|
J H S
Pocas cosas que me ha mandado la obediencia se me han hecho tan
dificultosas como escribir ahora cosas de oración; lo uno, porque no me
parece que me da el Señor espíritu para hacerlo, ni deseo; lo otro, por
tener la cabeza tres meses ha con un ruido y flaqueza tan grande, que an
los negocios forzosos escribo con pena; mas entendiendo que la fuerza de
la obediencia suele allanar cosas que parecen imposibles, la voluntad se
determina a hacerlo muy de buena gana, anque el natural parece que se
aflige mucho; porque no me ha dado el Señor tanta virtud, que el pelear
con la enfermedad contino y con ocupaciones de muchas maneras, se pueda
hacer sin gran contradicción suya. Hágalo el que ha hecho otras cosas
más dificultosas por hacerme merced, en cuya misericordia confío.
Bien creo he de saber decir poco más que lo que he dicho en otras
cosas que me han mandado escribir; antes temo que han de ser casi todas
las mesmas, porque ansí como los pájaros que enseñan a hablar, no saben
más de lo que les muestran u oyen, y esto repiten muchas veces, so yo al
pie de la letra. Si el Señor quisiere diga algo nuevo, su Majestad lo
dará u será servido traerme a la memoria lo que otras veces he dicho,
que an con esto me contentaría, por tenerla tan mala, que me holgaría de
atinar a algunas cosas; que decían estaban bien dichas, por si se
hubieren perdido. Si tampoco me diere el Señor esto, con cansarme y
acrecentar el mal de cabeza, por obediencia, quedaré con ganancia, anque
de lo que dijere no se saque ningún provecho. Y ansí comienzo a cumplir
hoy día de la Santísima Trenidad, año de MDLXXVII, en este monesterio
de San Josef del Carmen en Toledo, adonde al presente estoy, sujetándome
en todo lo que dijere a el parecer de quien me lo manda escribir,
que son personas de grandes letras. Si alguna cosa dijere, que no vaya
conforme a lo que tiene la santa Ilesia Católica Romana, será por
inorancia y no por malicia. Esto se puede tener por cierto, y que siempre
estoy y estaré sujeta por la bondad de Dios, y lo he estado, a ella. Sea
por siempre bendito, amén, y glorificado.
Díjome quien me mandó escribir, que como estas monjas de estos
monesterios de Nuestra Señora del Carmen tienen necesidad de quien
algunas dudas de oración las declare, y que le parecía, que mejor se
entienden el lenguaje unas mujeres de otras, y con el amor que me tienen
les haría más al caso lo que yo les dijese, tiene entendido por esta
causa, será de alguna importancia si se acierta a decir alguna cosa, y
por esta causa iré hablando con ellas en lo que escribiré; y porque
parece desatino pensar que puede hacer al caso a otras personas, harta
merced me hará Nuestro Señor si a algunas dellas se aprovechare para
alabarle algún poquito. Mas bien sabe su Majestad, que yo no pretendo
otra cosa; y está muy claro que cuando algo se atinare a decir,
entenderán no es mío, pues no hay causa para ello, si no fuere tener tan
poco entendimiento como yo habilidad para cosas semejantes, si el Señor
por su misericordia no la da.
Moradas primeras
4Capítulo primero
Estando hoy suplicando a Nuestro Señor hablase por mí, porque yo no
atinaba a cosa que decir ni como comenzar a cumplir esta obediencia, se me
ofreció lo que ahora diré, para comenzar con algún fundamento: que es, considerar
nuestra alma como un castillo todo de diamante u muy claro cristal, adonde
hay muchos aposentos, ansí como en el cielo hay muchas moradas.
Que si bien lo consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo,
sino un paraíso, adonde dice Él tiene sus deleites. Pues ¿qué tal os
parece que será el aposento a donde un Rey tan poderoso, tan sabio, tan
limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo yo cosa con que
comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad. |