www.edaddorada.net

LOS CUERPOS DEL HOMBRE

Annie Besant

EL CUERPO FÍSICO 

El desarrollo real de la conciencia se ve mejor desde abajo, por cuanto el cuerpo físico es el primero en estar bien organizado como instrumento del conoci­miento, y se desarrolla por sí en el mundo físico que conocemos. La naturaleza emocional estimula las glándulas y los ganglios del cuerpo físico, y el mental se entroniza en el sistema cerebro-espinal, y ambos continúan con su evolución en las invisibles esferas, por medio del estímulo obtenido desde el cuerpo físico. No necesitamos detenernos en la, evolución del cuerpo físico denso, dado que ello puede estudiarse en la ciencia física. La conciencia humana es automática aquí, y el Hombre no tiene más necesidad de dirigir el proceso físico; continúa por los hábitos, resultados de largas presiones desde la conciencia.

La parte más refinada del cuerpo físico, el doble etérico, compenetra al denso, y se extiende un poco más allá de este en toda la superficie; sus órganos pro­pios de los sentidos son vórtices sobre su superficie, ubicados en la parte opuesta (1) de la parte superior de la cabeza, (2) del punto entre las cejas, (3) la gargan­ta, (4) el corazón, (5) el bazo, (6) el plexo solar, (7) la base de la columna vertebral, (8, 9, 10) en la parte más baja de la pelvis. Estos tres últimos no se usan, excepto en magia negra. Estos vórtices, técnicamente llamados chakras o ruedas por su apariencia, se ponen en actividad duran­te el entrenamiento oculto, y forman el puente entre las esferas física y astral, de manera tal de que esta últi­ma queda incluida dentro de la actividad de la concien­cia que despierta. La salud de su compañero denso depende de la vi­talidad del doble etérico, el cual extrae sus energías directamente del sol, y en la parte en contacto con el bazo, divide esta energía en corrientes, que se dirigen a los diferentes órganos del cuerpo físico; el sobrante irradia hacia afuera y energiza a todas las criaturas vi­vientes dentro de su alcance. La simple proximidad de una persona vigorosa y sana vitaliza, mientras que un cuerpo débil absorbe vitalidad del medio, deprimiendo, con frecuencia, a los que lo rodean. El magnetismo físico, el poder de cu­rar, etc., son maneras de usar útilmente este exceso de vitalidad. La visión etérica -visión física más penetrante que las demás- puede utilizarse para observar objetos di­minutos, como los átomos químicos, o las formas de las ondas de las fuerzas eléctricas y otras, o para estu­diar a los espíritus de la naturaleza que tienen sus cuerpos inferiores de materia etérica -hadas, gnomos, duendes y criaturas de esta clase. Una ligera ten­sión nerviosa causada por excitaciones, enfermedades, drogas, alcohol, pueden producir estas visiones. La parte etérica del cerebro juega una parte acti­va en los sueños, especialmente en aquellos causados por las impresiones desde afuera, o por la presión in­terna causada por los vasos cerebrales. Estos sueños son generalmente dramáticos, y pueden involucrar la memoria de eventos pasados, objetos o personas.[1] En las personas normales y sanas, la parte etérica del cuerpo físico no se separa de la parte densa, pero su mayor parte puede ser anulada por anestésicos, y se duerme fácilmente en el caso de personas medium­nísticas, sirviendo con frecuencia de base para las ma­terializaciones. La muerte es la separación completa de su contraparte densa, conjuntamente con la con­ciencia en los cuerpos superiores; queda con ellos durante un intervalo variable -normalmente unas treinta y seis horas- y luego es despedida por el Hombre, al no ser de más utilidad; decae con la caída del cuerpo denso.

LA ESFERA EMOCIONAL O ASTRAL SUS MUNDOS Y SUS HABITANTES 

La esfera astral conectada con nuestra tierra contie­ne dos globos, con los cuales no necesitamos entrar en contacto ahora; también contiene al mundo astral y a sus habitantes, y el mundo intermedio o de deseos, par­te del astral, cuyos habitantes están normalmente en condiciones especiales. Toda la esfera pertenece al es­tado de conciencia que se demuestra como sentimien­tos, deseos y emociones; estos cambios en la conciencia van acompañados con vibraciones de la materia astral, y si esta es fina y rápida en sus movimientos, las vibra­ciones se tornan visibles a la vista astral como colores. La pasión de la ira causa vibraciones que dan la luz es­carlata, en tanto que un sentimiento de devoción o de amor, tiñe al cuerpo astral con un azul o rosa. Cada sentimiento tiene su color, por cuanto va acompañado de su propio conjunto de vibraciones. El cuerpo astral humano está, por supuesto, com­puesto de materia astral, y cuando está acompañado por el cuerpo físico, al cual compenetra y más allá del cual se extiende, aparece como una nube o como un óvalo definido, según si su poseedor es poco o muy evolucionado. La claridad y el brillo de los más delica­dos colores, una mayor definición de la forma y mayor tamaño son indicativos de una mayor evolución. Cuan­do el Hombre está en sus cuerpos superiores se retira del físico -como lo hace todas las noches durante el sueño- y entonces el cuerpo astral tiene un parecido con el físico. Por cuanto la materia astral es sumamen­te plástica bajo la influencia del pensamiento, el hombre aparece en el mundo astral en forma parecida a como se ve a sí mismo, con el traje que está pensando. Un soldado muerto en combate, que se le aparece a un amigo distante en el cuerpo astral, usará su uniforme. Un hombre ahogado aparecerá con ropas chorreando. En tanto que el ser humano en el mundo astral tiene normalmente la forma humana, el habitante de ese mundo que no ha tenido cuerpo físico, como las ha­das, espíritus de la naturaleza conectados con la evolución de las plantas y la vida animal, y otros, tienen cuerpos constantemente cambiantes de forma y tama­ño. Los elementales deportivos, como suelen llamarse a los espíritus de la naturaleza, suelen aprovechar de esta plasticidad de su cuerpo para aparecer con formas enormes y terribles, para aterrorizar a los intrusos no entrenados en este mundo. Algunas drogas, como el Hashis, bhang, opio y envenenamientos alcohólicos extremos también afectan a los nervios psíquicos come para hacerlos sensibles a las vibraciones astrales, y los pacientes captan destellos de algunos habitantes de los mundos astrales. Los horrores que atormentan a un hombre que sufre de delirium tremens se deben en gran medida a la visión de los elementales que se jun­tan alrededor de los lugares donde se expende alco­hol y se alimentan de sus inhalaciones, y son atraídos a su alrededor por los efluvios de su propio cuerpo. Todos los sentimientos de dolor o de placer del cuerpo físico se deben a la presencia del astral que lo interpenetra, y, si se los echa por medio de anestési­cos o del mesmerismo, el sentimiento desaparece del cuerpo físico. Durante el sueño, en el cual el etérico no deja a su contraparte densa, puede llamarse rápidamente al as­tral, mediante cualquier disturbio en el físico; pero si una gran parte de la materia etérica está afuera, se rom­pe el puente de comunicación, y se produce el trance; bajo estas condiciones, el cuerpo físico puede ser seriamente mutilado, sin dolor. Este aparece tan pron­to como el astral se desliza otra vez en el físico, y "vuelve a la conciencia". Puede decirse, de paso, que el centro normal de la conciencia humana en la etapa actual de evolución es el cuerpo astral, desde el cual funciona el físico. La "conciencia física" es ahora sub­consciente, si puede permitirse este disparate a una mujer irlandesa. La condición de una persona durante el sueño varía con su etapa de evolución. El hombre no desarrollado, en sus cuerpos superiores, dejando el físico, vuela alre­dedor de los lugares que le son familiares; el hombre medio es atraído hacia las personas que le son afines, pero su atención es atraída hacia adentro, y entra en contacto sólo con la parte mental; en una etapa algo superior, su mente es muy activa y receptiva, y puede elaborar sobre problemas que se le presenten con más facilidad que en el cuerpo físico, como una evidencia del dicho "el sueño trae consejos" o "mejor a este asunto le echamos un sueño", etc. Cuando se le pone un problema a la mente en forma tranquila antes de irse a dormir, la contestación generalmente se la en­cuentra a la mañana siguiente. Todas estas personas no operan conscientemente en el mundo astral; para ello es necesario que la aten­ción se dirija hacia afuera, no hacia adentro. Cuando la persona es pura y auto controlada, y expresa su inclinación a ayudar en el mundo físico, generalmente se le "despierta" en el astral por medio de una persona más avanzada. El proceso consiste sim­plemente en hacerle atender lo que está sucediendo a su alrededor, en lugar de estar inmerso en sus pensa­mientos; su cuerpo astral ha evolucionado y está orga­nizado por sus actividades mentales y morales, y sólo tiene que despertarse al mundo astral que lo rodea. Quien le ayuda le explica algunas cosas, y por un lapso lo mantiene junto a él; le enseña que la materia astral obedece a sus pensamientos, que puede moverse a vo­luntad y a cualquier velocidad, que puede caminar so­bre las rocas, sumergirse en el agua, pasar a través del fuego, trepar precipicios y volar por el aire, siempre, naturalmente, que no tenga miedo y tenga confianza; si pierde el coraje y se considera en peligro, el daño imaginario puede "repercutir", es decir, aparecer físi­camente como una quemadura, un magullón, una he­rida, etc. Una vez aprendidas estas lecciones primarias, y puede ver y oír correctamente en el mundo astral, se lo pone a trabajar para ayudar a los "vivos" y a los "muertos", y se transforma en lo que se conoce como un "ayudador invisible", y pasa las noches socorrien­do a los que están en problemas, enseñando a los igno­rantes, guiando a los que recién llegan al mundo astral por el portal de la muerte. A ellos nos referiremos ahora.

EL MUNDO DEL DESEO, O PURGATORIO 

Esta es la parte del mundo astral en la cual las con­diciones son especiales para los seres desencarnados, los cuales, aunque tienen conocimientos, no están li­bres en el mundo astral, sino que son "espíritus en prisión", como los menciona San Pablo. Se mantienen prisioneros por sus propios deseos; de aquí el nombre de mundo del deseo, dado a este estado. Hemos visto que el ser humano, al morir, revestido de sus cuerpos más sutiles, sale de su cuerpo físico, que vistió durante su vida en la tierra, o la "capa de piel" con la cual "el primer hombre" fue revestido después de su "caída" en la materia, ocasionada por sus limitados "conocimientos". "Cuyas cosas son una alegoría", como dice San Pablo de la historia de Abra­ham, Sara y Hagar. Despojado de su capa de piel, el Hombre es ahora tal como era cuando fue revestido con ella, y va a "su propio lugar" en el mundo astral, el lugar que él mismo ha elegido. Se produce, en forma automática, una reorganización de la materia de su cuerpo astral, a menos que tenga suficientes conocimientos como para hacerla. Durante su vida en el cuerpo físico, las partículas astrales de las siete subdivisiones de materia se mueven libremente entre ellas, y algunas de todas las clases están siempre sobre la superficie del cuerpo astral; la visión de la totalidad del mundo astral depende de la presencia, sobre la superficie del cuerpo astral, de par­tículas extraídas de las siete subdivisiones, que responden a los estados líquidos, sólidos, gaseosos y a los cuatro estados del éter. Estas partículas no están juntas constituyendo un órgano de visión, como el ojo físico; cuando el hombre dirige su atención hacia afuera, ve "todo sobre él", a través de esas partículas, o a través de aquellas que se orientan en la dirección del objeto hacia la cual se dirige la atención[2]. Si tiene lugar la reorganización del cuerpo astral, se junta la materia de cada subdivisión y se forma una serie de celdas concéntricas, con las más densas afuera. Por lo tanto, el hombre sólo puede ver la subdivisión del mundo astral a que pertenece la celda más super­ficial; la cantidad de materia de cada clase depende de la clase de deseos y emociones que haya cultivado en la tierra. Si han sido de un orden inferior, la materia astral más densa quedará muy vitalizada, y consecuentemente la celda o costra exterior, la que lo pondrá en contacto con la división más baja del mundo astral, la que perdurará por un largo tiempo. Se desintegra lentamente por una lenta desvitalización, como sería la privación de las satisfacciones a las cuales está acos­tumbrado. Es decir que un borracho, un glotón, un sensua­lista, una persona de pasiones violentas y brutales, ha­biendo vitalizado fuertemente sus combinaciones de materia astral más densas, puede ser consciente de lo que lo rodea solamente a través de él, y sólo ve a per­sonas como él, y a las peores cualidades de aquellos que son mejores. Estas pasiones atormentadoras no encuentran satisfacción, por cuanto no hay cuerpo físi­co mediante el cual antes las gratificaba; además estas pasiones ahora son más violentas que antes, porque du­rante la vida física muchas de las fuerzas de las vibracio­nes astrales se usaban simplemente en poner en movi­miento las pesadas porciones de materia física, y sólo se sentía como pena o placer el sobrante. De aquí que las pasiones sean pálidas y débiles en la tierra compara­das con la violencia que tienen en el plano astral, en el cual, una vez puestas en fácil movimiento las livianas partículas astrales, el gran sobrante impulsa el sufri­miento o el placer, en un enajenamiento o agonía in­concebibles en la tierra. Esto es lo que las religiones denominan "infierno", verdadero abismo en cuanto a sufrimiento, creado por la misma persona como lugar de morada. Pero ello es temporario, y más adecuadamente, pa­ra los ortodoxos Cristianos y Musulmanes, debería ser llamado el "purgatorio"[3]. La fina capa de la materia más densa se pierde y la persona pierde la visión de esta esfera, y comienza a percibir la que sigue, habiendo aprendido, con esta triste lección, que los placeres que tanto valoraba en la tierra son simplemente "las entrañas del sufrimien­to". El hombre medio no experimenta esta desafortu­nada condición post-mortem, por cuanto no ha atraído, mientras estaba en la tierra, mucha materia de la más densa al cuerpo astral, y la que posee no está tan fuertemente vitalizada, y no lo puede condicionar. Si sus intereses en la tierra han sido triviales (un emplea­do de oficina, una ama de casa rutinaria o un trabaja­dor manual, que alterna sus tareas con diversiones ba­jas, aunque no viciosas), y nada le ha importado el interés general, se encontrará encapsulado por él mismo por materia de la sexta subdivisión del mundo astral, y estará rodeado por las contrapartes astrales de los objetos físicos, pero sin la posibilidad de afectarlos o de tomar parte en la vida de la tierra que se desarrolla alrededor suyo; por lo tanto, debe de usar el coloquia­lismo y se encontrará bastante aburrido y presa de un intolerable sentido de tedio. Puede decirse que esto es duro, puesto que la ma­yor parte de la gente debe de pasar su vida en rutinas de alguna clase. ¿Deben aburrirse después de la muer­te, habiéndolo hecho en vida? Efectivamente, pero con un poco de conocimiento puede evitárselo, razón por la cual la Teosofía se está expandiendo. El trabajo que se realiza en la tierra no necesita ser agobiante, y no lo es para las personas profundamente religiosas. Todas las tareas útiles son parte de la Activi­dad Divina, y todos los trabajadores son órganos de dicha Actividad, las Manos con las cuales el Divino Tra­bajador cumple con Su trabajo. La producción y la dis­tribución, ya sea en la agricultura, minería, fabricación, comercio, la más insignificante actividad, son caminos de Dios para nutrir a la humanidad, y medios para la evolución. Cuando una persona ve que su pequeña tarea diaria es una porción integral de un gran trabajo, ya no es más un rutinario sino un co-trabajador con Dios[4] - Como cantó George Herbert:

Un sirviente en esta causa

Torna divina su tarea

El que barre una habitación en Su nombre

Hace esto y a la acción la refina

 Aquellos que trabajan de esta manera, no hallarán aburrimiento después de la muerte, sino actividades frescas y gozosas. En lo demás, se adapta rápidamente a las nuevas condiciones, para lo cual se lo ayuda, y encuentra que se ha liberado de muchas de las moles­tias de la tierra, y que puede llevar una vida bastante pasable; está en contacto con sus amigos en la tierra, y encuentra que están dispuestos a acompañado duran­te las noches de la tierra, aunque se muestran indiferen­tes durante sus días. Como dice, en forma enérgica: "El muerto nunca está ni por un instante bajo la impre­sión de haber perdido la vida", aunque los vivos lamen­ten la pérdida de la persona querida. (Leadbeater). El hombre pasa a través de la sexta, quinta y cuar­ta subdivisiones, disfrutando de una cada vez mayor asociación con los que ama, hasta que pasa a las divi­siones más altas, el cielo material de los religiosos me­nos instruidos de todas las creencias, la región de las artes, de la literatura, de la ciencia, la filantropía y de los mayores intereses en la vida, seguidos en la tierra con algo de egoísmo, y seguidos aquí dentro de las mis­mas líneas habituales con el uso de las reproducciones astrales de los medios y aparatos físicos. Estas mismas búsquedas, llevadas a cabo con moti­vos altruistas, elevan a la persona al mundo del cielo, su hogar apropiado, aún más allá de aquellos que pa­saron más egoístamente, pues cuando se aburrió de ellos en el mundo astral, cayó dormido, para despertar en el cielo. El cuerpo astral ha sido desechado, envoltura tras envoltura, las que a su debido tiempo vuelven a sus ele­mentos, como el físico. Algunas almas puras pasan a través del mundo astral sin registrarlo, con la mente puesta en cosas superiores. Otras, completamente des­piertas, no permiten que la materia de su cuerpo astral sea reordenada, y retienen su libertad y realizan servicios útiles. Excepto esta última causa, aquellos que están en el mundo astral por otras causas están regidos por la ley de que la vida astral es larga para el poco evo­lucionado, y corta para el evolucionado, en tanto que la vida en el cielo es al revés, larga para el evolucionado y corta para el otro.

LA ESFERA MENTAL SUS MUNDOS Y SUS HABITANTES 

La esfera mental conectada con nuestra tierra con­tiene dos globos con los cuales no tenemos nada que ver. También contiene dos mundos, el superior y el in­ferior, cada uno con sus habitantes, y una parte del in­ferior está en condiciones especiales, para el uso de se­res desencarnados; este es el mundo-cielo. Toda la esfe­ra pertenece al estado de conciencia denominado pen­samiento, o actividad menta_ y su materia responde a los cambios de conciencia que produce el pensar. Sus siete subdivisiones, aunque mucho más finas, también se corresponden con las de los mundos astral y físico, y el mundo mental está, como el físico, divi­dido en dos, el inferior y el superior, consistente el pri­mero de los cuatro estados de materia más densas y el otro de los tres más sutiles, Dos cuerpos pertenecen a ella, o sea el mental, compuesto por combinaciones de las más densas, y el causal, compuesto por las más finas. Este mundo es de un peculiar interés, no solamen­te porque el hombre pasa en él casi todo el tiempo, cuando su mente está desarrollada, sumergiéndose en el mundo físico sólo por breves intervalos de su vida mortal, como un pájaro se sumerge en el mar en busca de un pez, sino porque es el lugar de encuentro de la conciencia superior e inferior. La Individualidad inmortal, descendiendo de arriba -una vez que la mónada ha formado al espíritu envián­dole su rayo- espera en el cielo superior, mientras que los cuerpos inferiores se forman alrededor de los áto­mos adheridos a él, incubándolos a lo largo de largas edades de lenta evolución. Cuando han evolucionado lo suficiente, toma posesión de ellos para su propia evolución. El hábitat del Espíritu como Intelecto -de aquel "cuya naturaleza es conocimiento"- es el mundo cau­sal, los tres niveles superiores de la esfera mental. Estos le dan su cuerpo, el causal, el cuerpo que perdura, evo­lucionando a través de la larga serie de encarnaciones en la materia. Este mundo y cuerpo se llaman así porque todas las causas, cuyos efectos se ven en el mundo inferior, residen allí. El cuerpo causal comienza, con la toma de posesión antes mencionada, como una simple capa de materia, en forma de huevo, que como una costra rodea los cuerpos inferiores formados dentro de él, como el pollo en el huevo. Una delicada red irradia desde el átomo permanen­te del cuerpo causal a todas las partes de esta pelícu­la, y el átomo brilla como un punto incandescente. Los átomos permanentes de los cuerpos astral y físi­cos y la unidad-molécula mental están asociados con él. Durante la vida, encierra todos los cuerpos, y a la muerte de cada uno de ellos, preserva los gérmenes per­manentes, con todos los poderes vibratorios que con­tienen, o las "semillas de la vida" para cada cuerpo sucesivo. Durante edades, es sólo un poco más que esta deli­cada red y superficie, porque sólo puede crecer con las actividades humanas, aquellas que producen en su materia sutil una débil respuesta vibratoria. A medida que crece la personalidad y se toma más reflexiva, menos egoísta y más involucrada en activi­dades correctas, la cosecha para su poseedor se hace más y más rica. Las personalidades son como las hojas de un árbol; atraen materia desde el exterior, la transforman en sus­tancia útil, la envía al árbol como savia, se marchitan y caen. La savia se transforma en alimento para el árbol y lo nutre, permitiendo que broten nuevas hojas que repiten el ciclo. La conciencia, en los cuerpos mental, astral y físi­co, reúne experiencia, desechando los cuerpos astral y físico como hojas muertas, y trasmutando esas expe­riencias en cualidades del cuerpo mental durante su vida en el cielo. Estas ingresan en el cuerpo causal con la cosecha, desechando también al cuerpo mental, co­mo a los otros, y se mezcla con el Espíritu, que se enriquece con ella. Han servido al Espíritu como las ma­nos, usadas para tomar la comida. El Espíritu enriquecido, el Hombre, forma, alre­dedor de los viejos átomos permanentes, otros cuerpos mental y astral, capaces de manifestar estas cualidades mejoradas. El átomo físico permanente es depositado por el padre en el seno de la madre, la cual proporciona el cuerpo físico necesario por la invariable ley de causa y efecto, y estos tres cuerpos inferiores se nutren y se colorean por medio de su correspondientes cuerpos. Así se lanza una nueva personalidad a este mundo mortal. En tanto que el Intelecto tiene, como vehículo, al causal, su copia en la materia densa, la Mente, tiene co­mo instrumento al cuerpo mental. Uno tiene los pensa­mientos abstractos como actividad, y el otro los concretos. La Mente adquiere conocimientos utilizan­do los sentidos mediante la observación, como precep­tos, elaborándolos en conceptos; sus poderes son la atención, la memoria, el razonamiento por inducción y deducción, la imaginación y otros similares. El Inte­lecto sabe por resonancia del mundo exterior con su propia naturaleza, y su poder es Creación, disposición de la materia en cuerpos para su propia producción natural, o ideas. Cuando emite un destello hacia la Mente inferior, iluminando sus conceptos e inspirando su imaginación, decimos que es un Genio. Tanto el cuerpo causal como "el mental se expanden enormemente en las últimas etapas de la evolución, y manifiestan la más magnífica radiación de luces de colores, brillando con intenso esplendor cuando están comparativamente en descanso, y enviando el fulgor más deslumbrante cuando están en intensa actividad. Ambas interpenetran a los cuerpos inferiores y se ex­tienden más allá de sus superficies, como ya se ha dicho con relación al doble etérico y al astral. Las partes más sutiles de todos estos cuerpos que se encuentran afuera del cuerpo físico, forman colectivamente el "aura" de los seres humanos, o la luminosa nube de colores que rodea a sus cuerpos físicos. La porción etérica de esta aura puede ser captada por el aparato del Dr. Kilner. Un clarividente común normalmente ve a esta y a la porción astral. Un clarividente más de­sarrollado ve las porciones etéricas, astrales y menta­les. Hay pocos capacitados para ver la porción correspondiente al cuerpo causal, y aún menos la rara belle­za del intuicional, y el fulgor del vehículo espiritual. La claridad, delicadeza y brillo de los colores aúli­cos, o su opacidad, tosquedad e inercia denota la etapa de evolución en que se halla su poseedor. Los cambios en la emoción tiñen la porción astral con colores transitorios, como el rosa del amor, el azul de la devoción, el gris del miedo, el marrón de la brutalidad o el verde enfermizo de los celos. También son familiares el amarillo de la inteligencia, el anaran­jado del orgullo, el verde brillante de la simpatía mental y alerta. Estrías, bandas, rayas, etc. dan una multiplicidad de formas para estudio, pues todas son expresiones de cualidades del carácter mental y moral. El aura de un niño difiere de las de los adultos, pero no la consideraremos, porque el espacio es limitado. La mente, operando en el cuerpo mental, produce resultados -pensamientos- en los cuerpos astral y físico, en este último utilizando como instrumento el sistema cerebro-espinal. Emite, en su propio mundo, definidos "pensamientos-forma", pensamientos corpo­rificados con materia mental, que van hacia el mundo mental y pueden incorporarse en otros cuerpos menta; les. Sus propias vibraciones también envían ondulacio­nes en todos los sentidos, que causan vibraciones similares en otros. Pocas personas, comparativamente, pueden funcio­nar libremente, en la presente etapa de evolución, en el mundo mental, revestidas solamente de los cuerpos más elevados y del mental, separadas del físico y del astral. Pero los que pueden hacerlo, pueden informar­nos sobre sus fenómenos un asunto importante, pues­to que el cielo[5] es una parte del mundo mental, res­guardado de cualquier intrusión. Los habitantes de ese mundo son los espíritus de la naturaleza de mayor rango, llamados Devas o Resplandecientes en el Oriente y por los Cristianos, Hebreos y Mahometanos Angeles o el orden inferior de las inteligencias angélicas. Son formas incandescentes con formas cambiantes, de exquisitos colores, cuyo lenguaje es el color, y cuyos movimientos son melodía. 

EL CIELO-TIERRA

La porción de cielo del mundo mental está llena de seres desencarnados que elaboran en poderes men­tales y morales las buenas experiencias pasadas en sus vidas terrestres. Aquí puede verse al devoto religioso en un rapto de adoración contemplativa de la Divina Forma que amaba en la tierra, porque Dios se le reve­la en cualquier forma querida para el corazón humano. El músico llena el aire con sonidos melodiosos, culti­vando su capacidad hacia poderes mayores. Aquellos que aman están en contacto cercano con sus amados, y el amor gana más fortaleza y profundidad. El artista de las formas y los colores elabora espléndidas concep­ciones en materia plástica, que responde a sus pensa­mientos. El filántropo delinea grandes esquemas para ayudar a la humanidad. Los arquitectos, los planos a traer cuando retornen a la tierra. Cada una de las elevadas actividades desarrolladas en la tierra, cada pensamiento y aspiración nobles, florece aquí, flores que contienen en sí mismas las semillas que crecerán luego en la tierra. Sabiendo todo esto, las personas de esta tierra pre­paran las semillas de las experiencias que luego flore­cerán en el cielo. El cultivo de cada una de las faculta­des literarias y artísticas, de un paciente y permanente amor, de un servicio inegoista al ser humano, de una devoción a Dios, tornan rico y fructífero al cielo. Los que siembran escasez, cosechan escasez. Mientras que todas las copas de felicidad han de ser llenadas hasta rebalsar, hacemos a nuestras copas pequeñas o grandes. La extensión de nuestro cielo dependerá del material que llevemos al morir; este material son los pensamien­tos y las emociones puras. Puede ser desde quinientos años a dos mil, o de unas pocas centurias. En los muy poco desarrollados, menos todavía. Cuando todas las experiencias ya han sido elabo­radas en facultades, el hombre desecha su cuerpo men­tal y es, entonces, verdaderamente él mismo, mante­niendo el causal y los dos cuerpos superiores. Si es altamente desarrollado, puede vivir sin lími­tes en los altos niveles del mundo mental. Generalmen­te, su estada allí es breve, solo suficiente como para que vea todo su pasado, y para echar una ojeada a su futura vida, y rápidamente comienza a ponerse hacia abajo otra vez, guiado por la necesidad de nuevas expe­riencias. El germen de las facultades mentales desarro­lladas se implanta en la materia mental, para formar un nuevo cuerpo mental. Los correspondientes a las facultades emotivas y morales desarrolladas en la ma­teria astral, forman un nuevo cuerpo astral, y estas son las facultades innatas", o el "carácter" que el niño trae consigo al mundo.

LAS ESFERAS SUPERIORES 

Las dos esferas superiores, la Intuicional, en la cual la naturaleza de Cristo se desarrolla en el Hombre, y la Espiritual, no pueden describirse plenamen­te aquí. La Intuición, o la visión clara en la naturaleza de las cosas, que ve al Ser Uno en todas las cosas y des­truye el sentido de separatividad, es la facultad de la naturaleza Sabiduría, la suprema visión espiritual, para la cual "La Naturaleza no tiene velos en todo su rei­nado". La esfera espiritual, en la cual se realiza la uni­dad de la voluntad humana con la divina, es la última y más alta en el presente sistema manifestado. Las esferas monádicas y divinas son inmanifestadas todavía. La rueda de la evolución humana normal gira en tres mundos: el físico, el intermedio y el cielo. En el primero, juntamos experiencias; en el segundo sufrimos y gozamos según nuestra vida en el primero; en el tercero, disfrutamos de una felicidad sin tacha y se trasmutan las experiencias en facultades, tornando las experiencias en poder. De esta manera retornamos, edad tras edad. Cada etapa de esta evolución a través de los eones puede estudiarse por el desarrollo de la conciencia y el mejoramiento de los cuerpos pertenecientes a los diferentes mundos. No deben tomarse como verdades las afirmaciones realizadas en esta sección, excepto sobre la mónada, pues el estudio que garantiza una verificación es tan arduo como el de las altas matemáticas o el de la astronomía. Un desarrollo ligeramente superior de la voluntad normal, sin embargo capacita el examen de los hechos en los cuerpos etéricos y mental, y tal experiencia puede dar ánimos al estudiante para proseguir con la tarea más allá.


[1] Ver los numerosos casos dados por Du Prel en su Filosofía del Misticismo.

[2] Los recién llegados al mundo astral siempre miran a través de la simulación astral de los ojos, porque están acostumbra­dos a poner la atención hacia afuera en esta dirección, como también mueven las piernas para caminar. Esto es innecesario.

[3] Ambas religiones, a pesar de referirse al infierno como eterno, tienen pasajes en sus escrituras que contradicen la idea. El Nuevo Testamento habla del tiempo en que "Dios estará todo en todos", y El Corán declara: "Todas las cosas perecerán, me­nos Su Cara".

[4] Ver" Aplicación de la Teosofía a los Problemas Sociales" , Sec.V

[5] Llamado en los antiguos libros teosóficos el Devacán o el Sukhavati.

 

arriba

Pagina Principal - Inicio - Libros Gratuitos - Artículos - Noticias - Maestros Ascendidos - Emmet Fox - Conny Mendez - Rubén CedeñoFototeca - Musicoteca - Escuelas y Filosofías- Librería Virtual  

   Revista "Edad Dorada"   - Sitios de Interés - Grupos Metafisica - Novedades Editoriales

Religiones: Hiduismo - Judaismo - Buddhismo - Cristianismo - Islamismo - Otras Religiones