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La Sabiduría de las Edades

Koot Hoomi

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capítulo 11 capítulo 12 capítulo 13 capítulo 14  

CAPITULO 15

OTRAS EXPERIENCIAS DE KUTHUMI COMO SAN FRANCISCO DE ASSISI

 

Las personas que se convierten en fundadores de  comunidades religiosas que están dedicadas al  servicio de la humanidad y al alivio del sufrimiento y agobio, son aquéllos a quienes Dios ha  hablado de una u otra forma, a través de la visión, manifestación física o intervención Divina de un  Ser Santificado que expresa los Deseos de Dios. Estas personas tienen una devoción intensa hacia Dios que las rodea, y esa devoción abre la puerta por la cual se proveen los medios y maneras para  el logro de la intención piadosa del pensamiento original en la Mente y  Corazón del Padre, según se manifestó a un agraciado hijo o hija. 

A menos que existan esos individuos intensamente devotos a  Dios, tal empresa no podrá prosperar. Cuando  existen aquéllos que  tienen esa intensa y sostenida devoción hacia la Gran Presencia de Dios, los Mensajeros que buscan constantemente medios y maneras de aliviar el dolor de la humanidad y traer iluminación a las conciencias,  presionarán hacia adelante más allá del límite para asistir a los corazones devotos que buscan y persiguen maneras de hacer real el foco espiritual dedicado a la Hermandad del hombre. 

VIDA DE SOLAZ 

En Mi vida en Assisi, tuve toda la riqueza y felicidad  de un hombre joven en una buena familia, rodeado de gente bondadosa; y Mi  vida no conoció nada de las espinas de opresión que a menudo vuelven la gente hacia Dios. El impulso devoto comenzó a despertarse dentro de  Mi corazón sin ninguna invocación excepto esa que –ahora sé – vino  del corazón de Mi madre. Cuando estuve inmerso en el profundo y  devoto amor por Jesús, Mi vida se convirtió en una de extraña calma y paz interna, la cual continuó creciendo a medida que abandonaba los  caminos de los hombres y entraba y entraba al corazón del Silencio. Por muchos años esta Presencia se expandía dentro de Mi, y nunca aseguré un discípulo por  medio de la prédica… ¡SINO POR RADIACIÓN! Para Mí, el Sendero del Silencio no fue uno de represión o de supresión, sino que la belleza de  la Presencia de Dios en mi corazón fue tan grande que Mi ser externo estaba en un constante estado de adoración amorosa ante el regalo que  Dios me había proporcionado en esa inextinguible Llama ardiente. 

Me sentí UNO con esa Flameante Presencia. Aprendí que  podía encontrar su ardor en los corazones de todos los que contactaba. A través de sus ojos, vi el reflejo del Amor de Dios que estaba dentro de  Mi Presencia; en el vuelo de un pájaro o en el caminar de un amigo salvaje en el bosque –en todas esas cosas, escuchaba el latido- pulsante del Corazón de Mi Padre; y a medida que entraba más profundo en una  agradecida sumisión a este Poder que comenzó a fluir a través de Mis brazos y Mi ser entero con un fervor y una paz que Me hacían parecer constantemente sostenido dentro del abrazo de una forma Angélica…¡comencé a oír y ver a través del velo! 

Cuando a un hombre se le concede este privilegio, él encuentra que no necesita palabras. Algunas veces después de seis o siete días de  caminar por el bosque, encontraría que siete u ocho discípulos se habían unido a Mí y caminaban en silencio en Mi Aura. ¡Yo los aceptaba y  partía el pan con ellos en el Silencio! Ellos dijeron que de alguna manera  eran elevados más allá de los pensamientos de sus mentes y los  sentimientos de sus cuerpos, y que eran capaces de conocer más de Dios cuando estaban cerca de Mí. 

Así proseguí un recorrido singularmente tranquilo, y el gran número de monjes y hermanas que formaban las Órdenes de San  Francisco fueron dotados con el Espíritu de esa gran Vida Omniabarcante, la cual Yo Mismo, sobrellevé. En los hogares y hospitales de San  Francisco, hay esa continua efusión del Amor impersonal de Vida. 

EN LA TUMBA DE JESÚS 

En Mis días en Assisi, se organizaron las Grandes Cruzadas para arrebatar de manos de los infieles, el control del Santo Sepulcro. Yo, entre muchos cientos y miles de los más grandes hombres, maravillosos guerreros, caballeros soldados y cruzados de mérito, en Mi propio corazón, sentí que a Mi también me gustaría ver y bendecir el lugar de  nacimiento de ese Gran  y amado Jesús que Me había dado Iluminación y esa liberación que conocí. De modo que procedí de la mejor forma en que podía con nada  excepto Mi hábito y lo que los amigos bondadosos Me proveyeron a lo largo del camino en lo referente a comida,  asegurando por medio de la oración constante y consciente, pasajes en  varios navíos y parte en distintas caravanas. Admiraba mucho la  magnífica armadura, las resplandecientes espadas, los brillantes cascos de aquellos valientes hombres que vestían la Cruz de los Cruzados. Ellos nunca pensaron  mucho en Mi. Finalmente llegamos a la Tierra Santa. Nunca olvidaré cuando puse Mis pies sobre esa Tierra y sentí la pulsación que aún permanece, de esa vibrante Figura que hoyó esa  Tierra algunas centurias atrás. 

Mientras la poderosa armada de los Cruzados preparaba sus  suntuosos planes y estaban reunidos afilando sus espadas sobre las  rocas, y mientras disponían sus cotas de malla. YO CAMINÉ A  TRAVÉS DE LA TIERRA PROHIBIDA y  conocí al Príncipe de los  Infieles- y nos paramos uno al lado del otro en el Santo Sepulcro; y ¿saben? ¡ÉRAMOS HERMANOS, ÉRAMOS UNO! Cuando caminé de vuelta, ellos Me preguntaron que dónde había estado y estuvieron  sorprendidos e incrédulos. 

Este es el pensamiento que el amado Mahá Chohán Me  pidió que les diera: ¡Que con toda la fuerza y el poder de sus decretos, recuerden también,  la delicada cuna dentro de su corazón  donde el Cristo bebé está dormido, y donde TODOS son Hermanos en esa  Luz!

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