Yo no tengo la culpa que el
movimiento de la vida me hayan puesto en tu camino para comunicarte algo
de lo que he aprendido, y que tú hayas venido a mí para recibirlo. Nunca
he ido a buscar a nadie a su casa para darle esta instrucción, la gente
viene a mí sola y simplemente la recibo como lo hice contigo. Yo no he
sido preparado para instruirte, pero si la vida lo ha querido así, lo
asumo de acuerdo al más alto estado de conciencia que pueda alcanzar. Por
lo tanto, te pido paciencia y comprensión para que puedas progresar lo más
que puedas junto a mí.
Yo no tengo la culpa que Dios me
haya forjado en la vida con un alto nivel de exigencia, y que me obligue a
actuar con las personas que entrené con un alto nivel de exigencia
también. Sé y comprendo que esto a veces, es una tortura casi
insoportable, pero perdóname, no tengo la culpa. Buenos resultados
obtendrás.
Yo no tengo la culpa de tener un
verbo fuerte, recio y severo. Pero tanto desorden, equivocaciones,
traiciones, injusticias y falta de seriedad me lo han hecho desarrollar, y
esto me ha permitido mantener (dentro de lo posible) un orden dentro del
camino que transitamos y tantos países que solicitan la enseñanza.
Yo no tengo la culpa de hacer
cumplir observación, respeto, rendición y sujeción a la Verdad, pero me
veo obligado a realizarlo porque si tú no te ejercitas en esto ahora,
mañana te será muy difícil asimilarlo, y Aquéllos que están por encima de
mi cabeza no te van a aceptar; si fallas en este aspecto del aprendizaje,
no importa que pienses lo contrario.
Yo no tengo la culpa de tener que
estarte recordando cada vez que es necesario, que no sabes nada y que no
eres nadie en el Sendero que recorres, pero yo tampoco sé nada y soy
nadie. Lo que pasa es que siempre necesitamos de alguien que nos lo
recuerde y parece que a mí me ha tocado este desagradable papel en tu
vida.
Yo no tengo la culpa de que a mi
lado y por mi verbo, te des cuenta de fallas y errores que tienes, pero es
así, esto jamás es agradable: siempre es desagradable y cae mal, así que
siempre me verás mal cuando lo haga, aunque trate de hacerlo de la mejor
manera y con las más dulces palabras. No me digas que hay mejores formas
de decirlo, ya que siempre oírlo será desagradable. No pongas la atención
en cómo te lo dicen, sino en lo que te dicen. Cuando uno no quiere aceptar
su culpa, busca la más hábil forma de culpar a los demás, creyendo que así
no van a ver la falla de uno. Puede que esto suceda pero el que se atrasa
eres tú. Sólo queda un camino: aceptación y humildad.
Yo no tengo la culpa de que tú
creas que yo deseo tener discípulos falderos, sumisos, ciegamente
obedientes, ni que me eches en cara que me quiero apropiar de la
enseñanza. Yo no tengo discípulos porque no soy un Maestro. Sólo trato de
hacer ver la Verdad, y si la disciplina que se les exige, hace ver
sumisión ciega de un estudiante hacia mí, no es verdad. Es una apariencia,
aunque se vea cierta.
Yo no tengo la culpa de poderte
comunicar cosas que no están en los libros que lees, y por envidia me
tratas despectivamente y dices que tú no tienes revelaciones ni visiones.
Yo tampoco tengo nada de eso, sólo poseo un poquito de más tiempo que
otros y, por eso, sé de algunas cositas más que no me han venido del
Cielo, sino que la vida misma me lo ha enseñado.
Yo no tengo la culpa de tener más
tiempo en esta enseñanza que tú y que muchos otros y que viva diciendo los
años que llevo; es que para mí, ésto es demasiado importante, no sé si
para tí, y cada año que paso en esta enseñanza es como un galardón más en
mi vida, y lo digo a los cuatro vientos y lo festejo como una gran cosa,
así como cuando se está verdaderamente enamorado y uno quiere que todo el
mundo lo sepa; perdóname que esto te afecte, pero a la edad que tengo y
con todo lo que intensamente he vivido, pocas cosas ya me dan alegría, y
esta es una de las pocas que tengo, mis años de servicio a Dios
Yo no tengo la culpa de tener que
hacer ver los conceptos errados que otros lanzan públicamente. No los
aclaro por atacar al que los dice, sino por aclarar al que los lee y se
entera, para que no caiga en el error inútilmente. No hacerlo sería pecado
de omisión.
Yo no tengo la culpa de que los
demás crean que tengo algún papel directivo dentro de la enseñanza. No
poseo absolutamente nada, como todos lo pueden ver, no soy presidente de
nada, Gurú de nada, no tengo ni un escritorio ni una silla fija en que
sentarme, ni siquiera duermo ni habito cada día en el mismo lugar. Cuando
me voy del sitio en donde estaba, no dejo nada, sino la conciencias que se
pudieron despertar.
Yo no tengo la culpa de tener mal
carácter, ser un ogro, orgulloso, grosero, pedante, autocrático y falto de
amor. Yo no estoy aquí por ser un santo sino por todo lo contrario. Los
Santos ya no necesitan de este Sendero. Y estoy comunicando esta enseñanza
con todos los defectos de que me acusan, porque el hecho que me vean cuan
imperfecto soy, hace que los demás vean este Sendero cerca de ellos. Si
fuera un santo, haría ver este sendero como muy difícil de llegar a él.
Yo no tengo la culpa de andar
bajándome de un avión y montándome en otro dando conferencias por todas
partes, y que me canse y que a veces no tenga la mejor repuesta que
esperas que te dé. Pero acuérdate que por estar haciendo esto es que tú
estas en este camino espiritual, porque si nunca hubiera llegado a tu país
en el avión que me monté, no hubieras recibido lo que me pedías con tanto
anhelo y te di desprendidamente durante tantos años, a pesar de mis
cansancios.
Tampoco tengo la culpa que por
haber estudiado toda mi vida para ser concertista clásico y haya
desarrollado cierto magnetismo personal-que creo no tener pero que algunos
afirman que poseo- y que lo use en mis conferencias para atraer a tanta
gente a recibir estas enseñanzas. Que bueno que lo uso para esto y no para
algo destructivo como lo hace tanta gente.
Tampoco tengo la culpa que con la
forma que tengo de dar la enseñanza, la gente crea que me siento portavoz
de la Jerarquía Espiritual o que me apoyo en Ellos. Todo lo contrario, no
deseo hacerme respaldar por nadie sino que la gente vea por sí misma que
esto es verdad y que sea esa la única autoridad.
Yo no tengo la culpa de que, a
pesar de todo lo malo, te siga llamando a seguir trabajando juntos y no me
quiera separa de tí. Nada es definitivo, todo cambia. Esto que está aquí
escrito cambiará. Tú también cambiarás. Perdóname, me hubiera gustado que
te hubieras encontrado con otra persona que tuviera menos defectos, pero
eso no lo decidí yo. A mí también me hubiera gustado encontrarme con otra
gente mejor preparada. Pero ya no lo deseo ni lo pienso, porque cada quien
tiene lo que se merece y yo te acepto así como eres. Por favor, acéptame
así como yo soy.
Perdóname por ultimo, que escriba
cartas como estas, que para algunos pueden parecer irónicas, tal vez lo
sean, pero es la manera más inofensiva que hasta el momento conozco de
reaccionar ante estas cosas; se que la forma más alta será cuando no
perciba nada de lo que me hacen, eso lo estoy trabajando y lo sospecharás,
nunca sabrás, que lo he realizado cuando me pierda y no sepas mas de mí,
porque me sumí en el silencio eterno.