|
VIVIENDO EN
SANTA CARIDAD
Por: Fernando Castro.
Santiago de Chile, 03 de Marzo de 2008
Quien quiera vivir en santa
caridad ha de vivir de continuo en la Practica de la Presencia de Dios,
amando ésta Presencia por sobre todas la cosas y a los demás como así
mismo.
Tener
amor a algo o a alguien pasa por ser conciente de si mismo y esto debe
ser el resultado de un análisis psicológico que traiga a la conciencia
los acontecimientos bloqueados en el subconsciente. Ya que de este modo
nos enteraremos de las desviaciones internas que aprisionan la
personalidad e impiden la voluntad.
Conocernos a nosotros mismos nos ayuda a dar a los demás aquella
asistencia justa, clara y a la vez espontánea, impidiendo que comencemos
a practicar esa seudo-espiritualidad en donde nos mostremos llenos de
las cualidades de un Cristo Despierto, sin serlo, falseando la caridad,
por vanidad.
No
olvidemos que la caridad es una virtud Cristica, opuesta a la envidia y
a la animadversión, aquel enojo y mala voluntad contra la humanidad, que
impide la identificación mental y afectiva con el sufrimiento de ésta,
privándola del auxilio que necesita.
Por lo
tanto la santa caridad está en justicia y razón con la unidad, la que no
se puede jamás privar o negársele a ninguna criatura sensible.
Así, el
que aspira al Sendero Espiritual, deberá mantener una actitud solidaria
con el sufrimiento ajeno y jamás nunca olvidar estas palabras del
Maestro Jesús; “El que quiera llegar a ser grande entre ustedes tiene
que ser ministro de ustedes, y el que quiera ser el primero entre
ustedes tiene que ser esclavo de ustedes”. Esto significa que el quiera
superar en tamaño, en importancia, o dotes de la Conciencia Cristica al
común de los demás, sea entonces de abundante caridad, rendido,
obediente y enamorado, así como sometido rigurosamente al deber de
servir. Sea también, quien ministre en abundancia la enseñanza y
destierre la ignorancia. Sólo así será excelente y grande, que
sobresaldrá y excederá a otros en lo interior, por llevar totalmente
desenvuelto el Cristo que lo hace corresponder a otros en santa caridad.
Para vivir en santa caridad no se tiene que estar dividido con el prisma
del “yo personal” que permanece roto, destrozado, dividido en varias
partes, ya que tan pronto obra una de las partes, obra otra. Aquel que
obre a través de su prisma jamás actuara entera y libremente; estará
sucesivamente gobernado por fuerzas internas que no provienen del
Cristo, cuyo poder y cuya existencia misma ignora por completo ya que
estas moran en la oscuridad.
Recuérdese que la caridad consiste en el amor desinteresado hacia los
demás y en este hacer, se necesita estar liberado de si mismo y de sus
prismas internos que deforman la Conciencia Cristica. La voluntad es una
armonía poderosa y no una división que produzca contracción repentina y
pasajera en su ser externo cada vez que se quiera servir a los demás.
Muchos en la acción de dar creen hacerlo, pero nada hacen mientras se
encuentran sometidos a deficiencias internas, aquellas que provienen del
conjunto de complejos que en las profundidades del subconsciente moran.
En el discípulo esto no puede suceder a pesar suyo, sin que él sepa ni
como ni porque. Deberá dejar la tendencia de pensar y obrar sin ser
conciente de si mismo ya que si no es conciente, está dormido, pero como
esta dormido, ignora que lo está y ésta es la causa de todo su
sufrimiento y el que provoca a los demás.
Debemos
sostenernos en el mandamiento que Jesús nos da respecto del amor, cuando
nos dice; “Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con
toda tu alma y con toda tu mente”. Siendo Dios Yo Soy la Fuente Suprema
de Todo, al amarlo por sobre todas las cosas, se esta amando todo lo que
existe. Ese sentimiento supremo de amar a Dios implica toda tú
naturaleza inferior junto con la naturaleza superior que mora en ti,
unida en conformidad a este Aspecto Divino de Dios, el amor. Por eso
Jesús continua diciendo, “este es el más grande y el primer
mandamiento”. Viene a ser el mayor precepto u orden de lo superior a lo
que debemos apegarnos, puesto que de hacerlo, la Santa Caridad con
nosotros siempre permanecerá.
La
caridad es este valor que no pertenece al campo de los sentidos, por ser
de la apreciación del entendimiento o la razón humana, que al conducirse
con discernimiento, provoca que la potencia del Cristo, virtud por la
cual concibe las cosas, las compara, las juzga, e induce y deduce otras
de las que ya conoce, puede apartarnos de las tinieblas y hacernos
trillar de forma segura el sendero mediante la caridad.
LAS MIES TENDIDAS
El
quebrantar la mies tendida, como la fe, la esperanza y caridad en este
espacio de tierra limpia y firme, que es el Sendero Espiritual, podemos
hacer el pan de cada día apetecible a los ojos de Dios.
Por eso
Jesús, nos afirma que el segundo mandamiento es semejante al primero, al
decirnos; “Tienes que amar a tu próximo como a ti mismo”. Para amar al
próximo tenemos que amarnos a nosotros mismos con verdadero conocimiento
de nosotros, ya que obramos todos a través de nuestro estado físico,
emocional y mental, si nuestro estado de conciencia es bueno nuestras
acciones serán buenas, y si nuestro estado de conciencia es potente,
produciremos potentes acciones, que nos conducirán constructivamente en
nuestro entorno y hacia los demás, depurando y reconstruyendo. En esto
consiste este verdadero amor que es la caridad.
Jesús
nos enseña a desenvolver el amor Cristico al decirnos; “Ámense unos a
otros como yo los he amado”. Esto es amar sin distingo de ninguna clase,
sin nada que separe o divida, es amarse totalmente en la unidad que
proporciona el Cristo Desenvuelto, es el Amor Cristico en su máxima
expresión.
Son tan
importantes estos mandamientos de Jesús, que nos mandan a obrar en
caridad o amor desinteresado hacia los demás que nos dice; “De estos dos
mandamientos pende toda la Ley, y los profetas”. Que la regla y norma
constante e invariable de las cosas, nacidas todas de LA CAUSA PRIMERA,
DIOS y de aquellos que hablan en su nombre, ensanchando los bordes de su
reino, por su inspiración, están suspendidas y subordinadas por la
fuerza más grande que existe en toda la vasta creación, el AMOR.
Por lo
tanto si no tienes esta poderosa fuerza cohesiva al ofrecer tu servicio
o caridad a los demás, nada haces.
Pablo de
tarso, unos de los apóstoles más activos de Jesús, nos dice; “el amor es
sufrido y bondadoso”. Es decir que sufre con resignación, es una entrega
voluntaria que se hace a alguien o a los demás, poniéndose al servicio.
Tiene conformidad, tolerancia y paciencia en las adversidades y es
confortador.
Por eso
quien toma los votos de caridad y vive en conformidad al amor
desinteresado, aquel que se da por virtud de amar a la Fuente Suprema de
todo el Universo, vive en unidad.
San
Pablo, nos sigue diciendo; “El amor no es celoso, no se vanagloria, no
se hincha, no se porta indecentemente, no busca sus propios intereses,
no se siente provocado. No lleva cuenta del daño”. Es decir que el amor
no es una prisión, y una forma aguda de autoritarismo, que produzca
desequilibrios. El amor no acapara, ya que el que sufre esta herida
mortal cree amar, pero no hace sino buscar su propia seguridad interior.
El amor
desinteresado no se jacta de su propio valer u obrar, no es desordenado
y presuntuoso, ni mucho menos vano y presumido.
Quien
viva en caridad no ofende, no es indecoroso y siempre su accionar es
decente y no busca provecho, utilidad o ganancia. No incita o induce a
los demás a que ejecuten algo en beneficio propio, tampoco irrita o
estimula con palabras u obras para que los demás se enojen. No considera
ni está en la acción de contar el efecto del daño que le pudieran
realizar o hacen, porque tiene respeto a las ideas, creencias o
practicas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.
La
caridad es aquella fuerza que llevamos dentro que produce el efecto
cristico, por la que el discípulo que la desenvuelve pueda amar a Dios
sobre toda las cosas. Es ese vigor o valor que también da potestad de
obrar en amor hacia los demás.
Jesús
nos dice; “Oyeron ustedes que se dijo: “Tienes que amar a tu próximo y
odiar a tu enemigo’. Sin embargo, yo les digo: continúen amando a sus
enemigos y orando por los que los persiguen; para que demuestren ser
hijos de su Padre que está en los cielos, ya que él hace salir su sol
sobre inicuos y buenos y hace llover sobre justos e injustos”. La ley
dura de los hombres nos manda a sentir amor sólo por aquellos que nos
aman y repudiar a todo aquel que supuestamente es nuestro enemigo. Pero
aquí tenemos el llamado a desenvolver la Conciencia Cristica, para que
surja el cambio rápido y profundo, que nos envié a un actuar lleno de
compasión y caridad a la persona que nos tiene mala voluntad y que nos
desea o hace el mal. También es una invitación a que en lo intimo, en
nuestros ruegos a Dios o a sus Santos Maestros, nos acordarnos de ellos
y pidamos misericordia. Así de esa forma estaremos demostrando que este
cambio profundo en nuestro proceder, ha operado en nosotros la virtud de
vivir en caridad, caridad que incluye a malvados e injustos, como así
también a los de bondadosa templanza. Porque la Conciencia Cristica, es
como el Padre Celestial que ama, ilumina y refresca a los que obran
según justicia y razón, como a aquellos que no son justos o equitativos.
VIVIR EN
SANTA CARIDAD
Para vivir en santa caridad hay que contemplar y realizar, los grados
que nos han de llevar a la humildad, embebidos de la obediencia y
dispuestos a vivir en votos de pobreza.
Humildad
porque de esta forma podemos vivir abajados, poniendo el “yo personal”
en el lugar inferior a aquel en que estaba y de esta forma darle gloria
sólo a Dios.
Obediencia voluntaria y de conciencia, ya que es el único modo en que se
produzca una verdadera transformación en el discípulo.
Y el
voto de pobreza porque es una forma concreta de realizar la Conciencia
Cristica y una practica radical de la Presencia de Dios.
En estos
pasos del ejercicio espiritual que nos conducen a vivir en santa
caridad, recordemos las palabras de Jesús, cuando nos señala la actitud
correcta que se ha de tener en el Sendero; “Porque todo el que se
ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”. Todos
aquellos que se engrandecen o exaltan a si mismos, haciéndose grande
ante los demás, entonces la vida y su sabiduría le abatirá el orgullo y
la altivez. Más aquel que se inclina ante la gloria de Dios, doblando la
cabeza en señal de sumisión, renunciando al fuero que el propio “yo
personal” se otorga, será engrandecido.
Jesús
nos sigue dando las clave para vivir en santa caridad, diciendo; “Cuando
des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni
a tus parientes, ni a los vecinos ricos. Quizás alguna vez ellos también
te inviten a ti en cambio, y esto llegue a ser tu pago correspondiente”.
Ya que no habrá merito en tu vida si dispones todo tu esfuerzo en
agradar a los que ya tienen y te aman, en eso no va la caridad, pues es
más bien tu deber, que tu servicio a la vida, aun cuando te esfuerces
por realizarlo.
Continua
Jesús diciendo; “Pero cuando des un banquete, invita a los pobres a los
lisiados a los cojos, a los ciegos; y serás feliz, porque ellos no
tienen con qué pagártelo. Pues se te pagará en la resurrección de los
justos”. Es una hermosa sugerencia para practicar la caridad y la
unidad, yendo más allá de tu circulo familiar y de amistades, invitando
a una comida donde los invitados sean muchas personas, pero de condición
desdichada por no tener el sustento diario, o por ser infelices, debido
a un impedimento físico, o sentando a tu mesa a los rechazados y juntos
a ellos celebrar el acontecimiento más grande que ser humano pueda
celebrar, la común unión en la Conciencia Cristica, lo que trae dicha y
bienaventuranza, acción que te dejará a las puertas de la ascensión, por
tu proceder que obra según justicia y razón.
Así ha
de estar el que aspira al sendero, ligado por el voto más solemne de
servir totalmente en desinterés personal, ni siquiera en grado mínimo de
obtener para si mismo gloria o reconocimiento, porque el honor y gloria
será por siempre para Dios.
La
caridad y la paciencia deben ir juntas, ya que la paciencia es una
expresión de sabiduría y la caridad una virtud interna de la Conciencia
Cristica, que infunde en el ánimo un impulso afectivo, por lo que
considérese a ambas como requisitos desenvueltos para servir con total
desprendimiento de si mismo.
La
paciencia es un efecto de la fuerza y de la lucidez y la caridad el
poder y la potestad de obrar.
Esta
será la medida del que aspira al sendero de servicio a la vida, por eso
es importante recordar la ley que el Maestro Jesús nos señalará; “Por lo
tanto, todas las cosas que quieren que los hombres les hagan, también
ustedes de igual manera tienen que hacérselas a ellos; esto, de hecho,
es lo que significan la ley y los profetas”. Si quieres respeto,
cortesía, atención y buen modo, otórgalo primero tú, así serás tratado
con excelente urbanidad. Esta es la regla y norma constante e invariable
que no se debe olvidar jamás, menos aquel que aspire al Sendero
Espiritual, ya que también es la ley que rige a todos aquellos que
hablan o facilitan la Enseñanza.
Cuando
se vive en las Practica de la Presencia de Dios, surge espontáneamente
la caridad producto de la pureza del alma y de la confianza en si mismo
y en los demás.
La
caridad acoge, es opuesta a la tristeza o el pesar del bien ajeno, es un
impulso a la unidad y destierra la animadversión.
Es el
camino del discípulo de la Luz, que siempre lleva los brazos extendidos
a los demás en señal de estar siempre presto al auxilio.
Por eso
dice la vida que el sabio reposa en el amor y en la caridad, porque este
reposo vital lo hace poderoso y aleja la mala voluntad contra alguien,
posesionándolo también con la convicción de que todo saldrá bien, porque
está protegido por este Aspecto de Dios desenvuelto, que se convierte en
la esperanza de los desvalidos, la que baja de las alturas al corazón de
los hombres, que dispuestos a expresar la santa caridad, la acogen para
ser el medio humano por donde la Poderosa Presencia de Dios Yo Soy el
Absoluto, se asoma a sus mundos.
VOTOS DE
POBREZA
Por: Fernando Castro.
Santiago de Chile, 06 de Febrero de 2008.
Vivir en
votos de pobreza es vivir sin poseer nada, no tener nada, asunto que no
se debe confundir por carencia de recursos económicos, sino que es
pobreza en el sentido de desprenderse de todo lo que nos dificulta
realizar el trabajo de Dios, es ser libre, es estar sin ningún tipo de
ataduras, en donde solo manifestemos que Dios es nuestra única riqueza.
Vivir
realizando los votos de pobreza efectiva en nuestra vida, nos va
liberando para llegar a la pobreza interna, aquella que es la ausencia
de deseos, donde nuestra alma viva en la aspiración única por realizar
el Propósito Divino, que todos alcancemos la otra orilla de la
salvación, mediante el Plan Divino de Perfección para la tierra, aquel
Plan, que los Maestros conocen y sirven, en cuyo trabajo debemos
avocarnos desprendidamente de todo, salvo del fuego interno que nos a de
dar el aliento constante en nuestra labor, aun cuando tengamos que vivir
sólo de la fe en Dios, sin inquietarnos por nada, haciendo eco interno
de las palabras del Maestro Jesús, que nos dice; “Sigan, pues, buscando
primero el reino y la justicia de Dios, y todas estas otras cosas le
serán añadidas”. Esto es vivir en continua obediencia y en votos de
pobreza, realizando lo necesario para conseguir vivir enteramente en el
territorio de Dios, sujetos a su Divina Voluntad, de esa forma su virtud
suprema de justicia, nos dará lo que nos pertenece, dándonos incluso,
más de lo que nos corresponde, produciéndonos un gozo intimo y
celestial, debido a lo que nos añade de bien, para que completemos
nuestra felicidad.
Continua
diciendo Jesús; “Por lo tanto, nunca se inquieten acerca del día
siguiente, porque el día siguiente, tendrá sus propias inquietudes”. Ya
que esto nos trae desasosiego, falta de quietud que impedirá, que
vivamos en la Practica de la Presencia de Dios, de continuo.
El voto
de pobreza, de vivir sin nada propio, nos libra de la avidez de
acumular, y nos ayuda a desprendernos psicológicamente de las cosas que
merecemos, manteniendo a raya la codicia que viene a ser para el alma el
cáncer que la corroerá. Por eso Jesús nos dice; “Suficiente para cada
día su propia maldad”. Ya que el proceder sin la bondadosa templanza
habitual, de la Conciencia Cristica Desenvuelta, nos lleva a la acción
mala e injusta.
El voto
de pobreza nos da la virtud de vivir al completo abandono en Dios, el
que nos tendrá rebosantes de riquezas y aumentará lo que de abundancia
tengamos como fruto, recordemos las palabras de Jesús, cuando nos hace
reflexionar en el amor, de un buen padre que siente por su hijo, al
preguntarnos; “De veras, ¿Quién es el hombre entre ustedes a quién su
hijo pide pan…, no le dará una piedra, ¿verdad?”. Aquí el Maestro nos
hace observar por correspondencia hacia arriba a Dios, a partir de
nosotros mismos, para que en virtud de nuestro propio proceder veamos si
en nuestro corazón está el dar todo aquello, que en general sirve para
el sustento diario, a nuestros hijos, ya que sólo así, podremos tener la
medida del amor de Dios, que tiene para con sus hijos los hombres, por
eso, aquel que vive en votos de pobreza, vivirá de continuo en la
observancia de esta virtud suprema, entonces sólo así, será capas de
desprenderse de sus propias riquezas y ponerlas al servicio de los
demás. Continua Jesús diciendo; “por lo tanto, si ustedes, aun que son
inicuos, saben dar buenos regalos a sus hijos, ¡con cuanta más razón
dará su Padre que está en los cielos cosas buenas a los que le piden!”.
Vivir
desprendido de todo es libertad, libertad que debe estar al servicio de
los demás, ya que en nuestra naturaleza humana somos malvados e injustos
y de proceder torcido, cuando en la Luz de nuestro Cristo no vivimos,
por lo que a la educación de esta naturaleza inferior debe abocarse el
candidato al Sendero Espiritual, comenzando por descalzarse y en santa
obediencia, tomar los votos de pobreza.
Vivir
desprendido de todo es a modo de ejercicio continuo de nuestra
conciencia, para conseguir no desviarnos de nuestro propósito, que es
amar solo a Dios.
En esto
el Maestro Jesús es muy enfático, al decir; “Nadie puede servir como
esclavo a dos amos; u odiará al uno y amará al otro, o se apegará al uno
y despreciará al otro”. Esto es, porque en nuestro proceder no somos
capaces de dos amores, aun cuando así lo creamos, ya que en esta acción
siempre se va a estar en deficiente entrega por falta de firmeza
afectiva y sincera.
Por lo
tanto quién los votos de pobreza tome, irá en firme ánimo de alcanzar
estar fuertemente sometido, por voluntad y en forma obediente,
enamoradamente a su único amo, el Señor de toda la creación, Dios Yo Soy
el Absoluto.
Entonces, así dirá, de si mismo a partir del día en que los votos de
pobreza tome; “yo el esclavo del señor, solo viviré para Él,
desestimando y teniendo en poco, desdeñando todo aquello que me aparte
de mi pobreza interna, porque desde ahora viviré con indiferente y
desapegada actitud a la vida y sus riquezas”.
Jesús
nos aclara diciendo; “No pueden ustedes servir como esclavos a Dios y a
las riquezas”.
Estas
riquezas de la vida, se han de cambiar por la abundancia de cualidades y
atributos excelentes que provienen del alma, y éstas sólo pueden venir a
perfumar a quién descalzo transite el empinado monte que ha de llevarlo
a la renuncia, subiendo en pobreza interna y siendo NADA.
Porque,
¿Que aguante tendrá el candidato si no fuese sometido a los rigores del
entrenamiento espiritual?
¿Qué
tendrá finalmente en su vida si no se descalza?
Estas
preguntas son las que queman al de débil propósito, aquel que tome para
ensalzamiento de su yo personal, los votos de pobreza, porque el Fuego
Sagrado, que vigila la entrada a la ermita interior, consume toda
presunción de ser algo, ya que a la morada de Dios, solo se puede entrar
con la cualidad que mejor le asienta al candidato, la desnudez, y en
esta desnudez, vestir las prendas exteriores, que han de identificarlo y
estas son; pobreza interna, obediencia y servicio.
Y como
regla de conducta permanente, acatará las sabias palabras del Maestro
Jesús, cuando nos advierte diciendo; “Cuídense mucho para que no
practiquen su justicia delante de los hombres a fin de ser observados
por ellos; de otra manera no tendrán galardón ante su Padre que está en
los cielos”. Y la recompensa del servicio que Dios otorgará al
candidato, será que viva en la Gloria de su Potestad por siempre.
Vivir en
la Practica de la Presencia de Dios, es vivir de continuo en la
observancia de la fe, que ponemos en ella, y ésta sólo se puede obtener
en la entrega que considere los votos de pobreza, que ha de llevarlo a
la exactitud de la renuncia, siéndole totalmente fiel.
Descalzo
se ha de estar a los pies del Maestro, en la desnudes del alma,
evidenciando en pobreza interna, que se está al servicio de la vida,
vistiendo la tela vasta de la humildad, de matices sencillos y pulcro, a
fin de mostrar al viento, que en cuanto a la vanidad no es preparado el
ser externo, manteniéndolo en un vestir crudo sin preparación, para que
solo las virtudes del alma refleje y broten como la leche de dulce
beber.
Jesús en
su palabra que siembra y cultiva corazones nos dice; “Por eso, cuando
andes haciendo dádivas de misericordia, no toques trompetas delante de
ti, así como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para
que los hombres lo glorifiquen”. Esto es para que cuando andes de un
lugar a otro, dando pasos de sencillez, ministrando gratuitamente, no
olvides hacerlo en tú retiro interno, la Conciencia Cristica, en la
virtud que inclina tú animo, de compadecerte de las miserias de los
demás, haciéndolas tuyas.
Evita su
proclamación para no ensalzar a tú yo personal con la diversidad de
palabras, según la fuerza de la vanidad con la que tú boca, impele a
glorificar su falso proceder, dándole realce a algo que no lo tiene, y
para que no olvides, que solo de uno es la “Gloria y el Poder Por
Siempre, Dios.
Así que
no guíes tus pasos, reuniendo el afán de los demás con fines que
resultan ilícitos para el alma y contrario a los votos de pobreza, pero
que engrandecen tu ego, y aleja el espíritu de la verdadera y santa
renuncia, el llamado es para que no actúes con hipocresía.
Por eso,
lo que más le conviene al candidato es caminar vestido, con los votos de
pobreza, aquellos que reflejen la luz del alma y opaquen notoriamente el
lucimiento del ser externo, como símbolo de lo que pasa entre su alma y
Dios.
Cada uno
se viste de acuerdo a la propia naturaleza interior, por lo tanto si has
de en pobreza interna guiar tu vida, que tu vestimenta exprese tu
realidad esencial, lo que eres, NADA.
Por eso,
cualquiera que quiera tomar los votos de pobreza deberá permitir, que en
cuanto a su servicio a la vida le resuenen internamente las palabras del
Maestro Jesús, cuando dice; “Les digo en verdad: ellos ya disfrutaron de
su galardón completo. Lo que nos dice, es que tiene conformidad con lo
que siente y piensa, de aquellos que proclaman sus virtudes y hechos de
su servicio a la vida, glorificándose ellos mismos, y nos dice que, ya
perciben y gozan los productos de esta proclamación, al igual que sus
utilidades en el instante que lo hacen y este es su premio a los meritos
de su servicio.
Por eso, le conviene mucho al servidor deponerse ante su Santa Presencia
“Yo Soy”, y dejar que ella lo vista con prendas de vestir exteriores,
que realcen su entrega en silencio y desprovisto totalmente del afán de
lucro personal y fama.
Jesús
dice al respecto; “Más cuando tú hagas dádiva de misericordia, no sepa
tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tus dádivas de
misericordia sean en secreto; entonces tu Padre que mira en secreto te
lo pagará”.
Cuando
tú animo te incline a compadecerte de las miserias de los demás, no esté
tu ser externo en medio, así sea tu servicio en forma recta, sin
torcerse y a cargo de la Conciencia Cristica, a fin de supervisar tu
compasión para que ésta sea cuidadosamente reservada y oculta, que solo
Los ojos de Tú Presencia de Dios “Yo Soy”, observen tus acciones y tenga
en cuenta a bien, para el día en que tengas que ver su Santo Rostro.
Por eso,
a modo de ir deponiendo tu yo personal, conviene mucho desazonarlo
mediante la privación de algún deleite, asunto que se puede lograr
mediante la acción y el efecto del ayuno interno, aquel que priva al que
vive en obediencia consumir los elogios del mundo externos, porque estos
arrebatan al ser externo, impidiéndole oír los asuntos del alma, así
como la comida es para el sustento del cuerpo, el ayuno de esta, es para
el alma su alimento, que se ha de darle con devoción desde las doce de
la noche antecedente.
Es en
esta acción cuando el estado de Conciencia Cristica, comienza ha
realizar su acto en el yo personal, al deponerlo mediante el gozo que
conlleva vivir solo de Dios.
Así, el Maestro Jesús nos sugiere al ayunar, lo siguiente; “Cuando
Ayunen, dejen de ponerse de rostro triste como los hipócritas, porque
ellos desfiguran su rostro para que a los hombres les parezcan que
ayunan”. Que no se debe afear el orden y hermosura del semblante y de
las facciones, fingiendo las cualidades de alguien que vive en apego a
los votos de pobreza y lleva su vida en ayuno, ya que en esto está su
propia actitud denunciando que aquello no es cierto, pues aquel que se
entrena día a día en la mortificación del ayuno por devoción,
principalmente lleva el buen animo de vivir en la Practica de la
Presencia de Dios, sin ponerse careta de apesumbrado o triste.
Los
votos de pobreza son la antesala de vivir en la abundancia del alma, con
tan solo el sayal de la renuncia, labrado de la humildad e hilvanado con
puntas largas a la carne, el que se ha de coser después de otra manera,
uniendo así el ser externo al Cristo y este a la Poderosa Presencia de
Dios “Yo Soy”, para fundirse con la túnica sin costura para siempre a
Dios.
El que
los votos de pobreza tome deberá desde el principio saber que al hacerlo
adquiere el compromiso de mantenerse en santo silencio e ir prestando
servicio a la totalidad de la vida.
Sabrá de
inmediato en su voto de pobreza, asentir en servir a Dios y a sus Santos
Maestros, para lo que ha de estar sujeto, cumpliendo solo la Voluntad
Divina y todo lo que ayude a cumplir con el Plan Divino de Perfección de
la tierra.
El
ejercicio de los votos de pobreza, le permite a quien los lleve con
virtud de renuncia, a que el conjunto de las cualidades divinas que
moran en el Cristo, se vuelquen como un remanso de aquella virtud que
pone en el ánimo tranquilidad y sosiego, lo aparten de la turbación y de
las pasiones que trae la abundancia de bienes y cosas preciosas, cuando
no se tiene el corazón en Dios y los ojos en el suelo, renuncia que lo
hace atractivo, independiente de las facciones del yo personal, que casi
siempre son ilusoria o producto de engaño.
Por eso,
es importante vivir desprendido de todo, con genio pacifico, sosegado y
apacible, así los rayos directos del Cristo, iluminen el andar, con la
gracia de dar gratuitamente, sin costo alguno, con buen modo y sin
ningún merecimiento particular como solicitud para su servicio a los
demás, que su entrega sea una concesión gratuita de todo lo que lleva de
bien, y que es producto de vivir tan desprendidamente de todo y a la
buena de Dios.
Jesús
dice; “Recibieron Gratis; den gratis”. Que se de, de gracia, con Los
Siete Rayos del Cristo totalmente desenvueltos. Continua Jesús diciendo;
“No consigan oro, ni plata, ni cobre para las bolsas de sus cintos, ni
alforja para el viaje, ni dos prendas de vestir interiores, ni
sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su alimento”. Aquí
encontramos la mejor sugerencia a vivir totalmente entregados a Dios, en
fe total a su voluntad, que es el bien para con todos sus hijos, y no
perder la cabeza por la abundancia de bienes y cosas preciosas como el
oro, que siendo escaso en la corteza terrestre, produce confusión mental
y actitud de grandeza en la persona que lo busca, haciendo que ésta se
manifieste con apariencia muy superior a la que realmente le
corresponde.
Vivir
sin confianza en Dios, no es propio de quien los votos de pobreza
realiza, ya que éste en su santo ejercicio de pobreza, ya no fía su vida
en llevar repartido el peso de sus riquezas en su alforja, que es el
temor de perder lo obtenido y no tener nada, y que se lleva cómodamente
de un lado a otro, por que la alforja del discípulo de la Luz, es su
Poderosa Presencia de Dios, “Yo Soy”, por lo que no necesita ni
provisión de comestibles necesario para sus viajes, ya que Dios lo
Proveerá siempre.
El viaje
de la vida debe estar desprovisto de toda intención por tener para uno
riquezas, y éstas solo deben ser aquellas que provengan del alma, por
eso a de desprenderse de todo, aquel que ha de servir como esclavo de
Dios y no llevar más prenda de vestir que la humildad y la renuncia.
Así no
necesitará más bastón para apoyarse al caminar que Dios mismo, y sus
pies serán más ligeros si se descalza, aun del calzado más liviano, para
que así estos caminen totalmente desnudos, tocando la santa tierra por
donde vaya, en total rendición a la Fuente Suprema de Todo el Cosmos.
Con los
votos de pobreza el candidato se convierte en el esclavo del señor,
rendido, obediente y enamorado. Se vive desprendido de todo al reconocer
a la Poderosa Presencia de Dios, “Yo Soy” en medio del pecho, que lo
llena de sentimientos de complacencia por esta posesión, por eso Jesús
nos dice; El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en
el campo, que un hombre halló y escondió; y por el gozo que tiene, va y
vende cuantas cosas tiene, y compra aquel campo”. Viene a ser esa
cantidad de virtudes, preciosas y de riquezas interiores reunidas,
guardadas para desenvolverlas en el día en que es descubierto por su
poseedor, devolviéndole la remembranza de bienes celestiales que son
apetecibles, para el esclavo del señor.
Quien
vive en pobreza interior se convierte en poseedor de ese terreno
extenso, fuera del alcance del mundo y que es una tierra fértil y
laborable, que fue descubierto gracias al despojarse de todo, al
sacrificar al interés lo que ya no tiene valor para él, traspasando todo
lo que posee por el precio convenido con la vida, precio que ha de pagar
con la virtud interior, de vivir solo de Dios, obteniendo la alegría y
el buen animo, inflamándosele el alma en medio de su pecho que lo ha de
sacar para siempre del sufrimiento del mundo. Y de ese momento en
adelante solo vivirá sostenido en la Voluntad de Dios.
Quien viva solo de la fe en Dios, permanecerá para siempre vestido y
sostenido, con más de lo que siempre soñó tener, pero para ello tendrá
que dar un paso al vació, en medio de la oscura noche de su alma, en
donde solo el buen entendimiento será su Luz que lo guié, ya que a sus
gritos de auxilio solo vendrán a él, lo que tenga de logrado, y en un
fuerte abrazo a su conciencia se ha de apegar a ella, para así obrar en
conformidad a lo que ésta le dicte y parezca justo, pues, solo con esto
podrá obtener la libertad que está más allá de este logro interno, y aun
cuando parezca innecesario, el alma siempre lo solicitará, clamando para
que el candidato la pueda desposar.
Cuando nada se es, nada se ha de llevar,
Ya que solo llevando nada, en la nada se puede quedar,
Quedándose sin quedarse, es como se puede quedar.
En la Santa Indiferencia al
mundo se ha de vivir,
Pues en ella está,
el poder poseer sin poseer.
Si no se camina en el
olvido de si, la vida se olvida de uno
Y por ser mucho, solo con lo mucho se ha de quedar.
Para caberle a la vida,
nada se ha de ser,
por que la senda que lleva a la nada, estrecha es
Así que, solo con tú propio ser tendrás que subir,
Siendo nada al monte de la negación.
Y siendo nada en la nada te has de quedar.
VIVIENDO
EN SANTA OBEDIENCIA
Por: Fernando Castro.
Santiago de Chile, 25 de Enero de 2008.
La
acción de obedecer en el sendero no conlleva a que el estudiante viva
prisionero bajo el mandato y voluntad de quien lo instruye, más bien
está encaminada a que aprenda a vivir en armonía y respeto de si mismo y
hacia los demás, desechando la terquead de la personalidad, aquella que
es una especie de obstinación ciega y ridícula, que obstruye el buen
razonamiento y por consiguiente su avance en su entrenamiento
espiritual, ya que en la medida que se obedecen las sugerencias que se
dan para hollar este sendero, también es un modo de examen de conciencia
que irá a aumentar la verdadera tolerancia en el candidato, aquella que
está compuesta de cordura y elevada inteligencia.
La
obediencia en el sendero desarrolla el verdadero valor, ya que nace de
este gran esfuerzo de conocerse así mismo, mediante el control emocional
y mental, siendo tan natural como la propia respiración, dándole
vitalidad a quien viva en la actitud de la Santa Obediencia, recorriendo
el sendero y calzando las sandalias de la humildad, con la cabeza
declinada en respeto a la vida y a la Enseñanza.
Recordemos esto en las palabras de Jesús, cuando nos dice; “O hagan el
árbol excelente y su fruto excelente, o hagan el árbol podrido y su
fruto podrido”, el árbol excelente eres tú, cuando te apegas a tu
conciencia Cristica y vives como un Cristo desenvuelto, con los buenos
frutos de los Siete Aspectos de Dios, airosos a los cuatro vientos y
viviendo de acuerdo a los Siete Principios Universales, practica que te
hará ser como un árbol de tronco leñoso, fuerte y elevado, que se
ramifica hasta llegar al cielo, desde el suelo donde moraba y cuyas
raíces fueron regadas por la “Santa Obediencia”.
Esto es
vivir en forma recta, leal y de comportamiento noble, equilibrado,
generoso e inteligente. Quien así viva, sus acciones estarán guiadas por
el respeto de si mismo y de los demás, viviendo en una perfecta unidad
con todos, a esto Jesús le llama; “fruto excelente”.
Cuando
no se vive en la Conciencia Cristica, entonces no se puede ser de “fruto
excelente”, ya que se es un ser dividido, en múltiples fragmentos,
repletos de temores y complejos. Y ser un Cristo Desenvuelto, exige la
armonía de la totalidad del ser humano.
Así, la
obediencia a las reglas o consideraciones dentro del sendero, sirven de
medida y que se han de ajustar a nuestras acciones para que resulten
rectas.
Solo de
esta forma, seremos reconocidos como árbol de “excelente fruto”, ya que
la acción de obedecer a los requisitos que se requieren para ingresar al
sendero, harán un fruto de pulpa dulce, que no necesitará de
reconocimiento de su néctar, ya que los mismos ángeles rodearán tan
generoso árbol de excelentes frutos, como aves en jolgorio, por tan
celestial hallazgo, por eso Jesús nos advierte, diciendo; “Porque por su
fruto se conoce el árbol”.
Obrar
voluntariamente en obediencia es obrar por razones concientes, que es
una cualidad humana que consiste en prever las consecuencias de ciertos
actos nuestros, así que en nuestro trato con los demás, siempre debe
primar la razón, ya que nuestra voluntad por si misma es indiferente a
las rectas relaciones humanas si no se educa, y ésta se inclina más al
lado del error que del bien, resultando ser ciega, es decir que es
totalmente impulsada por actos de nuestro subconsciente.
Por eso
necesitamos de las luces del entendimiento, mediante el desenvolvimiento
de la observación de nuestra conducta, que nos permite dirigirnos en
rectitud hacia el bien.
Así,
pues, para tener una perfecta voluntad, se requerirá ser un Cristo
Desenvuelto y para esto están las observaciones de las consideraciones,
que nos han de llevar a la obediencia y vivir en nuestra “ermita
interior” permanentemente, la que debe estar despoblada de todas las
malas acciones del “yo personal” y solo así, salir a prestar servicio.
De esta
forma nos libraremos de la falta de comprensión y del pensamiento
negativo, y por esta causa nos alejaremos de las inclinaciones
instintivas como las malas palabras y el mal proceder.
Todo
esto, nos lleva a vivir de forma recta, sin doble intenciones y
generando curvas en lo que debe estar derecho. La rectitud obediente es
el madero al que se debe asir el verdadero Estudiante Espiritual, madero
que es la Santa Obediencia.
Veamos
en las palabras del Maestro Jesús, esta conducta Cristica, donde nos
señala lo siguiente; “Proles de víboras, ¿Cómo pueden hablar cosas
buenas cuando son inicuos? Porque de la abundancia del corazón habla la
boca”. Es aquí en donde más que en ninguna otra palabra del Maestro,
podemos apreciar la firmeza de sus dichos, ya que al decir “prole”, está
refiriéndose, al conjunto de personas que tienen algún tipo de relación
entre si, y que son de conducta contraria a la igualdad de ánimo y de
bondadosa templanza y que no tienen como conducta dejarse guiar, o
fallar por la conciencia en apego al buen discernimiento.
Cuando
dice “víbora”, se refiere al proceder de algunas personas con tendencias
a las malas intenciones y de “lengua venenosa”, cuyo veneno procede de
la abundancia de “arquetipos-negativos”, alojados en el subconsciente y
que determinan su conducta en todo lo que hacen, dicen y hablan. Nos
sigue diciendo; “El hombre bueno, de su buen tesoro envía cosas buenas;
mientras que el hombre inicuo, de su tesoro inicuo envía cosas inicuas”.
Aquí señala a aquel que tiene bondad y que posee disposición de ánimo,
que lo mueve a dar a cada uno, lo que se merece, en conformidad a la
abundancia de bien que le es asegurado obtener, gracias a su obediente
Conducta Cristica, ya que quien viva en su Cristo, obtiene de éste, todo
el haber de toda cosa buena acumulada, y que posee en abundancia, sin
embargo aquel que no vive en su Cristo, posee cosas en abundancia, pero
que no son útiles en el sendero, por no estar libre y exentas de toda la
mezcla de otra cosa que no sea LA CONCIENCIA CRISTICA.
Le
conviene mucho al estudiante espiritual, estar en observación constante
de las reglas o consideraciones, que son ejercicios espirituales, que a
modo de examinar la conciencia, mediante la meditación y la
contemplación, vienen a ser como el ejercicio físico lo es para el
cuerpo, que de tanto entrenar en las destrezas que le son sugeridas,
para el desarrollo muscular, logra aumentar la fuerza y la voluntad, que
le permitirá al candidato más adelante, responder prontamente para todo
aquello en que se le requiera, pero con aquel entrenamiento por aval.
Así
mismo, las consideraciones o ejercicios espirituales preparan y disponen
al Discípulo, para quitar de si todas las afecciones, inarmónicas que lo
aquejan y después de quitadas, se está en disposición para buscar y
hallar la Voluntad Divina, en la disposición de su vida para la salud
del alma.
Por eso,
aquel que tiene buena disposición a cumplir la voluntad de quien le
sugiere las consideraciones, para su buen desempeño en el transitar por
el sendero y que puede ser su facilitador o prior, es la medida que
permitirá determinar, si es buen candidato para pastorear en pureza, los
rebaños de Dios, cuando la vida así se lo ofrezca, ya que si considera
que la autoridad es un medio, que tiene envergadura real y respeta
totalmente a las personas que están a su mando o pudieran estarlo en un
futuro próximo, realizándolo en apego a la democracia en su estado puro,
entonces podemos decir, que es autoridad autentica y dadora, porque está
llena de riqueza y fuerza.
Se debe
considerar el trato interno, ese que nosotros mismos tenemos con
nuestras propias actitudes, en donde debe primar la cordura y la buena
razón, ya que de otra forma estaremos en el ejercicio del autoritarismo
y si tenemos a cargo el santo oficio de pastorear el rebaño de Dios,
podemos destruir lo que en años la vida a realizado con esmero, al
escoger las almas para su realización y si se considera el mando como un
fin en si mismo, todo puede destruirse a causa de esta necesidad de
dominar, ya que ese mando, viene a representar para quien lo padece, la
seguridad interior y es cruel y rechazará toda discusión de su dominio.
Si se
entiende bien esto, entonces podemos hacernos en el buen ánimo de
considerar vivir en obediencia, ya que sólo así, se destituye el dominio
del “yo personal”, sin olvidar estar poseído de la alegría.
Para
nuestro entendimiento tenemos las siguientes palabras del Maestro Jesús
que nos dice; “El discípulo no es superior a su maestro, ni el esclavo
superior a su señor”. Es decir, que aquel que aprende una enseñanza
deberá seguir las reglas o consideraciones de quien enseña, no
importando que se sienta mayor o superior a éste, ya que la distancia
que hay entre el discípulo y el Maestro, no se mide en medida humana,
sino en eternidades, las que no son visibles al “yo personal”, y no hay
forma de superarla, por lo tanto en conformidad a la “Santa Obediencia”,
las palabras del Maestro se han de seguir y respetar, aun cundo se viva
en tiempos muy posteriores a cuando las estableció.
Así, que
en cuanto a vivir en conformidad a la “Santa Obediencia”, dice Jesús;
“Le basta al discípulo llegar a ser como su maestro, y al esclavo como
su señor”. He ahí la regla de oro en las consideraciones, todo lo demás
tómese como actividad y reclamo del “yo personal”, que no ha de
considerarse, a menos que se someta al purgante que el alma tiene para
estos estertores del ego, LA MUERTE PSICOLÓGICA.
Téngase
presente que la Santa Obediencia, es aquella en la que se está libre de
la culpa que pueda venir del “yo personal”, por vivir consagrado al
servicio, ya que ésta, viene al no tener ese “eco interno”, que es a
modo de velamen que hace navegar en silencio, en un mar embravecido,
aquel mar que les resulta a todos aquellos que pretenden salir de la
tierra del engaño y la ilusión, osando ir a la otra orilla, en donde se
mantendrán a salvo por siempre, siguiendo el fuerte impulso del alma que
los alienta a Dios, siendo su barca la Conciencia Cristica y su timón,
la Santa Obediencia.
Por eso
Jesús nos dice; “Si alguien quiere venir en pos de mi, repúdiese a si
mismo y tome su madero de tormento y sígame de continuo”. Es que si
alguien quiere lograr la Conciencia Cristica, debe ir, detrás de su
Cristo, en la acción y efecto de renunciar a los hábitos del mundo,
olvidándose de su “yo personal” y así, tome su pieza de “madera” o los
ejercicios de la Santa Obediencia”, que están destinados a la
construcción de un estado de conciencia, apegado a la firmeza de
propósito, en esta Aspiración Divina, y de esa forma genere molestias al
ego, hasta lograr que éste, sólo esté al servicio de la Magna Presencia
de Dios “Yo Soy”, en forma constante y perseverante.
“No a de
olvidar el estudiante, que siempre es tiempo de obedecer, cuando se está
al firme resguardo de quien solo aspira a dejaros en las puertas de
Dios, en cuyos mandatos ha de procurar ir, porque estos son como las
espinas del rosal, que protegen a la rosa, hasta que airosa en el cielo
se abra, en el jardín del creador, perfumando eternamente, ya que a
medida que la rosa asciende, éstas espinas ya no se justifican,
haciéndose cada vez más débiles, hasta ser una simple hoja depuesta, ya
que su finalidad es que la rosa, se abra al creador y no que las espinas
permanezcan”.
En la
Santa Obediencia, tiene el discípulo su mejor aliado, ya que de esta
forma es investido con aquel habito invisible de la otra virtud que le
antecede, pero que sólo con la obediencia activa, le es dada al alma,
vestir al candidato, y esta es la humildad. Jesús nos dice; “Porque el
que quiera salvar su alma, la perderá; pero el que pierda su alma por
causa de mi, la hallará”. Esto es, que si buscas la Conciencia Cristica,
con doble intención y bajo los intereses propios del “yo personal” y
para librarse del riesgo de perder la Gloria y la Buenaventura Eterna,
además para poner en seguro su propia alma, olvidándose de los demás,
entonces esta misma actitud inegoísta, que no está en armonía con todo,
lo dejará desprovisto de tener aquello que poesía, su derecho a la
Gloria y la Buenaventura Eterna, siendo esto, la culpa solo de su
poseedor.
Pero
renunciando a la Gloria y Buenaventura Eterna del Cristo totalmente
desenvuelto, por alcanzar a otros a esta orilla de salvación, obtendrá
esta gloria sin buscarla y entonces el cielo le dará el galardón de
obtener la Gloria Eterna, y será elevado por los aires en un carro de
fuego blanco, en la victoria de la Ascensión.
Todo
esto, solo puede ser el resultado de un candidato al sendero, que
postrado en Santa Obediencia, viva en su ermita interior, desprovisto de
todo, salvo de su Conciencia Cristica, en donde ha de hallar refugio y
buen sostenimiento a todo lo que le depara el transitar tan encumbrado y
difícil sendero, de frutos dulces para el alma y de sin sabores para el
“yo personal”.
Viviendo
en Santa Obediencia, se tiene garantizada la entrada a los asuntos
propios del alma, pues, ésta traza una ruta invisible entre el candidato
y la morada, en donde Santos y Ángeles y aquellos que logran la
bienaventuranza, gozan de la Presencia de Dios Yo Soy el Absoluto,
ministrándole Paz y Provisión de todo lo que le sea necesario para
sostenerse en su Divino Propósito y es así, de este modo, como el cielo
responde al candidato.
En esta
Santa Obediencia se vive en continua ascética y en contraposición a uno
de los enemigo del alma, el mundo, a modo de resguardo de tan preciado
tesoro, el Santo Ser Cristico.
Resuenan
en los éteres de la tierra las palabras del Maestro Jesús, aunándose a
este resguardo, con la fuerza de mil truenos, preguntándonos
directamente a fin de que nos movamos con firmeza a desenvolver nuestro
Cristo; “Porque ¿de qué provecho le será al hombre si gana todo el
mundo, pero lo paga con perder su alma?”
No
olvides que la Santa Obediencia, viene a ser como un yugo, que es ese
“madero de tormento”, del que nos habla Jesús, que hay que tomar para
que forme yunta uniendo la Voluntad Divina con la humana, en donde se ha
de sujetar el sagrado pértigo, que es la humildad, y de esa forma
seremos guiado por el firme timón de nuestra Presencia “Yo Soy”, la que
vistiéndonos con la inconsútil túnica de la renuncia, aquella sin
costuras, nos dejará a las puertas del cielo.
Esto es
en respuesta al Maestro Jesús, cuando nos pregunta; “O ¿que dará el
hombre en cambio por su alma?”. Entonces, nuevamente diremos con toda
nuestra disposición en resuelta renuncia y sagrada convivencia, con los
asuntos del alma, viviendo en Santa Obediencia a nuestro Cristo, a los
Santos Maestros y a Dios, “Padre mió, efectúese tu voluntad”.
VOTOS DE SILENCIO
Por: Fernando
Castro.
Santiago de Chile, 18 de febrero de 2008.
La abstinencia de hablar,
viene a ser el voto simple, promesa hecha a Dios, sin la solemnidad
exterior, es la suplica ferviente pero desprendida de su fruto de
obtener una gracia.
Esta abstención de hablar es para que solo se exprese la Divinidad en
uno, pues, cuando se vive descalzado, es este silencio el alimento del
alma, retiro exquisito a los aposentos internos, desde donde se puede
apreciar su majestad y gloria, en todas sus criaturas, donde el ser
externo no puede proferir palabras para darse a entender ya que esto
rompe el trato de silencio entre el candidato al Sendero Espiritual y
Dios, trato de mantener sellados los labios en señal de renuncia al
mundo, en donde el bullicio atormenta al alma, que de continuo quiere
estar alabando a Dios, en su altar diamantino, donde el Fuego Sagrado
Arde Eternamente.
El fuego de la pasión de
la mente nos hacer ver las cosas como las cosas no son, y este es
apagado por el silencio inteligente y observante, ya que solo así se
puede extraer de las cosas, lo que verdaderamente las cosas son y que el
silencio viene a denotar sagradamente.
Se ha de cuidar siempre
las palabras que de la boca salen, porque en ellas están grabadas lo que
en el corazón tenemos y esto puede ser, terquedad y obstinación, tanto
como aquellas opiniones inquebrantables que obedecen a lo que podríamos
llamar “calambres mentales”, que nos hacen vivir poseído, por una
opinión exclusiva, por prevención y por un prejuicio, que se convierte
en un clavo metido en la mente, dejándonos ciego a todo lo demás, y con
gran parte del cerebro dormido, lo que nos resta lucidez, dejándonos
enteramente en obscuridad, sin la Luz de nuestro Santo Cristo.
Así Jesús nos advierte
de esto, diciéndonos; “No lo que entra por la boca contamina al hombre;
pero lo que procede de la boca, eso es lo que contamina al hombre”.
Cuando se vive en
penitencia de los votos de silencio, no se ha de hablar nada
prácticamente durante todo el día. Y si la labor diaria implica
romperlos, que nuestra voz sea muy baja y carente de soberbia.
También es licito romper
este voto para los cantos de alabanza, servicios y decretos a Dios, así
el sonido que el aire expele de los pulmones, sea encendido por el Santo
Aliento, dándole a la voz la dulzura necesaria para bendecir en bien
todo lo que con ella se indique.
En la sana ejecución de
los votos de silencio, se permite que la voz de la conciencia nos hable,
trayendo la inspiración del cielo que nos inclina al bien.
El silencio santo es
aquel en donde se está en total armonía con todo, dejando al ser externo
depuesto y con la atención puesta solo en el Cristo, y acallada la voz,
que libre de culpa permite que solo la voz del cielo se escuche.
Por eso dice la vida;
“Que la voz del silencio escuche aquel que acallada la voz permanezca
con los labios sellados, en donde la palabra ponzoñosa jamás surja, para
herir de gravedad a la vida, sino que más bien more en ese santuario
donde en silencio se venera de continuo la Gloria del Altísimo, en una
practica piadosa no obligada por nada más que el amor y fervor que se
tiene en prontitud de animo, dispuesto a dar culto interno a Dios y
hacer su Santa Voluntad”.
Solo cuando se vive en
santa obediencia, se puede tomar los votos de silencio, ya que este
silencio es el que permite deponer la cabeza y doblar las rodillas en
señal de acatamiento y subordinación manifiesta con la palabra y la
acción, a la Conciencia Cristica.
Recuérdese siempre que
el silencio más que la abstención de hablar, es una pausa musical del
alma, dedicada por entero a la Fuente Suprema de Todo, pausa que se suma
al buen orden y disposición de las cosas en la Creación.
Y en ésta consideración
a de conducirse el candidato al Sendero Espiritual, montado firmemente
en estos votos de silencio, que le darán de seguro aquella capacidad de
comprensión y desprendimiento de si mismo, aportándole serenidad. Así su
conciencia será como un cielo despejado de nubes, porque así la vida
observará con mayor esmero su renuncia a causa de sus votos, ya que no
se puede decir que un discípulo a alcanzado la serenidad, mientras se
conceda a si mismo la menor importancia.
Ya que ésta serenidad
proviene del inmenso e insondable universo, y es esa fuerza intima que
manifiesta ausencia de exigencia internas y que todos llevamos como
fuente inagotable en nuestro corazón, que nos hace de genio apacible,
sosegado y sin turbación física o moral.
Por lo que en cada paso
que se de, contémplese el santo silencio que nos permitirá avanzar en
nuestro propósito de ser un servidor de Dios, sereno, totalmente
despejado de esas nubes negativas que provienen de nuestro “yo
personal”, apartándonos de su niebla engañosa y que enreda el habla.
Porque de ésta serenidad
del silencio, depende el armonioso funcionamiento de nuestra mente, la
que liberada de sus escorias como son los complejos y represiones que
llevamos en el subconsciente, podemos abocarnos a la identificación
mental y afectiva, con el estado de ánimo de otro requisito fundamental
para prestar servicio a la humanidad.
Ya que la serenidad
abarca la totalidad de las cosas y concede a los hechos su justo valor.
Todo esto ha de estar
cubierto por la sinceridad, para que el alma exprese sin el menor
disimulo sus sentimientos, sus virtudes y deseos de ensanchar los bordes
del reino de Dios.
En santo silencio
seremos los soldados voluntarios, aquellos que libremente se alistan al
servicio de Dios, enarbolando el estandarte del valor, pobreza interna y
castidad, como amenaza al yo personal, obligándolo a deponerse en santa
sumisión al Cristo, por la razón o la fuerza.
Para vivir en votos de
silencio es preciso tener como virtud adquirida del Cristo, el valor.
La pronta observación y el silencioso ejercicio espiritual y deponerse
en sumisión a la Conciencia Cristica, es para evitar que el ego, que
siempre procura estar en escena, aparentado y produciendo efecto, sea
llamado a servirle en rendida actitud a la Presencia de Dios “Yo Soy”
por siempre, hasta alcanzar su gloria.
Solo así, se puede decir
que se camina en total renuncia, descalzado de todo, especialmente de
aquel delirio de grandeza que en pequeña escala, el de caminar vanidoso,
se procura por darse importancia y que es nuestro “yo personal”, que se
viste de títulos, condecoraciones y presume de hazañazas y relaciones,
que al mundo impresionan y avergüenzan el alma.
Por eso Jesús nos
advierte, diciéndonos al respecto; “El que se ensalce será humillado, y
el que se humille será ensalzado”. Todo aquel que actué con arrogancia y
presunción, procurando estar siempre en escena, preocupado de brillar
ante los demás y ávido de admiración, haciéndose ver más grande de lo
que es, la vida se encargará de abatirle el orgullo y la altivez, por
que nadie es más grande que Dios. Sin embargo a aquel que se conduzca
con la cabeza inclinada en señal de sumisión y acatamiento, la vida lo
engrandecerá, elevándole a grado superior.
En el santo silencio se
puede construir por medio de la observación una recta razón y adquirir
el conocimiento práctico de lo que debemos hacer o decir, sostenido en
el recto actuar, en donde este actuar no se inclina ni hace curvas,
manteniendo intachable la conducta. Ya que el discípulo recto y leal es
noble, equilibrado, generoso e inteligente. Y sus acciones están guiadas
por el respeto de si mismo y de los demás.
La rectitud puede tener
muchas caras y es aquí en donde los votos de silencio nos protegen
mediante la contemplación de nuestra Conciencia Cristica, de no caer en
la severidad, pues, algunas veces encubre una inteligencia de poco
mérito, donde falta el Segundo Aspecto Sabiduría, con radiación del
Tercer Aspecto de Dios, Amor, convirtiéndose esta rectitud en rigidez o
falsa atención y consideración, perdiendo el cuidado con que se dice o
hace algo.
Entonces viene la voz
interna que nos advierte y nos dice; que siempre las más hermosas
cualidades tienen siempre su reverso negativo, que contribuye a resaltar
su encanto, pero que en el servicio a los demás este reverso debe
desaparecer del discípulo, mediante el conocimiento de si mismo.
Así que, bendito sea el
que permanezca en santo silencio, hermosa pausa musical en el encuentro
con la Divina y Toda Poderosa Presencia de Dios “Yo Soy”. Por eso, Jesús
nos dice; “Les digo que de todo dicho ocioso que hablen los hombres
rendirán cuenta en el día del Juicio; porque por tus palabras serás
declarado justo, y por tus palabras serás condenado”. Esto es, que por
cada una de la palabra, con que nos expresamos oralmente y lanzamos
nuestros conceptos, que están arraigados en nuestro subconsciente y que
mencionamos antes o en el momento, que son inútiles, que carecen de
frutos o provecho y que no poseen sustancia de ninguna índole. Se nos
dará o restituirá aquello de lo que nos habíamos desposeídos, mediante
cada una de las palabras que conforman nuestro discurso habitual y que
son negativas. Entonces la vida en arreglo y conformidad al Principio de
causa y Efecto, nos juzgará en el mismo tiempo en que la tierra emplea
en dar la vuelta en su propio eje, de acuerdo a la faculta de la
Conciencia Cristica, que todos los seres humanos poseemos y podemos
distinguir entre el bien y el mal, lo verdadero de lo falso.
Así seremos expuestos de
manifiesto en público, de que obramos en justicia y razón o seremos
condenado a las penas eternas de los Principios Universales, que se Irán
cumpliendo de acuerdo a nuestros dichos uno por uno, hasta que los
comprendamos y vivamos en conformidad a ellos.
Aquel que en el
ejercicio de los votos de silencio viva, permitirá que su cuerpo, sea el
templo viviente donde arda el Fuego Eterno, en total carencia de ruido,
a fin que solo la Luz del Santo Cristo, lo ilumine, siéndole común a
todos, para que así, cualquiera sacie su sed de amor compasivo y
perdonador en él.
Este silencio otorgará
al discípulo el trato recto que le es necesario para con sus semejantes
y lo pondrá a los pies del Maestro, que ha de conducirlo de las
tinieblas a la Luz.
Por eso Jesús nos dice;
“Felices los de genio apacible, puesto que ellos heredarán la tierra”.
Que aquel que tiene felicidad, o vive en un permanente estado de
felicidad o causa felicidad, tendrá por disposición divina y
testamentaria de Dios, su Voluntad que es el bien para él, lo colmará de
riquezas como nunca jamás pensó tener, además que todo lo que le pida
Él, se lo manifestará.
El voto de santo
silencio, es aquel silencio nutritivo que está libre de toda culpa y no
ejerce juicio sobre ninguna criatura de la tierra, ya que tiene la
facultad de hacer cambiar de aspecto interno y externo al que lo asuma,
convirtiéndolo en un servidor manso, dulce y agradable en la condición y
en el trato.
Sólo en el silencio el
discípulo puede escuchar la voz que proviene desde las alturas y que
baja como un tejido delgado y transparente de seda, y que el Santo
Cristo Propio, le proporciona, insuflándole de la Paz del Gran
Confortador.
Por eso Jesús nos dice;
“Felices son los pacíficos, puesto que ha ellos se les llamará hijos de
Dios”. Que los que tienen felicidad y causan felicidad y son sosegados,
que no provocan luchas y ya no hacen esfuerzo para resistir a una fuerza
hostil, o para subsistir y mucho menos viven en la discordia, a estos se
le llamará justos o los que están en gracia con el Hacedor del Universo.
Así como el silencio
otorga, así también, quien en votos de silencio vive, concede a Dios su
vida, para que solo Él, sea quien se manifieste en todo y se lleve toda
la gloria por siempre.
No olvide el buen
candidato que existen dos tipos de silencio al que debe saber atender,
para cuidarse de estos; uno es ese silencio lleno de susceptibilidad,
que aun cuando alguien que lo manifieste y aparentemente guarde un
recatado “silencio”, haciéndose ver como tolerante, cuando en el fondo
bulle de rencor, odio y de debilidad haciéndose bullicioso, sin que
gesticule palabra alguna, rompiendo la unidad en donde se encuentre,
entonces más que control tenemos una muestra de debilidad y de
sentimientos de inferioridad.
De este silencio se ha
de cuidar el discípulo, ya que este hiere, puesto que es un silencio
picajoso, que fácilmente se pica o da por ofendido, es la
susceptibilidad consumiendo la armonía del ser, ya que aquel que la
padece, sufre de autoritarismo que lo corroe, cuyas bases son la
impotencia y la debilidad.
Esto sucede porque se
vive en el temor de que se descubra como se es en realidad, al margen de
lo que se parece ser, es vivir en la aridez del “yo personal” y no
querer salir de este dominio, permaneciendo en un silencio seco y
estéril.
Salomón, el sabio nos
dice; “El que aparta su oído de oír la ley…hasta su oración es cosa
detestable”.
A diferencia del santo
silencio, que es grato, placentero y deleitable, que provoca asirse a
quien lo manifieste.
¿Como podemos escapar de
este silencio seco y estéril?
Mediante los ejercicios
espirituales de humildad, obediencia, pobreza interna y silencio, en
estos está garantizada la victoria, por medio del descubrimiento de las
debilidades y de ésta forma superarlas, ya que en cuanto un hombre se
desprende de sus debilidades llega al equilibrio claro en el
razonamiento y en sus expresiones, desaparece para siempre toda sombra
de la susceptibilidad.
El otro silencio que ha
de cuidarse el discípulo, es aquel del mutismo, que es cuando la persona
guarda silencio, aunque sus centros del lenguaje y los órganos de la
palabra no hayan sufrido ninguna lesión orgánica, persiste en quedarse
en silencio. Es evidente que muchos mutismos son voluntarios; miedo a
comprometerse, por ejemplo, y esto no es compatible con aquel que aspira
a ingresar al Sendero Espiritual, donde la recta conducta y el amor son
uno de los requisitos por cumplir y desenvolver, por lo tanto el
aspirante ha de saber expresar y comunicar su postura y opinión, de
acuerdo a su sano juicio, comprometiéndose con la vida y sus expresiones
de bien.
También encontramos el
mutismo en la timidez; en estos casos se debe a una inhibición emotiva,
la que se puede eliminar si se desenvuelve el Tercer Aspecto de Dios,
Amor.
Al tomar los votos de
silencio, estás también en la Práctica de la Presencia de Dios, que hace
el contraste experimental entre saber teóricamente que llevas a Dios por
dentro y vivirlo realmente.
El santo silencio lleva
por compañía la serenidad y ésta a la placidez, que provoca un transitar
quieto, sosegado y sin perturbaciones, pronto regalo del Cristo, ya que
si no se va en busca de su desenvolvimiento, éste estado no viene,
porque no se puede concebirse la serenidad sin comprensión y
desprendimiento de si mismo.
No puede decirse que un
discípulo tiene serenidad mientras se conceda a si mismo la menor
importancia, ya que ésta proviene de la Conciencia Cristica desenvuelta
y de la ausencia de exigencias del “yo personal”, es vivir totalmente
depuesto.
En este santo silencio
se ha de vivir totalmente con la cabeza declinada con aquella prenda de
vestir única que cubre la cabeza y el rostro, de tela cruda que impida
el lucimiento de nada que no sea la luz de Dios, que nos lleve siempre
por la senda de la rectitud, siendo leal y noble, para que nuestras
acciones estén guiadas por el respeto de si mismo y de los demás.
Jesús nos dice; “Así
mismo resplandezca la luz de ustedes delante de los hombres, para que
ellos vean sus obras excelentes y den gloria al padre de ustedes que
está en los cielos”. Que al vivir en Conciencia Cristica, despidamos de
éste mediante nuestra actitud de acallar al ser externo, los Siete
Aspectos de Dios y reflejemos en nuestro rostro, gran alegría y
satisfacción, por vivir en la Luz de Dios, que hace visible todo el bien
y sea mostrada a los demás la virtud y el poder de su Enseñanza, por
obra del Espíritu Santo en nosotros y esto le de la majestad, esplendor
y magnificencia sólo a Él, de quien es toda la gloria por siempre.
Venga a ti el dulce
sentir de vivir en Dios, rendido y declinado, abandonando la posición
que toma por propia el “yo personal” que es la vertical y puesto
voluntariamente en posición horizontal en el suelo, apoyando la frente y
humillándose ante la grandeza de Dios, en señal de veneración, digas con
vuestro voto de silencio, que de ahora en adelante su imperturbable voz
será la tuya.
LA SANTA HUMILDAD
Y
LOS GRADOS PARA ALCANZARLA
Por: Fernando Castro.
Santiago de Chile, 12 de enero de 2008.
“Quien viva con el rostro
elevado a Dios y con la cabeza declinada a la tierra, tendrá entonces el
galardón de la Santa Humildad como premio, premio que se le otorgará en
el silencio del alma y en la intima relación con lo Divino, sin que
ninguna de estas acciones sea visible para hombre alguno, salvo por el
grado de darse por entero a los demás, aunque en esto la vida se le
fuera. Su consuelo sea el amor inmenso que le confortará en la soledad
de quien se sabe en las manos del creador y con el corazón apuntando más
allá de los confines del universo, sea esta su razón de vivir, Pero de
lo que no ha de olvidarse jamás, es el de despojarse de si mismo y vivir
así, constantemente, moldeado por la mano invisible del creador, en cuya
voluntad ha de permanecer asido para siempre”.
Primer Grado
Conocerse a si mismo
Este es el primer paso
para alcanzar la humildad, que consiste en conocer profundamente la
verdad de uno mismo. Ya los griegos antiguos ponían como gran meta el
aforismo: “Conócete a ti mismo”. Sin humildad no hay conocimiento de si
mismo y, por lo tanto, falta de sabiduría.
Es importante en la
acción de conocerse a si mismo trabajar el mecanismo de la “negación”
tan frecuente en la psicología humana que le impide reconocer sus
fallas, adjudicándoselas a otros, esto despierta el “orgullo” que se
niega a aceptar los errores cometidos. Aquí es necesario un examen de
conciencia honesto. Para ello: primero pedir ayuda al Santo Cristo
Propio, luego mirar ordenadamente los hechos vividos, los hábitos o
costumbres que se han enraizados más en la propia vida, pereza,
desorden, celos, agresividad y otras actitudes Anticristicas.
Es vivir pegado a la
cruz y coronado de una real corona de espinas a modo de examinar la
conciencia, como quien se ejercita físicamente para lograr la
musculatura que le permita logros físicos dignos de un atleta, así, tú
serás el atleta de lo interno cuya musculatura a desarrollar, serán las
virtudes del alma en lo externo, permitiendo que florezcan airosas al
viento y al cielo, remontándose luego en un vuelo de luz al creador.
Segundo grado
Aceptarse
Una vez que se ha
conseguido un leve conocimiento de uno mismo, viene el segundo escalón
de la humildad: que es aceptar la propia realidad.
Aquí hay que considerar
que resulta difícil muchas veces aceptar la propia realidad, de lo que
se es, porque la soberbia se revela cuando la realidad es fea o
defectuosa, y que sin esta revelación no seria posible cambiar el
defecto que afea la Radiación Cristica al ser externo, pero que no se
debe tomar como algo permanente, puesto, que sale a la luz de la
conciencia para ser quemada, redimida y sublimada a las bellezas y
virtudes del alma, para que bien florida se vaya al altar de Dios.
Entonces de lo que se
debe cuidar, quien padezca estos males, es de la envidia de los logros
de otros, así, como el rechazo que le venga de todo lo que unifique, ya
que siendo esto la ante-sala de la propia destrucción, es posible
librarse de esto, manteniéndose en la firmeza de propósito, que mora
dentro de uno y que es a modo de timón en estas estrecheses oscuras, que
padece el alma, aun cuando por soberbia nunca se de cuenta de esto,
quien padezca tan ensordecedor mal.
No olvides que aceptarse
no es resignarse ya que una vez que haz descubierto tus faltas, errores
y limitaciones sabrás contra qué luchar, lo que facilita el cambio a una
realización interior, así tu desenvolvimiento como un Cristo te
sobrevendrá con la tibieza de una brisa y con la fuerza de un tifón.
Tercer grado
Olvido de si mismo
El orgullo y la soberbia
llevan a que el pensamiento y la imaginación giren en torno “al propio
yo personal” y el olvido de si mismo implica morir psicológicamente,
asunto que muy pocos llegan a este nivel, por lo tanto se debe evitar
vivir y estar pensando en si mismo, esto no necesariamente es pensar
bien de uno, sino que también es estar “dándole vuelta” a los problemas
personales. Recuerda que el pensar demasiado en uno mismo negativamente
es compatible con saberse poca cosa, y el problema consiste en que se
encuentra un cierto gusto el estar siempre quejándose, y sentir incluso
placer en la lamentación de los propios problemas.
Esto parece ser algo
impropio en la psique humana, pero es más frecuente de lo que se cree,
ya que todos los males que te puedan sobrevenir, ingresarán a través de
que te sientas triste, que encuentres un cierto goce en estar amargado,
recuerda que aquí también esta disfrazada la vanidad, pero no es por la
tristeza misma, sino por pensar en si mismo, en llamar la atención.
Cuarto grado
Darse por entero
Este es el grado más
alto de la humildad, porque más que superar cosas negativas, se trata de
vivir en el amor compasivo y en el amor unitario, donde toda parte de la
vida se es uno mismo. En este nivel la humildad y el amor compasivo se
llevan uno al otro, ha vivir en el Estado de Conciencia Primigenio, el
que se tenia cuando en el Seno de Dios Permanecíamos Todos.
En este grado se han ido
subiendo los escalones anteriores, ha mejorado el conocimiento propio,
la aceptación de la realidad y la superación del “yo personal”, como eje
de todos los pensamientos y sentimientos, se ha aprendido a liberarse de
la esclavitud de la soberbia, ya se es capaz de querer a los demás por
si mismos, y no solo por el provecho que se pueda extraer del trato de
ellos.
“Así, estarás mirando al cielo, rendido con la cabeza declinada, pero
con la actitud compasiva de ser tú el peor de todos, quien está
dispuesto a calzar las sandalias de la renuncia, hechas del cáñamo que
brota del mismo corazón y que se va trenzando a tus pies, en señal clara
que te has descalzado en la tierra y que caminas vestido con la seda de
todas las seda, la Santa Humildad”. |