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LOS VOTOS

 

FERNANDO CASTRO

VIVIENDO EN SANTA CARIDAD

Por: Fernando Castro.
Santiago de Chile, 03 de Marzo de 2008

Quien quiera vivir en santa caridad ha de vivir de continuo en la Practica de la Presencia de Dios, amando ésta Presencia por sobre todas la cosas y a los demás como así mismo.

Tener amor a algo o a alguien pasa por ser conciente de si mismo y esto debe ser el resultado de un análisis psicológico que traiga a la conciencia los acontecimientos bloqueados en el subconsciente. Ya que de este modo nos enteraremos de las desviaciones internas que aprisionan la personalidad e impiden la voluntad.

Conocernos a nosotros mismos nos ayuda a dar a los demás aquella asistencia justa, clara y a la vez espontánea, impidiendo que comencemos a practicar esa seudo-espiritualidad en donde nos mostremos llenos de las cualidades de un Cristo Despierto, sin serlo, falseando la caridad, por vanidad.

No olvidemos que la caridad es una virtud Cristica, opuesta a la envidia y a la animadversión, aquel enojo y mala voluntad contra la humanidad, que impide la identificación mental y afectiva con el sufrimiento de ésta, privándola del auxilio que necesita.

Por lo tanto la santa caridad está en justicia y razón con la unidad, la que no se puede jamás privar o negársele a ninguna criatura sensible.

Así, el que aspira al Sendero Espiritual, deberá mantener una actitud solidaria con el sufrimiento ajeno y jamás nunca olvidar estas palabras del Maestro Jesús; “El que quiera llegar a ser grande entre ustedes tiene que ser ministro de ustedes, y el que quiera ser el primero entre ustedes tiene que ser esclavo de ustedes”. Esto significa que el quiera superar en tamaño, en importancia, o dotes de la Conciencia Cristica al común de los demás, sea entonces de abundante caridad, rendido, obediente y enamorado, así como sometido rigurosamente al deber de servir. Sea también, quien ministre en abundancia la enseñanza y destierre la ignorancia. Sólo así será excelente y grande, que sobresaldrá y excederá a otros en lo interior, por llevar totalmente desenvuelto el Cristo que lo hace corresponder a otros en santa caridad.
Para vivir en santa caridad no se tiene que estar dividido con el prisma del “yo personal” que permanece roto, destrozado, dividido en varias partes, ya que tan pronto obra una de las partes, obra otra. Aquel que obre a través de su prisma jamás actuara entera y libremente; estará sucesivamente gobernado por fuerzas internas que no provienen del Cristo, cuyo poder y cuya existencia misma ignora por completo ya que estas moran en la oscuridad.

Recuérdese que la caridad consiste en el amor desinteresado hacia los demás y en este hacer, se necesita estar liberado de si mismo y de sus prismas internos que deforman la Conciencia Cristica. La voluntad es una armonía poderosa y no una división que produzca contracción repentina y pasajera en su ser externo cada vez que se quiera servir a los demás. Muchos en la acción de dar creen hacerlo, pero nada hacen mientras se encuentran sometidos a deficiencias internas, aquellas que provienen del conjunto de complejos que en las profundidades del subconsciente moran. En el discípulo esto no puede suceder a pesar suyo, sin que él sepa ni como ni porque. Deberá dejar la tendencia de pensar y obrar sin ser conciente de si mismo ya que si no es conciente, está dormido, pero como esta dormido, ignora que lo está y ésta es la causa de todo su sufrimiento y el que provoca a los demás.

Debemos sostenernos en el mandamiento que Jesús nos da respecto del amor, cuando nos dice; “Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente”. Siendo Dios Yo Soy la Fuente Suprema de Todo, al amarlo por sobre todas las cosas, se esta amando todo lo que existe. Ese sentimiento supremo de amar a Dios implica toda tú naturaleza inferior junto con la naturaleza superior que mora en ti, unida en conformidad a este Aspecto Divino de Dios, el amor. Por eso Jesús continua diciendo, “este es el más grande y el primer mandamiento”. Viene a ser el mayor precepto u orden de lo superior a lo que debemos apegarnos, puesto que de hacerlo, la Santa Caridad con nosotros siempre permanecerá.

La caridad es este valor que no pertenece al campo de los sentidos, por ser de la apreciación del entendimiento o la razón humana, que al conducirse con discernimiento, provoca que la potencia del Cristo, virtud por la cual concibe las cosas, las compara, las juzga, e induce y deduce otras de las que ya conoce, puede apartarnos de las tinieblas y hacernos trillar de forma segura el sendero mediante la caridad.


LAS MIES TENDIDAS

El quebrantar la mies tendida, como la fe, la esperanza y caridad en este espacio de tierra limpia y firme, que es el Sendero Espiritual, podemos hacer el pan de cada día apetecible a los ojos de Dios.

Por eso Jesús, nos afirma que el segundo mandamiento es semejante al primero, al decirnos; “Tienes que amar a tu próximo como a ti mismo”. Para amar al próximo tenemos que amarnos a nosotros mismos con verdadero conocimiento de nosotros, ya que obramos todos a través de nuestro estado físico, emocional y mental, si nuestro estado de conciencia es bueno nuestras acciones serán buenas, y si nuestro estado de conciencia es potente, produciremos potentes acciones, que nos conducirán constructivamente en nuestro entorno y hacia los demás, depurando y reconstruyendo. En esto consiste este verdadero amor que es la caridad.

Jesús nos enseña a desenvolver el amor Cristico al decirnos; “Ámense unos a otros como yo los he amado”. Esto es amar sin distingo de ninguna clase, sin nada que separe o divida, es amarse totalmente en la unidad que proporciona el Cristo Desenvuelto, es el Amor Cristico en su máxima expresión.

Son tan importantes estos mandamientos de Jesús, que nos mandan a obrar en caridad o amor desinteresado hacia los demás que nos dice; “De estos dos mandamientos pende toda la Ley, y los profetas”. Que la regla y norma constante e invariable de las cosas, nacidas todas de LA CAUSA PRIMERA, DIOS y de aquellos que hablan en su nombre, ensanchando los bordes de su reino, por su inspiración, están suspendidas y subordinadas por la fuerza más grande que existe en toda la vasta creación, el AMOR.

Por lo tanto si no tienes esta poderosa fuerza cohesiva al ofrecer tu servicio o caridad a los demás, nada haces.

Pablo de tarso, unos de los apóstoles más activos de Jesús, nos dice; “el amor es sufrido y bondadoso”. Es decir que sufre con resignación, es una entrega voluntaria que se hace a alguien o a los demás, poniéndose al servicio. Tiene conformidad, tolerancia y paciencia en las adversidades y es confortador.

Por eso quien toma los votos de caridad y vive en conformidad al amor desinteresado, aquel que se da por virtud de amar a la Fuente Suprema de todo el Universo, vive en unidad.

San Pablo, nos sigue diciendo; “El amor no es celoso, no se vanagloria, no se hincha, no se porta indecentemente, no busca sus propios intereses, no se siente provocado. No lleva cuenta del daño”. Es decir que el amor no es una prisión, y una forma aguda de autoritarismo, que produzca desequilibrios. El amor no acapara, ya que el que sufre esta herida mortal cree amar, pero no hace sino buscar su propia seguridad interior.

El amor desinteresado no se jacta de su propio valer u obrar, no es desordenado y presuntuoso, ni mucho menos vano y presumido.

Quien viva en caridad no ofende, no es indecoroso y siempre su accionar es decente y no busca provecho, utilidad o ganancia. No incita o induce a los demás a que ejecuten algo en beneficio propio, tampoco irrita o estimula con palabras u obras para que los demás se enojen. No considera ni está en la acción de contar el efecto del daño que le pudieran realizar o hacen, porque tiene respeto a las ideas, creencias o practicas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

La caridad es aquella fuerza que llevamos dentro que produce el efecto cristico, por la que el discípulo que la desenvuelve pueda amar a Dios sobre toda las cosas. Es ese vigor o valor que también da potestad de obrar en amor hacia los demás.

Jesús nos dice; “Oyeron ustedes que se dijo: “Tienes que amar a tu próximo y odiar a tu enemigo’. Sin embargo, yo les digo: continúen amando a sus enemigos y orando por los que los persiguen; para que demuestren ser hijos de su Padre que está en los cielos, ya que él hace salir su sol sobre inicuos y buenos y hace llover sobre justos e injustos”. La ley dura de los hombres nos manda a sentir amor sólo por aquellos que nos aman y repudiar a todo aquel que supuestamente es nuestro enemigo. Pero aquí tenemos el llamado a desenvolver la Conciencia Cristica, para que surja el cambio rápido y profundo, que nos envié a un actuar lleno de compasión y caridad a la persona que nos tiene mala voluntad y que nos desea o hace el mal. También es una invitación a que en lo intimo, en nuestros ruegos a Dios o a sus Santos Maestros, nos acordarnos de ellos y pidamos misericordia. Así de esa forma estaremos demostrando que este cambio profundo en nuestro proceder, ha operado en nosotros la virtud de vivir en caridad, caridad que incluye a malvados e injustos, como así también a los de bondadosa templanza. Porque la Conciencia Cristica, es como el Padre Celestial que ama, ilumina y refresca a los que obran según justicia y razón, como a aquellos que no son justos o equitativos.

VIVIR EN SANTA CARIDAD


Para vivir en santa caridad hay que contemplar y realizar, los grados que nos han de llevar a la humildad, embebidos de la obediencia y dispuestos a vivir en votos de pobreza.

Humildad porque de esta forma podemos vivir abajados, poniendo el “yo personal” en el lugar inferior a aquel en que estaba y de esta forma darle gloria sólo a Dios.

Obediencia voluntaria y de conciencia, ya que es el único modo en que se produzca una verdadera transformación en el discípulo.

Y el voto de pobreza porque es una forma concreta de realizar la Conciencia Cristica y una practica radical de la Presencia de Dios.

En estos pasos del ejercicio espiritual que nos conducen a vivir en santa caridad, recordemos las palabras de Jesús, cuando nos señala la actitud correcta que se ha de tener en el Sendero; “Porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”. Todos aquellos que se engrandecen o exaltan a si mismos, haciéndose grande ante los demás, entonces la vida y su sabiduría le abatirá el orgullo y la altivez. Más aquel que se inclina ante la gloria de Dios, doblando la cabeza en señal de sumisión, renunciando al fuero que el propio “yo personal” se otorga, será engrandecido.

Jesús nos sigue dando las clave para vivir en santa caridad, diciendo; “Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos. Quizás alguna vez ellos también te inviten a ti en cambio, y esto llegue a ser tu pago correspondiente”. Ya que no habrá merito en tu vida si dispones todo tu esfuerzo en agradar a los que ya tienen y te aman, en eso no va la caridad, pues es más bien tu deber, que tu servicio a la vida, aun cuando te esfuerces por realizarlo.

Continua Jesús diciendo; “Pero cuando des un banquete, invita a los pobres a los lisiados a los cojos, a los ciegos; y serás feliz, porque ellos no tienen con qué pagártelo. Pues se te pagará en la resurrección de los justos”. Es una hermosa sugerencia para practicar la caridad y la unidad, yendo más allá de tu circulo familiar y de amistades, invitando a una comida donde los invitados sean muchas personas, pero de condición desdichada por no tener el sustento diario, o por ser infelices, debido a un impedimento físico, o sentando a tu mesa a los rechazados y juntos a ellos celebrar el acontecimiento más grande que ser humano pueda celebrar, la común unión en la Conciencia Cristica, lo que trae dicha y bienaventuranza, acción que te dejará a las puertas de la ascensión, por tu proceder que obra según justicia y razón.

Así ha de estar el que aspira al sendero, ligado por el voto más solemne de servir totalmente en desinterés personal, ni siquiera en grado mínimo de obtener para si mismo gloria o reconocimiento, porque el honor y gloria será por siempre para Dios.

La caridad y la paciencia deben ir juntas, ya que la paciencia es una expresión de sabiduría y la caridad una virtud interna de la Conciencia Cristica, que infunde en el ánimo un impulso afectivo, por lo que considérese a ambas como requisitos desenvueltos para servir con total desprendimiento de si mismo.

La paciencia es un efecto de la fuerza y de la lucidez y la caridad el poder y la potestad de obrar.

Esta será la medida del que aspira al sendero de servicio a la vida, por eso es importante recordar la ley que el Maestro Jesús nos señalará; “Por lo tanto, todas las cosas que quieren que los hombres les hagan, también ustedes de igual manera tienen que hacérselas a ellos; esto, de hecho, es lo que significan la ley y los profetas”. Si quieres respeto, cortesía, atención y buen modo, otórgalo primero tú, así serás tratado con excelente urbanidad. Esta es la regla y norma constante e invariable que no se debe olvidar jamás, menos aquel que aspire al Sendero Espiritual, ya que también es la ley que rige a todos aquellos que hablan o facilitan la Enseñanza.

Cuando se vive en las Practica de la Presencia de Dios, surge espontáneamente la caridad producto de la pureza del alma y de la confianza en si mismo y en los demás.

La caridad acoge, es opuesta a la tristeza o el pesar del bien ajeno, es un impulso a la unidad y destierra la animadversión.

Es el camino del discípulo de la Luz, que siempre lleva los brazos extendidos a los demás en señal de estar siempre presto al auxilio.

Por eso dice la vida que el sabio reposa en el amor y en la caridad, porque este reposo vital lo hace poderoso y aleja la mala voluntad contra alguien, posesionándolo también con la convicción de que todo saldrá bien, porque está protegido por este Aspecto de Dios desenvuelto, que se convierte en la esperanza de los desvalidos, la que baja de las alturas al corazón de los hombres, que dispuestos a expresar la santa caridad, la acogen para ser el medio humano por donde la Poderosa Presencia de Dios Yo Soy el Absoluto, se asoma a sus mundos.

 

VOTOS DE POBREZA

Por: Fernando Castro.
Santiago de Chile, 06 de Febrero de 2008.

Vivir en votos de pobreza es vivir sin poseer nada, no tener nada, asunto que no se debe confundir por carencia de recursos económicos, sino que es pobreza en el sentido de desprenderse de todo lo que nos dificulta realizar el trabajo de Dios, es ser libre, es estar sin ningún tipo de ataduras, en donde solo manifestemos que Dios es nuestra única riqueza.

Vivir realizando los votos de pobreza efectiva en nuestra vida, nos va liberando para llegar a la pobreza interna, aquella que es la ausencia de deseos, donde nuestra alma viva en la aspiración única por realizar el Propósito Divino, que todos alcancemos la otra orilla de la salvación, mediante el Plan Divino de Perfección para la tierra, aquel Plan, que los Maestros conocen y sirven, en cuyo trabajo debemos avocarnos desprendidamente de todo, salvo del fuego interno que nos a de dar el aliento constante en nuestra labor, aun cuando tengamos que vivir sólo de la fe en Dios, sin inquietarnos por nada, haciendo eco interno de las palabras del Maestro Jesús, que nos dice; “Sigan, pues, buscando primero el reino y la justicia de Dios, y todas estas otras cosas le serán añadidas”. Esto es vivir en continua obediencia y en votos de pobreza, realizando lo necesario para conseguir vivir enteramente en el territorio de Dios, sujetos a su Divina Voluntad, de esa forma su virtud suprema de justicia, nos dará lo que nos pertenece, dándonos incluso, más de lo que nos corresponde, produciéndonos un gozo intimo y celestial, debido a lo que nos añade de bien, para que completemos nuestra felicidad.

Continua diciendo Jesús; “Por lo tanto, nunca se inquieten acerca del día siguiente, porque el día siguiente, tendrá sus propias inquietudes”. Ya que esto nos trae desasosiego, falta de quietud que impedirá, que vivamos en la Practica de la Presencia de Dios, de continuo.

El voto de pobreza, de vivir sin nada propio, nos libra de la avidez de acumular, y nos ayuda a desprendernos psicológicamente de las cosas que merecemos, manteniendo a raya la codicia que viene a ser para el alma el cáncer que la corroerá. Por eso Jesús nos dice; “Suficiente para cada día su propia maldad”. Ya que el proceder sin la bondadosa templanza habitual, de la Conciencia Cristica Desenvuelta, nos lleva a la acción mala e injusta.

El voto de pobreza nos da la virtud de vivir al completo abandono en Dios, el que nos tendrá rebosantes de riquezas y aumentará lo que de abundancia tengamos como fruto, recordemos las palabras de Jesús, cuando nos hace reflexionar en el amor, de un buen padre que siente por su hijo, al preguntarnos; “De veras, ¿Quién es el hombre entre ustedes a quién su hijo pide pan…, no le dará una piedra, ¿verdad?”. Aquí el Maestro nos hace observar por correspondencia hacia arriba a Dios, a partir de nosotros mismos, para que en virtud de nuestro propio proceder veamos si en nuestro corazón está el dar todo aquello, que en general sirve para el sustento diario, a nuestros hijos, ya que sólo así, podremos tener la medida del amor de Dios, que tiene para con sus hijos los hombres, por eso, aquel que vive en votos de pobreza, vivirá de continuo en la observancia de esta virtud suprema, entonces sólo así, será capas de desprenderse de sus propias riquezas y ponerlas al servicio de los demás. Continua Jesús diciendo; “por lo tanto, si ustedes, aun que son inicuos, saben dar buenos regalos a sus hijos, ¡con cuanta más razón dará su Padre que está en los cielos cosas buenas a los que le piden!”.

Vivir desprendido de todo es libertad, libertad que debe estar al servicio de los demás, ya que en nuestra naturaleza humana somos malvados e injustos y de proceder torcido, cuando en la Luz de nuestro Cristo no vivimos, por lo que a la educación de esta naturaleza inferior debe abocarse el candidato al Sendero Espiritual, comenzando por descalzarse y en santa obediencia, tomar los votos de pobreza.

Vivir desprendido de todo es a modo de ejercicio continuo de nuestra conciencia, para conseguir no desviarnos de nuestro propósito, que es amar solo a Dios.

En esto el Maestro Jesús es muy enfático, al decir; “Nadie puede servir como esclavo a dos amos; u odiará al uno y amará al otro, o se apegará al uno y despreciará al otro”. Esto es, porque en nuestro proceder no somos capaces de dos amores, aun cuando así lo creamos, ya que en esta acción siempre se va a estar en deficiente entrega por falta de firmeza afectiva y sincera.

Por lo tanto quién los votos de pobreza tome, irá en firme ánimo de alcanzar estar fuertemente sometido, por voluntad y en forma obediente, enamoradamente a su único amo, el Señor de toda la creación, Dios Yo Soy el Absoluto.

Entonces, así dirá, de si mismo a partir del día en que los votos de pobreza tome; “yo el esclavo del señor, solo viviré para Él, desestimando y teniendo en poco, desdeñando todo aquello que me aparte de mi pobreza interna, porque desde ahora viviré con indiferente y desapegada actitud a la vida y sus riquezas”.

Jesús nos aclara diciendo; “No pueden ustedes servir como esclavos a Dios y a las riquezas”.

Estas riquezas de la vida, se han de cambiar por la abundancia de cualidades y atributos excelentes que provienen del alma, y éstas sólo pueden venir a perfumar a quién descalzo transite el empinado monte que ha de llevarlo a la renuncia, subiendo en pobreza interna y siendo NADA.

Porque, ¿Que aguante tendrá el candidato si no fuese sometido a los rigores del entrenamiento espiritual?

¿Qué tendrá finalmente en su vida si no se descalza?

Estas preguntas son las que queman al de débil propósito, aquel que tome para ensalzamiento de su yo personal, los votos de pobreza, porque el Fuego Sagrado, que vigila la entrada a la ermita interior, consume toda presunción de ser algo, ya que a la morada de Dios, solo se puede entrar con la cualidad que mejor le asienta al candidato, la desnudez, y en esta desnudez, vestir las prendas exteriores, que han de identificarlo y estas son; pobreza interna, obediencia y servicio.

Y como regla de conducta permanente, acatará las sabias palabras del Maestro Jesús, cuando nos advierte diciendo; “Cuídense mucho para que no practiquen su justicia delante de los hombres a fin de ser observados por ellos; de otra manera no tendrán galardón ante su Padre que está en los cielos”. Y la recompensa del servicio que Dios otorgará al candidato, será que viva en la Gloria de su Potestad por siempre.

Vivir en la Practica de la Presencia de Dios, es vivir de continuo en la observancia de la fe, que ponemos en ella, y ésta sólo se puede obtener en la entrega que considere los votos de pobreza, que ha de llevarlo a la exactitud de la renuncia, siéndole totalmente fiel.

Descalzo se ha de estar a los pies del Maestro, en la desnudes del alma, evidenciando en pobreza interna, que se está al servicio de la vida, vistiendo la tela vasta de la humildad, de matices sencillos y pulcro, a fin de mostrar al viento, que en cuanto a la vanidad no es preparado el ser externo, manteniéndolo en un vestir crudo sin preparación, para que solo las virtudes del alma refleje y broten como la leche de dulce beber.

Jesús en su palabra que siembra y cultiva corazones nos dice; “Por eso, cuando andes haciendo dádivas de misericordia, no toques trompetas delante de ti, así como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que los hombres lo glorifiquen”. Esto es para que cuando andes de un lugar a otro, dando pasos de sencillez, ministrando gratuitamente, no olvides hacerlo en tú retiro interno, la Conciencia Cristica, en la virtud que inclina tú animo, de compadecerte de las miserias de los demás, haciéndolas tuyas.

Evita su proclamación para no ensalzar a tú yo personal con la diversidad de palabras, según la fuerza de la vanidad con la que tú boca, impele a glorificar su falso proceder, dándole realce a algo que no lo tiene, y para que no olvides, que solo de uno es la “Gloria y el Poder Por Siempre, Dios.

Así que no guíes tus pasos, reuniendo el afán de los demás con fines que resultan ilícitos para el alma y contrario a los votos de pobreza, pero que engrandecen tu ego, y aleja el espíritu de la verdadera y santa renuncia, el llamado es para que no actúes con hipocresía.

Por eso, lo que más le conviene al candidato es caminar vestido, con los votos de pobreza, aquellos que reflejen la luz del alma y opaquen notoriamente el lucimiento del ser externo, como símbolo de lo que pasa entre su alma y Dios.

Cada uno se viste de acuerdo a la propia naturaleza interior, por lo tanto si has de en pobreza interna guiar tu vida, que tu vestimenta exprese tu realidad esencial, lo que eres, NADA.

Por eso, cualquiera que quiera tomar los votos de pobreza deberá permitir, que en cuanto a su servicio a la vida le resuenen internamente las palabras del Maestro Jesús, cuando dice; “Les digo en verdad: ellos ya disfrutaron de su galardón completo. Lo que nos dice, es que tiene conformidad con lo que siente y piensa, de aquellos que proclaman sus virtudes y hechos de su servicio a la vida, glorificándose ellos mismos, y nos dice que, ya perciben y gozan los productos de esta proclamación, al igual que sus utilidades en el instante que lo hacen y este es su premio a los meritos de su servicio.

Por eso, le conviene mucho al servidor deponerse ante su Santa Presencia “Yo Soy”, y dejar que ella lo vista con prendas de vestir exteriores, que realcen su entrega en silencio y desprovisto totalmente del afán de lucro personal y fama.

Jesús dice al respecto; “Más cuando tú hagas dádiva de misericordia, no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tus dádivas de misericordia sean en secreto; entonces tu Padre que mira en secreto te lo pagará”.

Cuando tú animo te incline a compadecerte de las miserias de los demás, no esté tu ser externo en medio, así sea tu servicio en forma recta, sin torcerse y a cargo de la Conciencia Cristica, a fin de supervisar tu compasión para que ésta sea cuidadosamente reservada y oculta, que solo Los ojos de Tú Presencia de Dios “Yo Soy”, observen tus acciones y tenga en cuenta a bien, para el día en que tengas que ver su Santo Rostro.

Por eso, a modo de ir deponiendo tu yo personal, conviene mucho desazonarlo mediante la privación de algún deleite, asunto que se puede lograr mediante la acción y el efecto del ayuno interno, aquel que priva al que vive en obediencia consumir los elogios del mundo externos, porque estos arrebatan al ser externo, impidiéndole oír los asuntos del alma, así como la comida es para el sustento del cuerpo, el ayuno de esta, es para el alma su alimento, que se ha de darle con devoción desde las doce de la noche antecedente.

Es en esta acción cuando el estado de Conciencia Cristica, comienza ha realizar su acto en el yo personal, al deponerlo mediante el gozo que conlleva vivir solo de Dios.
Así, el Maestro Jesús nos sugiere al ayunar, lo siguiente; “Cuando Ayunen, dejen de ponerse de rostro triste como los hipócritas, porque ellos desfiguran su rostro para que a los hombres les parezcan que ayunan”. Que no se debe afear el orden y hermosura del semblante y de las facciones, fingiendo las cualidades de alguien que vive en apego a los votos de pobreza y lleva su vida en ayuno, ya que en esto está su propia actitud denunciando que aquello no es cierto, pues aquel que se entrena día a día en la mortificación del ayuno por devoción, principalmente lleva el buen animo de vivir en la Practica de la Presencia de Dios, sin ponerse careta de apesumbrado o triste.

Los votos de pobreza son la antesala de vivir en la abundancia del alma, con tan solo el sayal de la renuncia, labrado de la humildad e hilvanado con puntas largas a la carne, el que se ha de coser después de otra manera, uniendo así el ser externo al Cristo y este a la Poderosa Presencia de Dios “Yo Soy”, para fundirse con la túnica sin costura para siempre a Dios.

El que los votos de pobreza tome deberá desde el principio saber que al hacerlo adquiere el compromiso de mantenerse en santo silencio e ir prestando servicio a la totalidad de la vida.

Sabrá de inmediato en su voto de pobreza, asentir en servir a Dios y a sus Santos Maestros, para lo que ha de estar sujeto, cumpliendo solo la Voluntad Divina y todo lo que ayude a cumplir con el Plan Divino de Perfección de la tierra.

El ejercicio de los votos de pobreza, le permite a quien los lleve con virtud de renuncia, a que el conjunto de las cualidades divinas que moran en el Cristo, se vuelquen como un remanso de aquella virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego, lo aparten de la turbación y de las pasiones que trae la abundancia de bienes y cosas preciosas, cuando no se tiene el corazón en Dios y los ojos en el suelo, renuncia que lo hace atractivo, independiente de las facciones del yo personal, que casi siempre son ilusoria o producto de engaño.

Por eso, es importante vivir desprendido de todo, con genio pacifico, sosegado y apacible, así los rayos directos del Cristo, iluminen el andar, con la gracia de dar gratuitamente, sin costo alguno, con buen modo y sin ningún merecimiento particular como solicitud para su servicio a los demás, que su entrega sea una concesión gratuita de todo lo que lleva de bien, y que es producto de vivir tan desprendidamente de todo y a la buena de Dios.

Jesús dice; “Recibieron Gratis; den gratis”. Que se de, de gracia, con Los Siete Rayos del Cristo totalmente desenvueltos. Continua Jesús diciendo; “No consigan oro, ni plata, ni cobre para las bolsas de sus cintos, ni alforja para el viaje, ni dos prendas de vestir interiores, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su alimento”. Aquí encontramos la mejor sugerencia a vivir totalmente entregados a Dios, en fe total a su voluntad, que es el bien para con todos sus hijos, y no perder la cabeza por la abundancia de bienes y cosas preciosas como el oro, que siendo escaso en la corteza terrestre, produce confusión mental y actitud de grandeza en la persona que lo busca, haciendo que ésta se manifieste con apariencia muy superior a la que realmente le corresponde.

Vivir sin confianza en Dios, no es propio de quien los votos de pobreza realiza, ya que éste en su santo ejercicio de pobreza, ya no fía su vida en llevar repartido el peso de sus riquezas en su alforja, que es el temor de perder lo obtenido y no tener nada, y que se lleva cómodamente de un lado a otro, por que la alforja del discípulo de la Luz, es su Poderosa Presencia de Dios, “Yo Soy”, por lo que no necesita ni provisión de comestibles necesario para sus viajes, ya que Dios lo Proveerá siempre.

El viaje de la vida debe estar desprovisto de toda intención por tener para uno riquezas, y éstas solo deben ser aquellas que provengan del alma, por eso a de desprenderse de todo, aquel que ha de servir como esclavo de Dios y no llevar más prenda de vestir que la humildad y la renuncia.

Así no necesitará más bastón para apoyarse al caminar que Dios mismo, y sus pies serán más ligeros si se descalza, aun del calzado más liviano, para que así estos caminen totalmente desnudos, tocando la santa tierra por donde vaya, en total rendición a la Fuente Suprema de Todo el Cosmos.

Con los votos de pobreza el candidato se convierte en el esclavo del señor, rendido, obediente y enamorado. Se vive desprendido de todo al reconocer a la Poderosa Presencia de Dios, “Yo Soy” en medio del pecho, que lo llena de sentimientos de complacencia por esta posesión, por eso Jesús nos dice; El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que un hombre halló y escondió; y por el gozo que tiene, va y vende cuantas cosas tiene, y compra aquel campo”. Viene a ser esa cantidad de virtudes, preciosas y de riquezas interiores reunidas, guardadas para desenvolverlas en el día en que es descubierto por su poseedor, devolviéndole la remembranza de bienes celestiales que son apetecibles, para el esclavo del señor.

Quien vive en pobreza interior se convierte en poseedor de ese terreno extenso, fuera del alcance del mundo y que es una tierra fértil y laborable, que fue descubierto gracias al despojarse de todo, al sacrificar al interés lo que ya no tiene valor para él, traspasando todo lo que posee por el precio convenido con la vida, precio que ha de pagar con la virtud interior, de vivir solo de Dios, obteniendo la alegría y el buen animo, inflamándosele el alma en medio de su pecho que lo ha de sacar para siempre del sufrimiento del mundo. Y de ese momento en adelante solo vivirá sostenido en la Voluntad de Dios.

Quien viva solo de la fe en Dios, permanecerá para siempre vestido y sostenido, con más de lo que siempre soñó tener, pero para ello tendrá que dar un paso al vació, en medio de la oscura noche de su alma, en donde solo el buen entendimiento será su Luz que lo guié, ya que a sus gritos de auxilio solo vendrán a él, lo que tenga de logrado, y en un fuerte abrazo a su conciencia se ha de apegar a ella, para así obrar en conformidad a lo que ésta le dicte y parezca justo, pues, solo con esto podrá obtener la libertad que está más allá de este logro interno, y aun cuando parezca innecesario, el alma siempre lo solicitará, clamando para que el candidato la pueda desposar.

Cuando nada se es, nada se ha de llevar,
Ya que solo llevando nada, en la nada se puede quedar,
Quedándose sin quedarse, es como se puede quedar.

En la Santa Indiferencia al mundo se ha de vivir,
Pues en ella está,
el poder poseer sin poseer.

Si no se camina en el olvido de si, la vida se olvida de uno
Y por ser mucho, solo con lo mucho se ha de quedar.

Para caberle a la vida, nada se ha de ser,
por que la senda que lleva a la nada, estrecha es
Así que, solo con tú propio ser tendrás que subir,
Siendo nada al monte de la negación.
Y siendo nada en la nada te has de quedar.

VIVIENDO EN SANTA OBEDIENCIA

Por: Fernando Castro.
Santiago de Chile, 25 de Enero de 2008.

La acción de obedecer en el sendero no conlleva a que el estudiante viva prisionero bajo el mandato y voluntad de quien lo instruye, más bien está encaminada a que aprenda a vivir en armonía y respeto de si mismo y hacia los demás, desechando la terquead de la personalidad, aquella que es una especie de obstinación ciega y ridícula, que obstruye el buen razonamiento y por consiguiente su avance en su entrenamiento espiritual, ya que en la medida que se obedecen las sugerencias que se dan para hollar este sendero, también es un modo de examen de conciencia que irá a aumentar la verdadera tolerancia en el candidato, aquella que está compuesta de cordura y elevada inteligencia.

La obediencia en el sendero desarrolla el verdadero valor, ya que nace de este gran esfuerzo de conocerse así mismo, mediante el control emocional y mental, siendo tan natural como la propia respiración, dándole vitalidad a quien viva en la actitud de la Santa Obediencia, recorriendo el sendero y calzando las sandalias de la humildad, con la cabeza declinada en respeto a la vida y a la Enseñanza.


Recordemos esto en las palabras de Jesús, cuando nos dice; “O hagan el árbol excelente y su fruto excelente, o hagan el árbol podrido y su fruto podrido”, el árbol excelente eres tú, cuando te apegas a tu conciencia Cristica y vives como un Cristo desenvuelto, con los buenos frutos de los Siete Aspectos de Dios, airosos a los cuatro vientos y viviendo de acuerdo a los Siete Principios Universales, practica que te hará ser como un árbol de tronco leñoso, fuerte y elevado, que se ramifica hasta llegar al cielo, desde el suelo donde moraba y cuyas raíces fueron regadas por la “Santa Obediencia”.

Esto es vivir en forma recta, leal y de comportamiento noble, equilibrado, generoso e inteligente. Quien así viva, sus acciones estarán guiadas por el respeto de si mismo y de los demás, viviendo en una perfecta unidad con todos, a esto Jesús le llama; “fruto excelente”.

Cuando no se vive en la Conciencia Cristica, entonces no se puede ser de “fruto excelente”, ya que se es un ser dividido, en múltiples fragmentos, repletos de temores y complejos. Y ser un Cristo Desenvuelto, exige la armonía de la totalidad del ser humano.

Así, la obediencia a las reglas o consideraciones dentro del sendero, sirven de medida y que se han de ajustar a nuestras acciones para que resulten rectas.

Solo de esta forma, seremos reconocidos como árbol de “excelente fruto”, ya que la acción de obedecer a los requisitos que se requieren para ingresar al sendero, harán un fruto de pulpa dulce, que no necesitará de reconocimiento de su néctar, ya que los mismos ángeles rodearán tan generoso árbol de excelentes frutos, como aves en jolgorio, por tan celestial hallazgo, por eso Jesús nos advierte, diciendo; “Porque por su fruto se conoce el árbol”.

Obrar voluntariamente en obediencia es obrar por razones concientes, que es una cualidad humana que consiste en prever las consecuencias de ciertos actos nuestros, así que en nuestro trato con los demás, siempre debe primar la razón, ya que nuestra voluntad por si misma es indiferente a las rectas relaciones humanas si no se educa, y ésta se inclina más al lado del error que del bien, resultando ser ciega, es decir que es totalmente impulsada por actos de nuestro subconsciente.

Por eso necesitamos de las luces del entendimiento, mediante el desenvolvimiento de la observación de nuestra conducta, que nos permite dirigirnos en rectitud hacia el bien.

Así, pues, para tener una perfecta voluntad, se requerirá ser un Cristo Desenvuelto y para esto están las observaciones de las consideraciones, que nos han de llevar a la obediencia y vivir en nuestra “ermita interior” permanentemente, la que debe estar despoblada de todas las malas acciones del “yo personal” y solo así, salir a prestar servicio.

De esta forma nos libraremos de la falta de comprensión y del pensamiento negativo, y por esta causa nos alejaremos de las inclinaciones instintivas como las malas palabras y el mal proceder.

Todo esto, nos lleva a vivir de forma recta, sin doble intenciones y generando curvas en lo que debe estar derecho. La rectitud obediente es el madero al que se debe asir el verdadero Estudiante Espiritual, madero que es la Santa Obediencia.

Veamos en las palabras del Maestro Jesús, esta conducta Cristica, donde nos señala lo siguiente; “Proles de víboras, ¿Cómo pueden hablar cosas buenas cuando son inicuos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Es aquí en donde más que en ninguna otra palabra del Maestro, podemos apreciar la firmeza de sus dichos, ya que al decir “prole”, está refiriéndose, al conjunto de personas que tienen algún tipo de relación entre si, y que son de conducta contraria a la igualdad de ánimo y de bondadosa templanza y que no tienen como conducta dejarse guiar, o fallar por la conciencia en apego al buen discernimiento.

Cuando dice “víbora”, se refiere al proceder de algunas personas con tendencias a las malas intenciones y de “lengua venenosa”, cuyo veneno procede de la abundancia de “arquetipos-negativos”, alojados en el subconsciente y que determinan su conducta en todo lo que hacen, dicen y hablan. Nos sigue diciendo; “El hombre bueno, de su buen tesoro envía cosas buenas; mientras que el hombre inicuo, de su tesoro inicuo envía cosas inicuas”. Aquí señala a aquel que tiene bondad y que posee disposición de ánimo, que lo mueve a dar a cada uno, lo que se merece, en conformidad a la abundancia de bien que le es asegurado obtener, gracias a su obediente Conducta Cristica, ya que quien viva en su Cristo, obtiene de éste, todo el haber de toda cosa buena acumulada, y que posee en abundancia, sin embargo aquel que no vive en su Cristo, posee cosas en abundancia, pero que no son útiles en el sendero, por no estar libre y exentas de toda la mezcla de otra cosa que no sea LA CONCIENCIA CRISTICA.

Le conviene mucho al estudiante espiritual, estar en observación constante de las reglas o consideraciones, que son ejercicios espirituales, que a modo de examinar la conciencia, mediante la meditación y la contemplación, vienen a ser como el ejercicio físico lo es para el cuerpo, que de tanto entrenar en las destrezas que le son sugeridas, para el desarrollo muscular, logra aumentar la fuerza y la voluntad, que le permitirá al candidato más adelante, responder prontamente para todo aquello en que se le requiera, pero con aquel entrenamiento por aval.

Así mismo, las consideraciones o ejercicios espirituales preparan y disponen al Discípulo, para quitar de si todas las afecciones, inarmónicas que lo aquejan y después de quitadas, se está en disposición para buscar y hallar la Voluntad Divina, en la disposición de su vida para la salud del alma.

Por eso, aquel que tiene buena disposición a cumplir la voluntad de quien le sugiere las consideraciones, para su buen desempeño en el transitar por el sendero y que puede ser su facilitador o prior, es la medida que permitirá determinar, si es buen candidato para pastorear en pureza, los rebaños de Dios, cuando la vida así se lo ofrezca, ya que si considera que la autoridad es un medio, que tiene envergadura real y respeta totalmente a las personas que están a su mando o pudieran estarlo en un futuro próximo, realizándolo en apego a la democracia en su estado puro, entonces podemos decir, que es autoridad autentica y dadora, porque está llena de riqueza y fuerza.

Se debe considerar el trato interno, ese que nosotros mismos tenemos con nuestras propias actitudes, en donde debe primar la cordura y la buena razón, ya que de otra forma estaremos en el ejercicio del autoritarismo y si tenemos a cargo el santo oficio de pastorear el rebaño de Dios, podemos destruir lo que en años la vida a realizado con esmero, al escoger las almas para su realización y si se considera el mando como un fin en si mismo, todo puede destruirse a causa de esta necesidad de dominar, ya que ese mando, viene a representar para quien lo padece, la seguridad interior y es cruel y rechazará toda discusión de su dominio.

Si se entiende bien esto, entonces podemos hacernos en el buen ánimo de considerar vivir en obediencia, ya que sólo así, se destituye el dominio del “yo personal”, sin olvidar estar poseído de la alegría.

Para nuestro entendimiento tenemos las siguientes palabras del Maestro Jesús que nos dice; “El discípulo no es superior a su maestro, ni el esclavo superior a su señor”. Es decir, que aquel que aprende una enseñanza deberá seguir las reglas o consideraciones de quien enseña, no importando que se sienta mayor o superior a éste, ya que la distancia que hay entre el discípulo y el Maestro, no se mide en medida humana, sino en eternidades, las que no son visibles al “yo personal”, y no hay forma de superarla, por lo tanto en conformidad a la “Santa Obediencia”, las palabras del Maestro se han de seguir y respetar, aun cundo se viva en tiempos muy posteriores a cuando las estableció.

Así, que en cuanto a vivir en conformidad a la “Santa Obediencia”, dice Jesús; “Le basta al discípulo llegar a ser como su maestro, y al esclavo como su señor”. He ahí la regla de oro en las consideraciones, todo lo demás tómese como actividad y reclamo del “yo personal”, que no ha de considerarse, a menos que se someta al purgante que el alma tiene para estos estertores del ego, LA MUERTE PSICOLÓGICA.

Téngase presente que la Santa Obediencia, es aquella en la que se está libre de la culpa que pueda venir del “yo personal”, por vivir consagrado al servicio, ya que ésta, viene al no tener ese “eco interno”, que es a modo de velamen que hace navegar en silencio, en un mar embravecido, aquel mar que les resulta a todos aquellos que pretenden salir de la tierra del engaño y la ilusión, osando ir a la otra orilla, en donde se mantendrán a salvo por siempre, siguiendo el fuerte impulso del alma que los alienta a Dios, siendo su barca la Conciencia Cristica y su timón, la Santa Obediencia.

Por eso Jesús nos dice; “Si alguien quiere venir en pos de mi, repúdiese a si mismo y tome su madero de tormento y sígame de continuo”. Es que si alguien quiere lograr la Conciencia Cristica, debe ir, detrás de su Cristo, en la acción y efecto de renunciar a los hábitos del mundo, olvidándose de su “yo personal” y así, tome su pieza de “madera” o los ejercicios de la Santa Obediencia”, que están destinados a la construcción de un estado de conciencia, apegado a la firmeza de propósito, en esta Aspiración Divina, y de esa forma genere molestias al ego, hasta lograr que éste, sólo esté al servicio de la Magna Presencia de Dios “Yo Soy”, en forma constante y perseverante.

“No a de olvidar el estudiante, que siempre es tiempo de obedecer, cuando se está al firme resguardo de quien solo aspira a dejaros en las puertas de Dios, en cuyos mandatos ha de procurar ir, porque estos son como las espinas del rosal, que protegen a la rosa, hasta que airosa en el cielo se abra, en el jardín del creador, perfumando eternamente, ya que a medida que la rosa asciende, éstas espinas ya no se justifican, haciéndose cada vez más débiles, hasta ser una simple hoja depuesta, ya que su finalidad es que la rosa, se abra al creador y no que las espinas permanezcan”.

En la Santa Obediencia, tiene el discípulo su mejor aliado, ya que de esta forma es investido con aquel habito invisible de la otra virtud que le antecede, pero que sólo con la obediencia activa, le es dada al alma, vestir al candidato, y esta es la humildad. Jesús nos dice; “Porque el que quiera salvar su alma, la perderá; pero el que pierda su alma por causa de mi, la hallará”. Esto es, que si buscas la Conciencia Cristica, con doble intención y bajo los intereses propios del “yo personal” y para librarse del riesgo de perder la Gloria y la Buenaventura Eterna, además para poner en seguro su propia alma, olvidándose de los demás, entonces esta misma actitud inegoísta, que no está en armonía con todo, lo dejará desprovisto de tener aquello que poesía, su derecho a la Gloria y la Buenaventura Eterna, siendo esto, la culpa solo de su poseedor.

Pero renunciando a la Gloria y Buenaventura Eterna del Cristo totalmente desenvuelto, por alcanzar a otros a esta orilla de salvación, obtendrá esta gloria sin buscarla y entonces el cielo le dará el galardón de obtener la Gloria Eterna, y será elevado por los aires en un carro de fuego blanco, en la victoria de la Ascensión.

Todo esto, solo puede ser el resultado de un candidato al sendero, que postrado en Santa Obediencia, viva en su ermita interior, desprovisto de todo, salvo de su Conciencia Cristica, en donde ha de hallar refugio y buen sostenimiento a todo lo que le depara el transitar tan encumbrado y difícil sendero, de frutos dulces para el alma y de sin sabores para el “yo personal”.

Viviendo en Santa Obediencia, se tiene garantizada la entrada a los asuntos propios del alma, pues, ésta traza una ruta invisible entre el candidato y la morada, en donde Santos y Ángeles y aquellos que logran la bienaventuranza, gozan de la Presencia de Dios Yo Soy el Absoluto, ministrándole Paz y Provisión de todo lo que le sea necesario para sostenerse en su Divino Propósito y es así, de este modo, como el cielo responde al candidato.

En esta Santa Obediencia se vive en continua ascética y en contraposición a uno de los enemigo del alma, el mundo, a modo de resguardo de tan preciado tesoro, el Santo Ser Cristico.

Resuenan en los éteres de la tierra las palabras del Maestro Jesús, aunándose a este resguardo, con la fuerza de mil truenos, preguntándonos directamente a fin de que nos movamos con firmeza a desenvolver nuestro Cristo; “Porque ¿de qué provecho le será al hombre si gana todo el mundo, pero lo paga con perder su alma?”

No olvides que la Santa Obediencia, viene a ser como un yugo, que es ese “madero de tormento”, del que nos habla Jesús, que hay que tomar para que forme yunta uniendo la Voluntad Divina con la humana, en donde se ha de sujetar el sagrado pértigo, que es la humildad, y de esa forma seremos guiado por el firme timón de nuestra Presencia “Yo Soy”, la que vistiéndonos con la inconsútil túnica de la renuncia, aquella sin costuras, nos dejará a las puertas del cielo.

Esto es en respuesta al Maestro Jesús, cuando nos pregunta; “O ¿que dará el hombre en cambio por su alma?”. Entonces, nuevamente diremos con toda nuestra disposición en resuelta renuncia y sagrada convivencia, con los asuntos del alma, viviendo en Santa Obediencia a nuestro Cristo, a los Santos Maestros y a Dios, “Padre mió, efectúese tu voluntad”.

VOTOS DE SILENCIO

Por: Fernando Castro.
Santiago de Chile, 18 de febrero de 2008.

La abstinencia de hablar, viene a ser el voto simple, promesa hecha a Dios, sin la solemnidad exterior, es la suplica ferviente pero desprendida de su fruto de obtener una gracia.

Esta abstención de hablar es para que solo se exprese la Divinidad en uno, pues, cuando se vive descalzado, es este silencio el alimento del alma, retiro exquisito a los aposentos internos, desde donde se puede apreciar su majestad y gloria, en todas sus criaturas, donde el ser externo no puede proferir palabras para darse a entender ya que esto rompe el trato de silencio entre el candidato al Sendero Espiritual y Dios, trato de mantener sellados los labios en señal de renuncia al mundo, en donde el bullicio atormenta al alma, que de continuo quiere estar alabando a Dios, en su altar diamantino, donde el Fuego Sagrado Arde Eternamente.

El fuego de la pasión de la mente nos hacer ver las cosas como las cosas no son, y este es apagado por el silencio inteligente y observante, ya que solo así se puede extraer de las cosas, lo que verdaderamente las cosas son y que el silencio viene a denotar sagradamente.

Se ha de cuidar siempre las palabras que de la boca salen, porque en ellas están grabadas lo que en el corazón tenemos y esto puede ser, terquedad y obstinación, tanto como aquellas opiniones inquebrantables que obedecen a lo que podríamos llamar “calambres mentales”, que nos hacen vivir poseído, por una opinión exclusiva, por prevención y por un prejuicio, que se convierte en un clavo metido en la mente, dejándonos ciego a todo lo demás, y con gran parte del cerebro dormido, lo que nos resta lucidez, dejándonos enteramente en obscuridad, sin la Luz de nuestro Santo Cristo.

Así Jesús nos advierte de esto, diciéndonos; “No lo que entra por la boca contamina al hombre; pero lo que procede de la boca, eso es lo que contamina al hombre”.

Cuando se vive en penitencia de los votos de silencio, no se ha de hablar nada prácticamente durante todo el día. Y si la labor diaria implica romperlos, que nuestra voz sea muy baja y carente de soberbia.

También es licito romper este voto para los cantos de alabanza, servicios y decretos a Dios, así el sonido que el aire expele de los pulmones, sea encendido por el Santo Aliento, dándole a la voz la dulzura necesaria para bendecir en bien todo lo que con ella se indique.

En la sana ejecución de los votos de silencio, se permite que la voz de la conciencia nos hable, trayendo la inspiración del cielo que nos inclina al bien.

El silencio santo es aquel en donde se está en total armonía con todo, dejando al ser externo depuesto y con la atención puesta solo en el Cristo, y acallada la voz, que libre de culpa permite que solo la voz del cielo se escuche.

Por eso dice la vida; “Que la voz del silencio escuche aquel que acallada la voz permanezca con los labios sellados, en donde la palabra ponzoñosa jamás surja, para herir de gravedad a la vida, sino que más bien more en ese santuario donde en silencio se venera de continuo la Gloria del Altísimo, en una practica piadosa no obligada por nada más que el amor y fervor que se tiene en prontitud de animo, dispuesto a dar culto interno a Dios y hacer su Santa Voluntad”.

Solo cuando se vive en santa obediencia, se puede tomar los votos de silencio, ya que este silencio es el que permite deponer la cabeza y doblar las rodillas en señal de acatamiento y subordinación manifiesta con la palabra y la acción, a la Conciencia Cristica.

Recuérdese siempre que el silencio más que la abstención de hablar, es una pausa musical del alma, dedicada por entero a la Fuente Suprema de Todo, pausa que se suma al buen orden y disposición de las cosas en la Creación.

Y en ésta consideración a de conducirse el candidato al Sendero Espiritual, montado firmemente en estos votos de silencio, que le darán de seguro aquella capacidad de comprensión y desprendimiento de si mismo, aportándole serenidad. Así su conciencia será como un cielo despejado de nubes, porque así la vida observará con mayor esmero su renuncia a causa de sus votos, ya que no se puede decir que un discípulo a alcanzado la serenidad, mientras se conceda a si mismo la menor importancia.

Ya que ésta serenidad proviene del inmenso e insondable universo, y es esa fuerza intima que manifiesta ausencia de exigencia internas y que todos llevamos como fuente inagotable en nuestro corazón, que nos hace de genio apacible, sosegado y sin turbación física o moral.

Por lo que en cada paso que se de, contémplese el santo silencio que nos permitirá avanzar en nuestro propósito de ser un servidor de Dios, sereno, totalmente despejado de esas nubes negativas que provienen de nuestro “yo personal”, apartándonos de su niebla engañosa y que enreda el habla.

Porque de ésta serenidad del silencio, depende el armonioso funcionamiento de nuestra mente, la que liberada de sus escorias como son los complejos y represiones que llevamos en el subconsciente, podemos abocarnos a la identificación mental y afectiva, con el estado de ánimo de otro requisito fundamental para prestar servicio a la humanidad.

Ya que la serenidad abarca la totalidad de las cosas y concede a los hechos su justo valor.

Todo esto ha de estar cubierto por la sinceridad, para que el alma exprese sin el menor disimulo sus sentimientos, sus virtudes y deseos de ensanchar los bordes del reino de Dios.

En santo silencio seremos los soldados voluntarios, aquellos que libremente se alistan al servicio de Dios, enarbolando el estandarte del valor, pobreza interna y castidad, como amenaza al yo personal, obligándolo a deponerse en santa sumisión al Cristo, por la razón o la fuerza.

Para vivir en votos de silencio es preciso tener como virtud adquirida del Cristo, el valor.


La pronta observación y el silencioso ejercicio espiritual y deponerse en sumisión a la Conciencia Cristica, es para evitar que el ego, que siempre procura estar en escena, aparentado y produciendo efecto, sea llamado a servirle en rendida actitud a la Presencia de Dios “Yo Soy” por siempre, hasta alcanzar su gloria.

Solo así, se puede decir que se camina en total renuncia, descalzado de todo, especialmente de aquel delirio de grandeza que en pequeña escala, el de caminar vanidoso, se procura por darse importancia y que es nuestro “yo personal”, que se viste de títulos, condecoraciones y presume de hazañazas y relaciones, que al mundo impresionan y avergüenzan el alma.

Por eso Jesús nos advierte, diciéndonos al respecto; “El que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado”. Todo aquel que actué con arrogancia y presunción, procurando estar siempre en escena, preocupado de brillar ante los demás y ávido de admiración, haciéndose ver más grande de lo que es, la vida se encargará de abatirle el orgullo y la altivez, por que nadie es más grande que Dios. Sin embargo a aquel que se conduzca con la cabeza inclinada en señal de sumisión y acatamiento, la vida lo engrandecerá, elevándole a grado superior.

En el santo silencio se puede construir por medio de la observación una recta razón y adquirir el conocimiento práctico de lo que debemos hacer o decir, sostenido en el recto actuar, en donde este actuar no se inclina ni hace curvas, manteniendo intachable la conducta. Ya que el discípulo recto y leal es noble, equilibrado, generoso e inteligente. Y sus acciones están guiadas por el respeto de si mismo y de los demás.

La rectitud puede tener muchas caras y es aquí en donde los votos de silencio nos protegen mediante la contemplación de nuestra Conciencia Cristica, de no caer en la severidad, pues, algunas veces encubre una inteligencia de poco mérito, donde falta el Segundo Aspecto Sabiduría, con radiación del Tercer Aspecto de Dios, Amor, convirtiéndose esta rectitud en rigidez o falsa atención y consideración, perdiendo el cuidado con que se dice o hace algo.

Entonces viene la voz interna que nos advierte y nos dice; que siempre las más hermosas cualidades tienen siempre su reverso negativo, que contribuye a resaltar su encanto, pero que en el servicio a los demás este reverso debe desaparecer del discípulo, mediante el conocimiento de si mismo.

Así que, bendito sea el que permanezca en santo silencio, hermosa pausa musical en el encuentro con la Divina y Toda Poderosa Presencia de Dios “Yo Soy”. Por eso, Jesús nos dice; “Les digo que de todo dicho ocioso que hablen los hombres rendirán cuenta en el día del Juicio; porque por tus palabras serás declarado justo, y por tus palabras serás condenado”. Esto es, que por cada una de la palabra, con que nos expresamos oralmente y lanzamos nuestros conceptos, que están arraigados en nuestro subconsciente y que mencionamos antes o en el momento, que son inútiles, que carecen de frutos o provecho y que no poseen sustancia de ninguna índole. Se nos dará o restituirá aquello de lo que nos habíamos desposeídos, mediante cada una de las palabras que conforman nuestro discurso habitual y que son negativas. Entonces la vida en arreglo y conformidad al Principio de causa y Efecto, nos juzgará en el mismo tiempo en que la tierra emplea en dar la vuelta en su propio eje, de acuerdo a la faculta de la Conciencia Cristica, que todos los seres humanos poseemos y podemos distinguir entre el bien y el mal, lo verdadero de lo falso.

Así seremos expuestos de manifiesto en público, de que obramos en justicia y razón o seremos condenado a las penas eternas de los Principios Universales, que se Irán cumpliendo de acuerdo a nuestros dichos uno por uno, hasta que los comprendamos y vivamos en conformidad a ellos.

Aquel que en el ejercicio de los votos de silencio viva, permitirá que su cuerpo, sea el templo viviente donde arda el Fuego Eterno, en total carencia de ruido, a fin que solo la Luz del Santo Cristo, lo ilumine, siéndole común a todos, para que así, cualquiera sacie su sed de amor compasivo y perdonador en él.

Este silencio otorgará al discípulo el trato recto que le es necesario para con sus semejantes y lo pondrá a los pies del Maestro, que ha de conducirlo de las tinieblas a la Luz.

Por eso Jesús nos dice; “Felices los de genio apacible, puesto que ellos heredarán la tierra”. Que aquel que tiene felicidad, o vive en un permanente estado de felicidad o causa felicidad, tendrá por disposición divina y testamentaria de Dios, su Voluntad que es el bien para él, lo colmará de riquezas como nunca jamás pensó tener, además que todo lo que le pida Él, se lo manifestará.

El voto de santo silencio, es aquel silencio nutritivo que está libre de toda culpa y no ejerce juicio sobre ninguna criatura de la tierra, ya que tiene la facultad de hacer cambiar de aspecto interno y externo al que lo asuma, convirtiéndolo en un servidor manso, dulce y agradable en la condición y en el trato.

Sólo en el silencio el discípulo puede escuchar la voz que proviene desde las alturas y que baja como un tejido delgado y transparente de seda, y que el Santo Cristo Propio, le proporciona, insuflándole de la Paz del Gran Confortador.

Por eso Jesús nos dice; “Felices son los pacíficos, puesto que ha ellos se les llamará hijos de Dios”. Que los que tienen felicidad y causan felicidad y son sosegados, que no provocan luchas y ya no hacen esfuerzo para resistir a una fuerza hostil, o para subsistir y mucho menos viven en la discordia, a estos se le llamará justos o los que están en gracia con el Hacedor del Universo.

Así como el silencio otorga, así también, quien en votos de silencio vive, concede a Dios su vida, para que solo Él, sea quien se manifieste en todo y se lleve toda la gloria por siempre.

No olvide el buen candidato que existen dos tipos de silencio al que debe saber atender, para cuidarse de estos; uno es ese silencio lleno de susceptibilidad, que aun cuando alguien que lo manifieste y aparentemente guarde un recatado “silencio”, haciéndose ver como tolerante, cuando en el fondo bulle de rencor, odio y de debilidad haciéndose bullicioso, sin que gesticule palabra alguna, rompiendo la unidad en donde se encuentre, entonces más que control tenemos una muestra de debilidad y de sentimientos de inferioridad.

De este silencio se ha de cuidar el discípulo, ya que este hiere, puesto que es un silencio picajoso, que fácilmente se pica o da por ofendido, es la susceptibilidad consumiendo la armonía del ser, ya que aquel que la padece, sufre de autoritarismo que lo corroe, cuyas bases son la impotencia y la debilidad.

Esto sucede porque se vive en el temor de que se descubra como se es en realidad, al margen de lo que se parece ser, es vivir en la aridez del “yo personal” y no querer salir de este dominio, permaneciendo en un silencio seco y estéril.

Salomón, el sabio nos dice; “El que aparta su oído de oír la ley…hasta su oración es cosa detestable”.

A diferencia del santo silencio, que es grato, placentero y deleitable, que provoca asirse a quien lo manifieste.

¿Como podemos escapar de este silencio seco y estéril?

Mediante los ejercicios espirituales de humildad, obediencia, pobreza interna y silencio, en estos está garantizada la victoria, por medio del descubrimiento de las debilidades y de ésta forma superarlas, ya que en cuanto un hombre se desprende de sus debilidades llega al equilibrio claro en el razonamiento y en sus expresiones, desaparece para siempre toda sombra de la susceptibilidad.

El otro silencio que ha de cuidarse el discípulo, es aquel del mutismo, que es cuando la persona guarda silencio, aunque sus centros del lenguaje y los órganos de la palabra no hayan sufrido ninguna lesión orgánica, persiste en quedarse en silencio. Es evidente que muchos mutismos son voluntarios; miedo a comprometerse, por ejemplo, y esto no es compatible con aquel que aspira a ingresar al Sendero Espiritual, donde la recta conducta y el amor son uno de los requisitos por cumplir y desenvolver, por lo tanto el aspirante ha de saber expresar y comunicar su postura y opinión, de acuerdo a su sano juicio, comprometiéndose con la vida y sus expresiones de bien.

También encontramos el mutismo en la timidez; en estos casos se debe a una inhibición emotiva, la que se puede eliminar si se desenvuelve el Tercer Aspecto de Dios, Amor.

Al tomar los votos de silencio, estás también en la Práctica de la Presencia de Dios, que hace el contraste experimental entre saber teóricamente que llevas a Dios por dentro y vivirlo realmente.

El santo silencio lleva por compañía la serenidad y ésta a la placidez, que provoca un transitar quieto, sosegado y sin perturbaciones, pronto regalo del Cristo, ya que si no se va en busca de su desenvolvimiento, éste estado no viene, porque no se puede concebirse la serenidad sin comprensión y desprendimiento de si mismo.

No puede decirse que un discípulo tiene serenidad mientras se conceda a si mismo la menor importancia, ya que ésta proviene de la Conciencia Cristica desenvuelta y de la ausencia de exigencias del “yo personal”, es vivir totalmente depuesto.

En este santo silencio se ha de vivir totalmente con la cabeza declinada con aquella prenda de vestir única que cubre la cabeza y el rostro, de tela cruda que impida el lucimiento de nada que no sea la luz de Dios, que nos lleve siempre por la senda de la rectitud, siendo leal y noble, para que nuestras acciones estén guiadas por el respeto de si mismo y de los demás.

Jesús nos dice; “Así mismo resplandezca la luz de ustedes delante de los hombres, para que ellos vean sus obras excelentes y den gloria al padre de ustedes que está en los cielos”. Que al vivir en Conciencia Cristica, despidamos de éste mediante nuestra actitud de acallar al ser externo, los Siete Aspectos de Dios y reflejemos en nuestro rostro, gran alegría y satisfacción, por vivir en la Luz de Dios, que hace visible todo el bien y sea mostrada a los demás la virtud y el poder de su Enseñanza, por obra del Espíritu Santo en nosotros y esto le de la majestad, esplendor y magnificencia sólo a Él, de quien es toda la gloria por siempre.

Venga a ti el dulce sentir de vivir en Dios, rendido y declinado, abandonando la posición que toma por propia el “yo personal” que es la vertical y puesto voluntariamente en posición horizontal en el suelo, apoyando la frente y humillándose ante la grandeza de Dios, en señal de veneración, digas con vuestro voto de silencio, que de ahora en adelante su imperturbable voz será la tuya.

LA SANTA HUMILDAD

Y

LOS GRADOS PARA ALCANZARLA

 

Por: Fernando Castro.
Santiago de Chile, 12 de enero de 2008.

“Quien viva con el rostro elevado a Dios y con la cabeza declinada a la tierra, tendrá entonces el galardón de la Santa Humildad como premio, premio que se le otorgará en el silencio del alma y en la intima relación con lo Divino, sin que ninguna de estas acciones sea visible para hombre alguno, salvo por el grado de darse por entero a los demás, aunque en esto la vida se le fuera. Su consuelo sea el amor inmenso que le confortará en la soledad de quien se sabe en las manos del creador y con el corazón apuntando más allá de los confines del universo, sea esta su razón de vivir, Pero de lo que no ha de olvidarse jamás, es el de despojarse de si mismo y vivir así, constantemente, moldeado por la mano invisible del creador, en cuya voluntad ha de permanecer asido para siempre”.

 

Primer Grado
Conocerse a si mismo

Este es el primer paso para alcanzar la humildad, que consiste en conocer profundamente la verdad de uno mismo. Ya los griegos antiguos ponían como gran meta el aforismo: “Conócete a ti mismo”. Sin humildad no hay conocimiento de si mismo y, por lo tanto, falta de sabiduría.

Es importante en la acción de conocerse a si mismo trabajar el mecanismo de la “negación” tan frecuente en la psicología humana que le impide reconocer sus fallas, adjudicándoselas a otros, esto despierta el “orgullo” que se niega a aceptar los errores cometidos. Aquí es necesario un examen de conciencia honesto. Para ello: primero pedir ayuda al Santo Cristo Propio, luego mirar ordenadamente los hechos vividos, los hábitos o costumbres que se han enraizados más en la propia vida, pereza, desorden, celos, agresividad y otras actitudes Anticristicas.

Es vivir pegado a la cruz y coronado de una real corona de espinas a modo de examinar la conciencia, como quien se ejercita físicamente para lograr la musculatura que le permita logros físicos dignos de un atleta, así, tú serás el atleta de lo interno cuya musculatura a desarrollar, serán las virtudes del alma en lo externo, permitiendo que florezcan airosas al viento y al cielo, remontándose luego en un vuelo de luz al creador.

 

Segundo grado
Aceptarse

Una vez que se ha conseguido un leve conocimiento de uno mismo, viene el segundo escalón de la humildad: que es aceptar la propia realidad.

Aquí hay que considerar que resulta difícil muchas veces aceptar la propia realidad, de lo que se es, porque la soberbia se revela cuando la realidad es fea o defectuosa, y que sin esta revelación no seria posible cambiar el defecto que afea la Radiación Cristica al ser externo, pero que no se debe tomar como algo permanente, puesto, que sale a la luz de la conciencia para ser quemada, redimida y sublimada a las bellezas y virtudes del alma, para que bien florida se vaya al altar de Dios.

Entonces de lo que se debe cuidar, quien padezca estos males, es de la envidia de los logros de otros, así, como el rechazo que le venga de todo lo que unifique, ya que siendo esto la ante-sala de la propia destrucción, es posible librarse de esto, manteniéndose en la firmeza de propósito, que mora dentro de uno y que es a modo de timón en estas estrecheses oscuras, que padece el alma, aun cuando por soberbia nunca se de cuenta de esto, quien padezca tan ensordecedor mal.

No olvides que aceptarse no es resignarse ya que una vez que haz descubierto tus faltas, errores y limitaciones sabrás contra qué luchar, lo que facilita el cambio a una realización interior, así tu desenvolvimiento como un Cristo te sobrevendrá con la tibieza de una brisa y con la fuerza de un tifón.

 

Tercer grado
Olvido de si mismo

El orgullo y la soberbia llevan a que el pensamiento y la imaginación giren en torno “al propio yo personal” y el olvido de si mismo implica morir psicológicamente, asunto que muy pocos llegan a este nivel, por lo tanto se debe evitar vivir y estar pensando en si mismo, esto no necesariamente es pensar bien de uno, sino que también es estar “dándole vuelta” a los problemas personales. Recuerda que el pensar demasiado en uno mismo negativamente es compatible con saberse poca cosa, y el problema consiste en que se encuentra un cierto gusto el estar siempre quejándose, y sentir incluso placer en la lamentación de los propios problemas.

Esto parece ser algo impropio en la psique humana, pero es más frecuente de lo que se cree, ya que todos los males que te puedan sobrevenir, ingresarán a través de que te sientas triste, que encuentres un cierto goce en estar amargado, recuerda que aquí también esta disfrazada la vanidad, pero no es por la tristeza misma, sino por pensar en si mismo, en llamar la atención.

 

Cuarto grado
Darse por entero

Este es el grado más alto de la humildad, porque más que superar cosas negativas, se trata de vivir en el amor compasivo y en el amor unitario, donde toda parte de la vida se es uno mismo. En este nivel la humildad y el amor compasivo se llevan uno al otro, ha vivir en el Estado de Conciencia Primigenio, el que se tenia cuando en el Seno de Dios Permanecíamos Todos.

En este grado se han ido subiendo los escalones anteriores, ha mejorado el conocimiento propio, la aceptación de la realidad y la superación del “yo personal”, como eje de todos los pensamientos y sentimientos, se ha aprendido a liberarse de la esclavitud de la soberbia, ya se es capaz de querer a los demás por si mismos, y no solo por el provecho que se pueda extraer del trato de ellos.

“Así, estarás mirando al cielo, rendido con la cabeza declinada, pero con la actitud compasiva de ser tú el peor de todos, quien está dispuesto a calzar las sandalias de la renuncia, hechas del cáñamo que brota del mismo corazón y que se va trenzando a tus pies, en señal clara que te has descalzado en la tierra y que caminas vestido con la seda de todas las seda, la Santa Humildad”.

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