
en Kashmir tenía doce años y no pude hablar contigo mucho y me pregunto,
¿Tú tienes hijos? Y ante la negativa de mi respuesta me propuso: “quiero
ser tu hijo”. Gustosamente le dije que lo aceptaba, asi que de inmediato
comencé a instruirlo. Mientras el sol dibujaba sus dorados arreboles,
contemplaba las cumbres de los himalayas bañadas por su esplendor, y la
Shikara silenciosa y deliciosamente se deslizaba en el espejo del lago de
Kashmir comencé a instruirlo sobre los Siete Aspectos de Dios y le di la
clase del Cristo que era la primera vez que lo hacia en terminología
islámica y por supuesto no le pude decir “El Cristo Interior”, sino “El
Imana Interior” que Muzaffar me comprendió y acepto completamente. A
Kashmir nuevamente regresaban los ecos de las sabias enseñanzas, de mi
entrañable y siempre inolvidable Conny Méndez, recónditas en el tiempo de
mi memoria, pero siempre frescas, renovadas y actuales en mi verbo.
TUNICA DORADA
Hacia pocas semanas de manera prodigiosa habían
aparecido sobre los cobertores de las camas en el hotel donde nos
hospedamos en Shigátse, donde estaba la casa física del Maestro Koot Hoomi,
unas capas doradas que de inmediato me coloque una de ellas como símbolo
de su Túnica Dorada. Por alguna razón esas no nos las pudimos llevar y en
Lahsa bajo la radiación de Avalokiteswara, la Señora Soo Shee y Lanto,
donde están sus Retiros Etéricos adquirimos, en una exótica sedaría, unas
piezas de tela del mas exquisito dorado, que se adaptaban perfectamente
como símbolos de la Túnica Dorada, bajo el manto del Silencio de la túnica
las compramos sin que nadie del grupo lo supiera.
Hacia años por culpa de una inescrupulosa e
inconsciente estudiante se había suspendido la actividad de otorgar la
Capa del Maestro Saint Germain, debido a que a ella, al igual que a otros,
se le había concedido por vía de gracia, sin ningún costo, pero ella en un
sucio afán comercial había decidido copiar el manto y vendérselo,
ursureramente a sus estudiante y por su acción el Arcángel Zadkiel hizo un
movimiento de su mano y saco esta actividad de la manifestación y ella y
sus grupos quedaron fuera de la metafísica. Después que había sido
descargada con tantra pureza y llevaba tantos años realizándose esta
actividad súbitamente fue ascendida. Pero asi es la humanidad que a veces
ensucia las mas puras vibraciones venidas de lo alto.
Esta vez estábamos ante la posibilidad que se
descargara el Manto de la Túnica Dorada. Cinco años atrás en Mount Shasta
en el justo lugar donde Saint Germain contacto a Guy Ballard se había
precipitado la actividad de los “Facilitadores de los Pobre” y días
después se concreto el hecho en Darjeeling bajo la radiación del retiro
etérico del Maestro el Morya el otorgar allí por primera vez las
credenciales de esta actividad. Con casi las mismas personas ahora
estábamos en Kashmir bajo la radiación del Retiro Etérico del Señor Koot
Hoomi a punto de recibir el próximo escalón de esta actividad con la
Túnica Dorada.
Después de un delicioso paseo en Shikara por el lago
de Dhal para contemplar el dorado atardecer y una rica cena en la
casa-bote donde nos atendieron y nos colmaron de atenciones tres
mayordomos, haciéndonos disfrutar de deliciosos platillos hindúes donde se
incluían lotos comestibles, nos retiramos al recibidor, donde dimos
ordenes a la servidumbre de no molestarnos.
Pusimos la llave Tonal del Maestro Koot Hoomi,
“Canción de Kashmir” que se escucho como nunca en la vida, hasta tal punto
que hizo brotarnos lágrimas a todos los presentes. Luego de explicar
sobre la actividad de la Túnica Dorada que aparece en el libro “Compasión
Infinita” a cada uno de los presentes se le otorgo en nombre del Maestro
Koot Hoomi el preciado manto. Siempre se aclaro que a Kashmir no veníamos
a buscar a la presencia de Koot Hoomi estaba en el Motijeel, en el trabajo
de nuestros grupos.
Al día siguiente después de visitar la tumba de
Jesús, ascender al templo de Shankarasharya, pasar un rato deleitándonos
con los mercaderes de las Shikáras que venían a la casa-bote y cenar, a
la misma hora y en el mismo lugar, nos reunimos nuevamente portando las
Túnicas Doradas, para estudiar todo lo escrito por el Maestro Koot Hoomi
sobre la Túnica Dorada, que lo habíamos seleccionado de numerosos escritos
suyos. Allí se decidió publicarlos en una pequeña edición bajo el nombre
“Hermandad de la Túnica Dorada”.
LUGAR DEL WEESAK
El último día fuimos a deleitarnos los ojos a los
coloridos jardines de Shalimar construidos por un familiar del Maestro
Koot Hoomi cuando fue el Sha Jahan. Al concluir la visita, Khalid nos
hablo de la posibilidad de ascender una ladera de los Himalayas a ver unas
antiguas construcciones dedicadas al Señor Gautama, que nunca habían sido
visitadas por turistas, investigadores ni curiosos y que solo los
lugareños sabían de el y nos aclaro que tal vez seriamos los primeros
occidentales en visitarlo..
Después de un largo recorrido en auto, en una casa
de campo a orillas de un cristalino riachuelo recogimos al padre de Khalid
quien nos sirvió de guía. Dejamos los autos perfectamente estacionados en
una calle de tierra de una aldea en la falda de la montaña para seguir a
pie un largo trayecto ascendente, atravesamos la pintoresca población, de
tortuosas y angostas calles solamente peatonales, hasta ese lugar ya no
llegaban los autos. Los habitantes se asomaban a hurtadillas por las
rendijas de puertas y ventanas para vernos pasar y algunos, mas atrevidos
que los otros, abiertamente nos curioseaban, eso que íbamos vestidos a la
usanza de Kashmir. La altura y el vertiginoso ascenso nos ahogaba y hacia
que cada cuanto tiempo tuviéramos que sentarnos a descansar. Al pie de
unos importantes riscos encontramos un hermoso, acogedor y empinado valle
cuya belleza y radiación nos dejo mudo y comenzaron los lugareños a
contarnos lo que había sucedido allí.
En el siglo VI después de Cristo, en ese lugar había
sucedido una importante reunión de seguidores del Señor Gautama. En el
centro del valle se percibía un inmenso altar de piedra de planta
cuadrangular y tres plataformas representando los cinco Dhyani Buddhas y
sus Trimurtis, Trikayas, y Trisharanas. Decían que allí se había hecho
un ritual, mientras que los asistentes, ubicados desde las laderas de las
montañas circundantes, que estaban muy cercanas, observaban lo que allí
sucedía.
Un riachuelo, producto de una vertiente que muy
cerca de allí surgía, cruzaba el valle y nos dijeron que su agua era
sagrada y nos invitaron a beberla, como lo hicieron los que asistieron a
esa legendaria reunión. Ascendiendo un poco mas el valle nos encontramos
con una hermosa fuente de purificación que habían construido hace siglo
para almacenar el agua de la vertiente y poder hacer baños purificatorios.
Todo lo que veíamos, tanto la geografía del lugar
como lo que nos contaban los lugareños coincidía perfectamente con las
narraciones que se hacen del lugar físico donde se ha realizado el
Festival del Wésak. Las cumbres de los Himalayas nos hablaban y
embelezaban. Solo mirábamos a lo alto y no porque estuviéramos
impresionados al ver los Himalayas, ya que llevábamos un mes atravesando
estas cumbres por norte sur, este y oeste.
Con mucha pena en el alma tuvimos que dejar una vez mas Kashmir, pero al
igual que la primera vez Kashmir se quedo dentro de uno para otro dia
inesperadamente volver. |