|
Cada templo de la tierra es un centro de concentración de la Energía
Divina de Dios mismo. Blanca Luz nos llevó por siete iglesias coloniales
de Guatemala y en cada una encendimos cirios color violeta. Al finalizar,
en la última iglesia un fraile franciscano nos bendijo y roció con agua
bendita, nos vendió cruces de caravaca facturadas a mano en madera y vimos
un matrimonio. El chofer encendió el auto y nos fuimos a comer al Hotel
Panamericano.
Donald nos fabricó con sus manos un
soldadito de plomo con colores azul y dorado. Es un ASUNTO DEL ALMA
convertirse en Soldado de Fe, Fuerza y Poder Divino, sosteniendo la
conciencia de realización del SER INTERNO. Desde pequeño quería tener un
soldadito de plomo azul, pero ha sido ahora a los 38 años que ha llegado.
El deseo del niño era un logro de madurez. El juguete era una
responsabilidad y la responsabilidad llega cuando se maneja con la
naturalidad de un juguete.
Un sitio del alma donde se propicia la
meditación y el recogimiento es Atitlan, el Lago Sagrado de Guatemala,
rodeado de las tres luces de tres volcanes, SAN PEDRO, Azul, TOLIMAN,
Dorado y ATITLAN, Rosa. Aquí se encuentra un enclave de la Madre Sengen-Sama,
Complemento Divino del Señor Kamakura, ambas entidades del Fuego Violeta
Transmutador.
Cada sitio de la tierra debe ser
santificado y convertido en un énclave de Luz. Oswaldo nos acompañó hasta
la costa del Lago de Atitlan y allí sosteniendo Dorjes tibetanos en
nuestras manos, saludamos al Guardián Silencioso de la Región. Luego
hicimos abluciones con el agua del lago, después nos fuimos a un
restaurante a comer y desde un ventanal de cristal, vimos la puesta del
sol y cómo el agua brillaba y estaba custodiada por los tres volcanes.
Encendimos el auto y regresamos a la ciudad.
Después de estar en el hospital del Hermano Pedro, en La Antigua
Guatemala, y estrecharle la mano a Fray Guillermo, sentí que mi persona
era nada, y que nada estaba haciendo, ya que Guillermo día a día atiende
de forma gratuita cientos de enfermos en etapa terminal, y a viejitos
desamparados en un hospital que él mismo reconstruyó después del último
terremoto de Guatemala. Todo esto lo hace gratis, sólo por amor a la
humanidad y a Dios.
Fray Guillermo de la Antigua
Guatemala no se sonríe, es sumamente serio. Lo que pasa es que nada se
hace con una sonrisa cuando no se está cumpliendo con el sagrado deber del
servicio a la humanidad. La Sonrisa de Fray Guillermo se ve en su Alma en
la Gloria del deber cumplido dándole alivio a tanto sufrimiento, compañía
y amor a tantos viejitos y niños.
El Beato Pedro de
La Antigua Guatemala era un Franciscano que se andaba su ciudad con una
campana y una cruz. La cruz para señalar el camino de la crucifixión de la
personalidad, y la campana para anunciar que la crucifixión personal debe
ser hecha con alegría y no importa el sufrimiento, debe haber alegría y
buen humor. |