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CAPITULO 15
OTRAS
EXPERIENCIAS DE KUTHUMI COMO SAN FRANCISCO DE ASSISI
Las personas que se convierten en fundadores
de comunidades religiosas que están dedicadas al servicio de la
humanidad y al alivio del sufrimiento y agobio, son aquéllos a quienes
Dios ha hablado de una u otra forma, a través de la visión,
manifestación física o intervención Divina de un Ser Santificado que
expresa los Deseos de Dios. Estas personas tienen una devoción intensa
hacia Dios que las rodea, y esa devoción abre la puerta por la cual se
proveen los medios y maneras para el logro de la intención piadosa del
pensamiento original en la Mente y Corazón del Padre, según se
manifestó a un agraciado hijo o hija.
A menos
que existan esos individuos intensamente devotos a Dios, tal empresa no
podrá prosperar. Cuando existen aquéllos que tienen esa intensa y
sostenida devoción hacia la Gran Presencia de Dios, los Mensajeros que
buscan constantemente medios y maneras de aliviar el dolor de la
humanidad y traer iluminación a las conciencias, presionarán hacia
adelante más allá del límite para asistir a los corazones devotos que
buscan y persiguen maneras de hacer real el foco espiritual dedicado a
la Hermandad del hombre.
VIDA DE SOLAZ
En Mi vida en Assisi, tuve toda la riqueza y
felicidad de un hombre joven en una buena familia, rodeado de gente
bondadosa; y Mi vida no conoció nada de las espinas de opresión que a
menudo vuelven la gente hacia Dios. El impulso devoto comenzó a
despertarse dentro de Mi corazón sin ninguna invocación excepto esa que
–ahora sé – vino del corazón de Mi madre. Cuando estuve inmerso en el
profundo y devoto amor por Jesús, Mi vida se convirtió en una de
extraña calma y paz interna, la cual continuó creciendo a medida que
abandonaba los caminos de los hombres y entraba y entraba al corazón
del Silencio. Por muchos años esta Presencia se expandía dentro de Mi, y
nunca aseguré un discípulo por medio de la prédica… ¡SINO POR
RADIACIÓN! Para Mí, el Sendero del Silencio no fue uno de represión o de
supresión, sino que la belleza de la Presencia de Dios en mi corazón
fue tan grande que Mi ser externo estaba en un constante estado de
adoración amorosa ante el regalo que Dios me había proporcionado en esa
inextinguible Llama ardiente.
Me sentí
UNO con esa Flameante Presencia. Aprendí que podía encontrar su ardor
en los corazones de todos los que contactaba. A través de sus ojos, vi
el reflejo del Amor de Dios que estaba dentro de Mi Presencia; en el
vuelo de un pájaro o en el caminar de un amigo salvaje en el bosque –en
todas esas cosas, escuchaba el latido- pulsante del Corazón de Mi Padre;
y a medida que entraba más profundo en una agradecida sumisión a este
Poder que comenzó a fluir a través de Mis brazos y Mi ser entero con un
fervor y una paz que Me hacían parecer constantemente sostenido dentro
del abrazo de una forma Angélica…¡comencé a oír y ver a través del
velo!
Cuando a
un hombre se le concede este privilegio, él encuentra que no necesita
palabras. Algunas veces después de seis o siete días de caminar por el
bosque, encontraría que siete u ocho discípulos se habían unido a Mí y
caminaban en silencio en Mi Aura. ¡Yo los aceptaba y partía el pan con
ellos en el Silencio! Ellos dijeron que de alguna manera eran elevados
más allá de los pensamientos de sus mentes y los sentimientos de sus
cuerpos, y que eran capaces de conocer más de Dios cuando estaban cerca
de Mí.
Así
proseguí un recorrido singularmente tranquilo, y el gran número de
monjes y hermanas que formaban las Órdenes de San Francisco fueron
dotados con el Espíritu de esa gran Vida Omniabarcante, la cual Yo
Mismo, sobrellevé. En los hogares y hospitales de San Francisco, hay
esa continua efusión del Amor impersonal de Vida.
EN LA TUMBA DE
JESÚS
En Mis días en Assisi, se
organizaron las Grandes Cruzadas para arrebatar de manos de los
infieles, el control del Santo Sepulcro. Yo, entre muchos cientos y
miles de los más grandes hombres, maravillosos guerreros, caballeros
soldados y cruzados de mérito, en Mi propio corazón, sentí que a Mi
también me gustaría ver y bendecir el lugar de nacimiento de ese Gran
y amado Jesús que Me había dado Iluminación y esa liberación que conocí.
De modo que procedí de la mejor forma en que podía con nada excepto Mi
hábito y lo que los amigos bondadosos Me proveyeron a lo largo del
camino en lo referente a comida, asegurando por medio de la oración
constante y consciente, pasajes en varios navíos y parte en distintas
caravanas. Admiraba mucho la magnífica armadura, las resplandecientes
espadas, los brillantes cascos de aquellos valientes hombres que vestían
la Cruz de los Cruzados. Ellos nunca pensaron mucho en Mi. Finalmente
llegamos a la Tierra Santa. Nunca olvidaré cuando puse Mis pies sobre
esa Tierra y sentí la pulsación que aún permanece, de esa vibrante
Figura que hoyó esa Tierra algunas centurias atrás.
Mientras la poderosa armada
de los Cruzados preparaba sus suntuosos planes y estaban reunidos
afilando sus espadas sobre las rocas, y mientras disponían sus cotas de
malla. YO CAMINÉ A TRAVÉS DE LA TIERRA PROHIBIDA y conocí al
Príncipe de los Infieles- y nos paramos uno al lado del otro en el
Santo Sepulcro; y ¿saben? ¡ÉRAMOS HERMANOS, ÉRAMOS UNO! Cuando caminé de
vuelta, ellos Me preguntaron que dónde había estado y estuvieron
sorprendidos e incrédulos.
Este es el pensamiento que
el amado Mahá Chohán Me pidió que les diera: ¡Que con toda la fuerza y
el poder de sus decretos, recuerden también, la delicada cuna dentro
de su corazón donde el Cristo bebé está dormido, y donde TODOS son
Hermanos en esa Luz! |