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ÁNGEL MICAH CONCIENCIA PROYECTADA

Ascendamos lentamente en conciencia a los Planos Etéricos, por
encima de nuestros cuerpos físicos. Al encontrarnos fuera del Tiempo, del
Espacio, en el Eterno Ahora, de forma inmediata, sin hacer ningún
esfuerzo, comenzamos a encontrar a multitudes de personas que se dirigen
devotamente hacia un sitio determinado, con cirios encendidos con llamas
de diferentes intensidades, que no son otra cosa que la proyección externa
de sus Llamas Crísticas. Cantan con dulce voz una melodía parecida a
“Cantemos al Amor de los Amores”. En cada sitio de la Tierra donde existe
un monumento importante al Maestro Jesús, hay una réplica de su Retiro
Etérico.
Sigamos esta masa de peregrinos y veremos que una llama sobre un cirio
aparece en nuestras manos, proyección de nuestra Luz Interior. Mientras
más pequeña la Llama, menor es la expansión que hemos hecho de estas
enseñanzas con los demás; mientras más amplia y brillante, tanto más hemos
compartido la sabiduría del Cristo con otros compañeros del camino.
Divisamos en lo alto de una suave y hermosa colina, El Templo de la Unidad
Celestial, inmenso, de dimensiones inconmensurables. Su piso y paredes
forman una grandísima Cruz Griega con los cuatro brazos iguales. El
edificio es de una hermosa y armónica mezcla de estilos, donde se observan
el renacentista, modernista y neogótico. Tiene cuatro puertas inmensas,
con atrio, columnas dóricas, y frontones con escenas en altorrelieves,
alusivas a la unidad en todas sus manifestaciones, que están dirigidas
hacia los cuatro puntos cardinales, por donde masas de gente penetran
silenciosa y reverentemente. El templo es de un material parecido al
mármol, de tono azul celeste, con leves vetas de delicados y suaves tonos
de los Sietes Rayos. En el centro se divisa una gigantesca cúpula como
nunca ojos humanos han visto, que sostiene una grandiosa imagen del
Maestro Jesús en oro con los brazos abiertos, semejante a la que existe en
el Tibidabo, pero con inmensas alas que se abren a los cuatro vientos y
una extraña particularidad, que por cualquiera de los lados del templo
desde donde se contemple esta figura del Maestro Jesús, se la verá de
frente.
En el
interior, en la cornisa que bordea la cúpula, se pueden observar
medallones arquitectónicos que en mosaicos policromos tienen las insignias
de las más grandes religiones y grupos espirituales que han marcado
sobremanera la conciencia de la humanidad; entre otros, se encuentra el
símbolo del Cristianismo, el Buddhadharma, el Islam, el Hinduismo, los
Sikhs y Judíos; entre las escuelas espirituales, podemos ver el de la
Teosofía, los Rosacruces, Unity, el Puente a la Libertad, el I Am Activity,
el Self Realización, la Hermética, y demás organizaciones espirituales.
A este
lugar asisten miembros de todas las religiones y grupos espirituales de
diversa índole. No hay salones alrededor de la sala Mayor, como suele
haber en otros templos; tampoco grados de acercamiento al pódium. En el
centro arde una gigantesca Llama Azul Cielo, que esplende y proyecta en
todas las direcciones, suaves tonalidades casi imperceptibles de los Siete
Rayos.
En un
momento determinado, las trompetas de los Ángeles anuncian que está cerca
el instante en que aparecerá el Maestro Jesús. El Intermezzo de la Ópera
“Notre Dame” comienza a escucharse, y lentamente, la Llama Azul Cielo que
arde en el centro se empieza a transformar, hasta que se ve muy claramente
la figura del Maestro Jesús con sus alas abiertas, como el Ángel Micah de
la Unidad, con un gesto sonriente y dulce como si mirara a cada uno de los
asistentes en particular. Se dirige la audiencia, mientras los asistentes,
atendiendo con la mirada fija en la llama, sin ningún tipo de distracción,
se disponen a escuchar con su máxima observación:
Me hace muy feliz verlos aquí reunidos. Cada vez que se reúnen
estoy gozoso entre ustedes y mi corazón rebosa de Luz. “Reunirlos y
Comulgar junto a ustedes es mi razón de existir y permanecer en la
Tierra”. Cada vez que hay separación, división, se entristece mi corazón y
se corona de espinas, como lo han visto representado en algunos templos de
la cristiandad. Ya no le hagan más daño a mi Sagrado Corazón que pulsa a
cada instante por la unidad entre todos. En cada uno de los latidos de mi
Corazón hago votos para que se unifiquen a la Sagrada Llama de Conciencia
Crística que arde en sus seres, que es la misma Mía. Me ocupo de que se
unan al ser humano que tienen a su lado. Cuando hace dos mil años, al
final de mi ministerio –vivenciando la cuarta iniciación en el Calvario–,
le dije a Dimas, el que es conocido actualmente como el “Buen Ladrón: “De
cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”, en él, me estaba
dirigiendo a todas las condiciones en las que se pueda encontrar una
“Corriente de Vida” que evoluciona en la tierra, desde la más sutil hasta
la apariencia externa más oprobiosa. Ellos ya están conmigo en el Paraíso
que es mi Reino, donde las puertas se abren de par en par para que todos
entren, como las puertas de los verdaderos templos católicos, que
permanecen abiertas toda la jornada, donde no se le cuestiona a nadie su
procedencia ni condición. Así son los Templos donde anido mi radiación de
unidad. ¿Quieren que sus reuniones, grupos espirituales, partidos
políticos, tengan mi bendición? Abran las puertas a todos sin
descalificaciones de ningún tipo; sólo reconozcan en ustedes y en los
demás la “Ley del Uno”, que es la razón de ser de mi cargo como Ángel
Micah de la Unidad. Viendo la perfección que se ancla en el Corazón de
cada “Presencia Vital” que lleva mi latido de Unidad, unámonos a toda vida
diciendo: “Yo Uno contigo”.
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