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Córdoba, Argentina, 4/9/2004
“El Código de Da
Vinci”, de Dan Brown, es un libro que casi todo el mundo está leyendo;
lleva más de 30 millones de copias vendidas en casi un año y está
traducido a 60 idiomas –compuesto en castellano de 557 páginas y 105
capítulos- que recomendamos se lo lean. Está muy bien escrito, con una
trama por demás interesante, y no precisamente porque estemos de acuerdo
en todo lo que dice en su contenido, que desde el punto de vista de la
realidad y los aconteceres históricos, habría que aclarar algunos puntos.
Tomemos en cuenta que
“El Código de Da Vinci” es una novela y no un libro de texto que
presuma de rigor histórico; pero los temas que trata, sean ciertos o no,
pueden ser de mucho interés para cualquier estudiante espiritual. Algunos
de los tópicos que allí se tocan están tratados, de forma diferente y de
variado estilo, en el libro “El Evangelio Crístico”, que es
completamente metafísico y en el que estamos basando varias de nuestras
últimas conferencias, como: “Maria Magdalena”, aunque no afirmamos
que ella halla sido esposa de Jesús; “El Santo Grial”, según nos lo
enseñan los Maestros Ascendidos; los Evangelios, basándonos en referencias
literarias disponibles en la actualidad; los Papiros de Naj Hammadi; los
Rollos del Mar Muerto, de acuerdo a las investigaciones de los
especialistas; Constantino, según la historia; orígenes del Cristianismo;
vida e interpretación metafísica de las enseñanzas de Jesús.
Nunca hemos estado de
acuerdo con que se critique ni condene a ningún grupo espiritual, y por
supuesto, no apoyamos que se estigmatice una organización espiritual, como
se puede interpretar lo que allí se dice de una conocida organización
cristiana. Para la segunda edición del “Evangelio Crístico”
estamos preparando agregarle un capítulo no critico sobre “San Josemaría
Escriba y Balaguer”, en referencia a la organización que fundó; también
aclaratorias sobre “Los Templarios”, “El Priorato de Sión” y otros temas
que trata “El Código De Da Vinci”, pero escritos según nuestras propias
investigaciones.
Si algo es mentira, no
hay que prohibírselo a la gente, como han hecho algunas personas
religiosas con el “Código de Da Vinci”; hay que dejar que los seres
humanos investiguen, vean, escudriñen, y si lo que allí dice es falso, lo
verán por sí mismas; si es verdad, que lo corroboren; y si es cierto pero
contradice lo ya establecido, es mejor aclarar las cosas a tiempo; cuando
la fe es firme, no se tambalea.
No hay que temer que la imagen que nos ha dado la Religión Católica sobre
Jesús no sea igual a la que pretende darnos “El Código de Da Vinci”.
Lo más grande de Jesús son sus enseñanzas y ponerlas en práctica –como la
del “Perdón”- y en ningún momento el libro ataca esto. Si ese libro dice
cosas de Jesús que no sean verdad, recordemos sus enseñanzas y seamos
verdaderos cristianos, perdonando, y no defendiendo con odio, como lo han
hecho algunos que se dicen cristianos.
Recordemos y pongamos en práctica lo que Jesús dice. Para esto, les cito,
a modo de conclusión, un fragmento del “Evangelio Crístico”:
“El advenimiento del Cristo está en ser afectuosos, y no en
la guerra o el ir en contra de alguien.
Así que si quieres hacer algo por ti, por los demás, por el mundo, por el
espíritu religioso, comienza a dar afecto, incluso al que crees que no lo
merece. “Dios es Amor”, y para llegar a Él, debemos convertirnos en
ese Amor. Es importante cumplir con el mandato Crístico: “Ponte de
acuerdo con tu adversario”, vuélvele la otra mejilla, y en vez de
devolver el mal que otros te dan, da “El Amor”. Literalmente, hay que
cumplir con las palabras: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que
os maldicen, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os
ultrajan y os persiguen”. No pienses que esto es difícil, porque es
una forma muy cómoda de querer seguir viviendo en guerra. La vida Crística
demanda de todo ser humano que sea “perfecto como el Padre que está en
los Cielos lo Es”. Todo lo que le haces al más grande y al más pequeño
de los seres humanos se lo haces al Cristo, porque El Cristo está en todo.
“Para poner la
otra mejilla, no se puede tener “yo personal”, ya que esto significa no
contestarle al que nos calumnia, al que tiene deseos de que nos
encolericemos, al que nos insulta para vernos rabiar. Como le hicieron
Pilatos y Caifás a Jesús, y sin embargo, Él no les contestaba. Quedémonos
en silencio y digámosle mentalmente al que nos hace enojar, nos molesta o
nos impide dar la clase: “Te perdono y te envuelvo en mi círculo de
amor”. Poner la otra mejilla es cambiar de la polaridad negativa del
atacante a la postura de perdón y amor compasivo, para eliminar, de raíz,
toda contienda.
“Al que
te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”.
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