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OJAI

SEBASTIÁN WERNICKE

OJAI


Sebastián Wernicke
9/10/2007



Casa de Retiro Arya Vihara


La casa en que viviera Krishnamurti en Ojai, California, es ahora una casa de retiro. Uno puede rentar una habitación y pasar allí los días que quiera en retiro, pero sólo puede ir quién tenga verdadero interés en la enseñanza de Krishnamurti, ese es uno de los requisitos fundamentales.

Hace algunos años, nos quedamos allí con Rubén Cedeño y nos dieron la habitación que años ha ocupara Annie Besant. Esta vez me dieron, sin pedirla, la habitación que ocupara Krishnamurti en 1922, cuando pasó por lo que se conoce como “el proceso”. Los muebles son contemporáneos, las paredes fueron pintadas de blanco y se colocó una alfombra, así que en realidad, lo único que queda de lo que fue esa habitación en 1922, es el “espacio”.



Cuarto de Annie Besant
 


Cuarto de Krishnamurti

 

El 20 de Agosto de 1922, bajo un pimentero, o “california pepper tree”, que se encuentra a pocos metros de la casa, se hicieron presentes el Señor Gautama, Lord Maitreya y el Maestro Koot Hoomi, y Krishnamurti recibió su tercera iniciación, también referida como su iluminación.
 


California Pepper Tree o Pimentero


Mi retiro de siete días comenzó con la intención de descansar, relajarme, estar en contacto con la naturaleza, que allá es una belleza, pero la tentación de tener todos los videos y libros de Krishnamurti a la mano fue demasiado grande. Así que empecé a leer y a ver videos casi sin parar los dos primeros días. Sin darme cuenta, seguía en el acelere de la mente que siempre quiere estar haciendo algo ‘productivo’. La casa de retiro está a disposición completa, así que compré provisiones y todos los días me preparaba las comidas. De ese modo, entre comidas y caminatas, lectura y videos, se pasaron los dos primeros días.
 


Sala de Lectura


El tercer día me fui con el auto a Pine Mountain, como a hora y media hacia el norte por la ruta 33. Ese día tomé la determinación de no leer, no ver videos, no pensar. Tenía planeado poner la música indígena de R.Carlos Nakai que conseguimos con Rubén en el Gran Cañón del Colorado, pero se le acabaron las baterías al iPod y todo el viaje lo hice en silencio. Pero lo que más me sorprendió, y lo que menos me esperaba, fue que en ese silencio externo, y en medio de la belleza y tranquilidad del “Los Padres National Forest”, los pensamientos no dejaban espacio, y seguían volando, hablando, haciendo ruido, ruido y más ruido. Pasé el día entero observando, escuchando, todo el ruido que había en la mente.

Al llegar a la casa, en la noche, puse una de las mejores entrevistas que le hizo W. Allan Anderson a Krishnamurti en video, y justamente hablaba del ruido de la mente, y de cómo al observar todo lo que va surgiendo, cada pensamiento, si se observa con plena atención, y se sigue ese pensamiento a medida que se va desenvolviendo, tal como una flor, florece, libera su perfume, se marchita, se seca y se extingue, luego de lo cual sólo hay silencio. De esa forma, la conciencia va vaciando todo su contenido. No es uno, separado de su conciencia, que la vacía. Es cuando no hay un ‘yo’, sólo hay plena atención de lo ‘que es’, que la conciencia se vacía a sí misma. Es como un fuego que se enciende y empieza a quemar todo lo que hay en la conciencia, vaciándola y creando espacio, silencio, vacuidad.

Eso sucedió el cuarto día. Sin la ansiedad de querer aquietar los pensamientos, hubo observación, hubo claridad, ¡hubo comprensión de tantas cosas! Surgieron las imágenes que uno se hace de las personas, cómo uno se relaciona desde esas imágenes, y surge la autoridad, la tiranía, el miedo, la separatividad, todo lo cual es una completa falta de amor en la que vivimos a diario, creyendo que amamos y que hacemos todo movidos por ese amor.

Cuántas veces nos ha pasado que hemos sido invitados a dar conferencias y nos han alojado en departamentos en donde las claras no hay lugar, deben correrse muebles y hay que poner colchones atravesados en el suelo, durmiendo a veces junto a las heces de las mascotas. La última vez que me vi en esa situación dije: ¡No lo acepto! ¡No hay necesidad! ¡Si el Padre me está dando de sobra para un hotel! Pero hay que decirlo, hay que hablar, actuar y transmutar esa situación. Cuántas veces uno hace silencio por falsa humildad, para no crear problemas. La enseñanza es para vivirla, no para saberla de memoria y vivir patas para arriba.

Cuando nos invitan a dar conferencias, aceptamos y vamos confiados, con toda la buena voluntad, con el firme propósito de sostener la felicidad en nuestro mundo y tener la oportunidad de contagiarla a los grupos que nos invitan, pero a veces caemos en la trampa tendida por la inconciencia de la misma gente que nos invita, y somos víctimas del maltrato, la mezquindad, y encima de todo, la condena de los estudiantes, que nos ven subiendo el calvario y nos insultan, se ofenden y nos abandonan porque “Si eres el hijo de Dios, ¿por qué no te bajas de esa cruz?”.

Me temo que la metafísica sea para muchos, un evento social más, y por lo tanto, no hay un verdadero propósito de trabajo que una al grupo en un esfuerzo por la expansión de las enseñanzas como fuente de transformación del ser humano. Y a la hora de invitar al facilitador a dar conferencias, es posible que para muchos sea una carga, como una obligación impuesta y una distracción a lo que verdaderamente les ocupa, que es mantener sus reuniones sociales y pasarla bien.

Si no hay un verdadero interés en la actividad como una oportunidad de aprendizaje, crecimiento y transformación, como un aporte concreto en la transformación de esta vida inútil que estamos viviendo los seres humanos, comenzando por uno mismo, entonces nada de esto tiene sentido. Es mejor no invitar al facilitador a dar conferencias, ya que nadie debe ser privado por la fuerza de su comodidad, nadie debe ser despertado intempestivamente de sus dulces sueños. Nada de lo que hacemos debe ser impuesto. Cuando se hacen las cosas para recibir algo a cambio, vienen las decepciones y los reclamos.

¿Para qué correr tanto, organizar, hacer, hacer y hacer, si no nos damos el tiempo para vivir la enseñanza? Por eso cometemos atropellos, maltratamos, somos mezquinos, desatentos, maleducados y terminamos haciendo daño a quién nos facilita la enseñanza y a quienes se la facilitamos, que al no comprender todo lo que sucede, se van enojados, ofendidos y disgustados con la enseñanza y con quién la facilita. ¡Qué crueldad! ¡Y todo por vivir dormidos, inconcientes, como máquinas impensantes e insensibles! Decimos que la Metafísica es el arte de ser feliz, y somos los primeros en desconocer por completo el arte que enseñamos.

Esa observación siguió desde entonces, y sigue... Por un lado hay una tremenda energía, fresca, renovada, pero por otro lado hay más calma, veo cuán fácil me resultaría precipitarme a trabajar sin respiro, acelerado, siempre ocupado, como toda mi vida lo hice, pero ya no puedo hacerlo. Más que nunca comprendo el dicho: “Sin prisa, y sin pausa”.

Si seguimos despiertos, alertas, concientes, más y más del contenido de la conciencia sale a la superficie. Y surge la autoridad. ¿Por qué hacemos las cosas? ¿Por qué invitamos al facilitador? ¿Por qué una y otra vez surge en los grupos de metafísica el tema recurrente del facilitador tirano, del autoritarismo, que todos ven menos quien es autoritario? ¿De quién es la culpa? ¿Del tirano, o de la gente que se deja tiranizar? ¿No es uno mismo quién crea la autoridad? ¿O la autoridad viene un día de afuera y nos dice: “¡A partir de ahora me obedecerás!”? Si fuera así, ¿por qué lo permitimos?

¿O es que siempre hemos creado nosotros mismos la figura de la autoridad? Cuando pequeños, necesitamos a nuestros padres para que nos protegieran y nos dijeran qué hacer. Pero crecimos y nuestros padres ya no dieron con la talla. Entonces buscamos otra autoridad, alguien intachable, un ideal, un profesor o una persona famosa, el sacerdote, o ¡un facilitador de metafísica! ¡Ese sí que es perfecto! ¡Lo sabe todo, es espiritual, tiene contacto con los Maestros, tiene la llave del Reino!

Ninguna persona tiene jamás la potestad de imponer su autoridad sobre otra. Es uno mismo el que crea la autoridad al buscar a alguien que le diga qué tiene que hacer, cómo resuelve sus conflictos y cómo se libera del sufrimiento. Más tarde o más temprano, la autoridad aceptada como tal tampoco dará con la talla, le veremos defectos, todas las imágenes que nos hicimos de él se derrumbarán, y entonces ¡lo crucificaremos por impostor!

Así es como la persona tiranizada por la autoridad auto-creada se convierte luego en el tirano. Se separa del facilitador, cree ‘liberarse’ de la tiranía, y de la misma incapacidad que tiene de decidir por sí mismo, surge el concepto de que los demás tampoco pueden hacerlo, y uno debe dirigirles la vida. Y como los demás tampoco son libres de la autoridad, ¡se juntan el hambre y las ganas de comer, y se crea otra relación tiránica!

Para que pueda existir la autoridad, debe haber una división entre ‘él’ que me dice lo que tengo que hacer y el ‘yo’ que obedece o se resiste. Si ‘él’ me dice lo que me conviene, entonces no hay conflicto, obedezco y finalmente hago lo que quiero, lo que me hace bien o lo que encuadra con mis formas de pensamiento. Si lo que ‘él’ me dice no me conviene, no es lo que esperaba o lo que ‘yo’ quiero, hay conflicto con la autoridad, hay resistencia, rebeldía, o también puede haber supresión, conformidad, amoldamiento, porque todavía creo que por obedecer y conformarme voy a tener algún tipo de recompensa espiritual. Y esa relación se perpetúa a sí misma mientras siga habiendo separación entre ‘él’ y ‘yo’.

¿Existe entonces la posibilidad de vivir sin autoridad? ¿Es la autoridad necesaria en absoluto? ¿Hay un estado de ser donde la autoridad no existe? Sólo puede haber tal estado cuando el ‘yo’ y ‘él’ dejan de ser. Cuando sólo hay observación, sin un ‘yo’ que observe, sólo observación de una situación dada, en donde todos los implicados en dicha situación somos una totalidad, donde no hay separación, no hay ‘yo’ y ‘ellos’, sino sólo ‘nosotros’, el todo, ese fuego se enciende nuevamente, esa poderosa inteligencia y energía, que ‘es’ en ese estado de observación y alerta, es acción inmediata, no hay acción producto del pensamiento, no hay decisión que tomar, sólo hay acción directa, inteligente, acertada, que contempla el bien del TODO, y eso es lo que uno llama “en armonía para todo el mundo”. Esta acción no es respuesta a la orden de una autoridad, es sencillamente la única opción posible, incuestionable, benéfica para todos.

Todo esto, y mucho más, es lo que se ve cuando hay observación, y en ese mismo instante, si estamos despiertos y percibimos, somos concientes, nos damos cuenta de la insensatez del ‘yo’ y hay una transformación instantánea, hay silencio, la energía ya no se dispersa en pensamientos y sentimientos alocados, hay calma, claridad, y la energía crea un moméntum, surge una inteligencia que no es intelecto, que no es razonamiento, y esa inteligencia es acción instantánea, se corrige el error, se repara el daño, se deshace todo lo que está torcido para hacerlo de nuevo “en armonía para todo el mundo, bajo la gracia y de manera perfecta”.



Jiddu Krishnamurti

 

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