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EL CUERPO FÍSICO
El desarrollo real de la conciencia se ve
mejor desde abajo, por cuanto el cuerpo físico es el primero en estar bien
organizado como instrumento del conocimiento, y se desarrolla por sí en
el mundo físico que conocemos. La naturaleza emocional estimula las
glándulas y los ganglios del cuerpo físico, y el mental se entroniza en el
sistema cerebro-espinal, y ambos continúan con su evolución en las
invisibles esferas, por medio del estímulo obtenido desde el cuerpo
físico. No necesitamos detenernos en la, evolución del cuerpo físico
denso, dado que ello puede estudiarse en la ciencia física. La conciencia
humana es automática aquí, y el Hombre no tiene más necesidad de dirigir
el proceso físico; continúa por los hábitos, resultados de largas
presiones desde la conciencia.
La
parte más refinada del cuerpo físico, el doble etérico, compenetra al
denso, y se extiende un poco más allá de este en toda la superficie; sus
órganos propios de los sentidos son vórtices sobre su superficie,
ubicados en la parte opuesta (1) de la parte superior de la cabeza, (2)
del punto entre las cejas, (3) la garganta, (4) el corazón, (5) el bazo,
(6) el plexo solar, (7) la base de la columna vertebral, (8, 9, 10) en la
parte más baja de la pelvis. Estos tres últimos no se usan, excepto en
magia negra. Estos vórtices, técnicamente llamados chakras o ruedas por su
apariencia, se ponen en actividad durante el entrenamiento oculto, y
forman el puente entre las esferas física y astral, de manera tal de que
esta última queda incluida dentro de la actividad de la conciencia que
despierta. La salud de su compañero denso depende de la vitalidad del
doble etérico, el cual extrae sus energías directamente del sol, y en la
parte en contacto con el bazo, divide esta energía en corrientes, que se
dirigen a los diferentes órganos del cuerpo físico; el sobrante irradia
hacia afuera y energiza a todas las criaturas vivientes dentro de su
alcance. La simple proximidad de una persona vigorosa y sana vitaliza,
mientras que un cuerpo débil absorbe vitalidad del medio, deprimiendo, con
frecuencia, a los que lo rodean. El magnetismo físico, el poder de curar,
etc., son maneras de usar útilmente este exceso de vitalidad. La visión
etérica -visión física más penetrante que las demás- puede utilizarse para
observar objetos diminutos, como los átomos químicos, o las formas de las
ondas de las fuerzas eléctricas y otras, o para estudiar a los espíritus
de la naturaleza que tienen sus cuerpos inferiores de materia etérica
-hadas, gnomos, duendes y criaturas de esta clase. Una ligera tensión
nerviosa causada por excitaciones, enfermedades, drogas, alcohol, pueden
producir estas visiones. La parte etérica del cerebro juega una parte
activa en los sueños, especialmente en aquellos causados por las
impresiones desde afuera, o por la presión interna causada por los vasos
cerebrales. Estos sueños son generalmente dramáticos, y pueden involucrar
la memoria de eventos pasados, objetos o personas.
En las personas normales y sanas, la parte etérica del cuerpo físico no se
separa de la parte densa, pero su mayor parte puede ser anulada por
anestésicos, y se duerme fácilmente en el caso de personas mediumnísticas,
sirviendo con frecuencia de base para las materializaciones. La muerte es
la separación completa de su contraparte densa, conjuntamente con la
conciencia en los cuerpos superiores; queda con ellos durante un
intervalo variable -normalmente unas treinta y seis horas- y luego es
despedida por el Hombre, al no ser de más utilidad; decae con la caída del
cuerpo denso.
LA ESFERA EMOCIONAL O ASTRAL SUS MUNDOS Y SUS HABITANTES
La
esfera astral conectada con nuestra tierra contiene dos globos, con los
cuales no necesitamos entrar en contacto ahora; también contiene al mundo
astral y a sus habitantes, y el mundo intermedio o de deseos, parte del
astral, cuyos habitantes están normalmente en condiciones especiales. Toda
la esfera pertenece al estado de conciencia que se demuestra como
sentimientos, deseos y emociones; estos cambios en la conciencia van
acompañados con vibraciones de la materia astral, y si esta es fina y
rápida en sus movimientos, las vibraciones se tornan visibles a la vista
astral como colores. La pasión de la ira causa vibraciones que dan la luz
escarlata, en tanto que un sentimiento de devoción o de amor, tiñe al
cuerpo astral con un azul o rosa. Cada sentimiento tiene su color, por
cuanto va acompañado de su propio conjunto de vibraciones. El cuerpo
astral humano está, por supuesto, compuesto de materia astral, y cuando
está acompañado por el cuerpo físico, al cual compenetra y más allá del
cual se extiende, aparece como una nube o como un óvalo definido, según si
su poseedor es poco o muy evolucionado. La claridad y el brillo de los más
delicados colores, una mayor definición de la forma y mayor tamaño son
indicativos de una mayor evolución. Cuando el Hombre está en sus cuerpos
superiores se retira del físico -como lo hace todas las noches durante el
sueño- y entonces el cuerpo astral tiene un parecido con el físico. Por
cuanto la materia astral es sumamente plástica bajo la influencia del
pensamiento, el hombre aparece en el mundo astral en forma parecida a como
se ve a sí mismo, con el traje que está pensando. Un soldado muerto en
combate, que se le aparece a un amigo distante en el cuerpo astral, usará
su uniforme. Un hombre ahogado aparecerá con ropas chorreando. En tanto
que el ser humano en el mundo astral tiene normalmente la forma humana, el
habitante de ese mundo que no ha tenido cuerpo físico, como las hadas,
espíritus de la naturaleza conectados con la evolución de las plantas y la
vida animal, y otros, tienen cuerpos constantemente cambiantes de forma y
tamaño. Los elementales deportivos, como suelen llamarse a los espíritus
de la naturaleza, suelen aprovechar de esta plasticidad de su cuerpo para
aparecer con formas enormes y terribles, para aterrorizar a los intrusos
no entrenados en este mundo. Algunas drogas, como el Hashis, bhang, opio y
envenenamientos alcohólicos extremos también afectan a los nervios
psíquicos come para hacerlos sensibles a las vibraciones astrales, y los
pacientes captan destellos de algunos habitantes de los mundos astrales.
Los horrores que atormentan a un hombre que sufre de delirium tremens se
deben en gran medida a la visión de los elementales que se juntan
alrededor de los lugares donde se expende alcohol y se alimentan de sus
inhalaciones, y son atraídos a su alrededor por los efluvios de su propio
cuerpo. Todos los sentimientos de dolor o de placer del cuerpo físico se
deben a la presencia del astral que lo interpenetra, y, si se los echa por
medio de anestésicos o del mesmerismo, el sentimiento desaparece del
cuerpo físico. Durante el sueño, en el cual el etérico no deja a su
contraparte densa, puede llamarse rápidamente al astral, mediante
cualquier disturbio en el físico; pero si una gran parte de la materia
etérica está afuera, se rompe el puente de comunicación, y se produce el
trance; bajo estas condiciones, el cuerpo físico puede ser seriamente
mutilado, sin dolor. Este aparece tan pronto como el astral se desliza
otra vez en el físico, y "vuelve a la conciencia". Puede decirse, de paso,
que el centro normal de la conciencia humana en la etapa actual de
evolución es el cuerpo astral, desde el cual funciona el físico. La
"conciencia física" es ahora subconsciente, si puede permitirse este
disparate a una mujer irlandesa. La condición de una persona durante el
sueño varía con su etapa de evolución. El hombre no desarrollado, en sus
cuerpos superiores, dejando el físico, vuela alrededor de los lugares que
le son familiares; el hombre medio es atraído hacia las personas que le
son afines, pero su atención es atraída hacia adentro, y entra en contacto
sólo con la parte mental; en una etapa algo superior, su mente es muy
activa y receptiva, y puede elaborar sobre problemas que se le presenten
con más facilidad que en el cuerpo físico, como una evidencia del dicho
"el sueño trae consejos" o "mejor a este asunto le echamos un sueño", etc.
Cuando se le pone un problema a la mente en forma tranquila antes de irse
a dormir, la contestación generalmente se la encuentra a la mañana
siguiente. Todas estas personas no operan conscientemente en el mundo
astral; para ello es necesario que la atención se dirija hacia afuera, no
hacia adentro. Cuando la persona es pura y auto controlada, y expresa su
inclinación a ayudar en el mundo físico, generalmente se le "despierta" en
el astral por medio de una persona más avanzada. El proceso consiste
simplemente en hacerle atender lo que está sucediendo a su alrededor, en
lugar de estar inmerso en sus pensamientos; su cuerpo astral ha
evolucionado y está organizado por sus actividades mentales y morales, y
sólo tiene que despertarse al mundo astral que lo rodea. Quien le ayuda le
explica algunas cosas, y por un lapso lo mantiene junto a él; le enseña
que la materia astral obedece a sus pensamientos, que puede moverse a
voluntad y a cualquier velocidad, que puede caminar sobre las rocas,
sumergirse en el agua, pasar a través del fuego, trepar precipicios y
volar por el aire, siempre, naturalmente, que no tenga miedo y tenga
confianza; si pierde el coraje y se considera en peligro, el daño
imaginario puede "repercutir", es decir, aparecer físicamente como una
quemadura, un magullón, una herida, etc. Una vez aprendidas estas
lecciones primarias, y puede ver y oír correctamente en el mundo astral,
se lo pone a trabajar para ayudar a los "vivos" y a los "muertos", y se
transforma en lo que se conoce como un "ayudador invisible", y pasa las
noches socorriendo a los que están en problemas, enseñando a los
ignorantes, guiando a los que recién llegan al mundo astral por el portal
de la muerte. A ellos nos referiremos ahora.
EL MUNDO DEL DESEO, O
PURGATORIO
Esta
es la parte del mundo astral en la cual las condiciones son especiales
para los seres desencarnados, los cuales, aunque tienen conocimientos, no
están libres en el mundo astral, sino que son "espíritus en prisión",
como los menciona San Pablo. Se mantienen prisioneros por sus propios
deseos; de aquí el nombre de mundo del deseo, dado a este estado. Hemos
visto que el ser humano, al morir, revestido de sus cuerpos más sutiles,
sale de su cuerpo físico, que vistió durante su vida en la tierra, o la
"capa de piel" con la cual "el primer hombre" fue revestido después de su
"caída" en la materia, ocasionada por sus limitados "conocimientos".
"Cuyas cosas son una alegoría", como dice San Pablo de la historia de
Abraham, Sara y Hagar. Despojado de su capa de piel, el Hombre es ahora
tal como era cuando fue revestido con ella, y va a "su propio lugar" en el
mundo astral, el lugar que él mismo ha elegido. Se produce, en forma
automática, una reorganización de la materia de su cuerpo astral, a menos
que tenga suficientes conocimientos como para hacerla. Durante su vida en
el cuerpo físico, las partículas astrales de las siete subdivisiones de
materia se mueven libremente entre ellas, y algunas de todas las clases
están siempre sobre la superficie del cuerpo astral; la visión de la
totalidad del mundo astral depende de la presencia, sobre la superficie
del cuerpo astral, de partículas extraídas de las siete subdivisiones,
que responden a los estados líquidos, sólidos, gaseosos y a los cuatro
estados del éter. Estas partículas no están juntas constituyendo un órgano
de visión, como el ojo físico; cuando el hombre dirige su atención hacia
afuera, ve "todo sobre él", a través de esas partículas, o a través de
aquellas que se orientan en la dirección del objeto hacia la cual se
dirige la atención.
Si tiene lugar la reorganización del cuerpo astral, se junta la materia de
cada subdivisión y se forma una serie de celdas concéntricas, con las más
densas afuera. Por lo tanto, el hombre sólo puede ver la subdivisión del
mundo astral a que pertenece la celda más superficial; la cantidad de
materia de cada clase depende de la clase de deseos y emociones que haya
cultivado en la tierra. Si han sido de un orden inferior, la materia
astral más densa quedará muy vitalizada, y consecuentemente la celda o
costra exterior, la que lo pondrá en contacto con la división más baja del
mundo astral, la que perdurará por un largo tiempo. Se desintegra
lentamente por una lenta desvitalización, como sería la privación de las
satisfacciones a las cuales está acostumbrado. Es decir que un borracho,
un glotón, un sensualista, una persona de pasiones violentas y brutales,
habiendo vitalizado fuertemente sus combinaciones de materia astral más
densas, puede ser consciente de lo que lo rodea solamente a través de él,
y sólo ve a personas como él, y a las peores cualidades de aquellos que
son mejores. Estas pasiones atormentadoras no encuentran satisfacción, por
cuanto no hay cuerpo físico mediante el cual antes las gratificaba;
además estas pasiones ahora son más violentas que antes, porque durante
la vida física muchas de las fuerzas de las vibraciones astrales se
usaban simplemente en poner en movimiento las pesadas porciones de
materia física, y sólo se sentía como pena o placer el sobrante. De aquí
que las pasiones sean pálidas y débiles en la tierra comparadas con la
violencia que tienen en el plano astral, en el cual, una vez puestas en
fácil movimiento las livianas partículas astrales, el gran sobrante
impulsa el sufrimiento o el placer, en un enajenamiento o agonía
inconcebibles en la tierra. Esto es lo que las religiones denominan
"infierno", verdadero abismo en cuanto a sufrimiento, creado por la misma
persona como lugar de morada. Pero ello es temporario, y más
adecuadamente, para los ortodoxos Cristianos y Musulmanes, debería ser
llamado el "purgatorio".
La fina capa de la materia más densa se pierde y la persona pierde la
visión de esta esfera, y comienza a percibir la que sigue, habiendo
aprendido, con esta triste lección, que los placeres que tanto valoraba en
la tierra son simplemente "las entrañas del sufrimiento". El hombre medio
no experimenta esta desafortunada condición post-mortem, por cuanto no ha
atraído, mientras estaba en la tierra, mucha materia de la más densa al
cuerpo astral, y la que posee no está tan fuertemente vitalizada, y no lo
puede condicionar. Si sus intereses en la tierra han sido triviales (un
empleado de oficina, una ama de casa rutinaria o un trabajador manual,
que alterna sus tareas con diversiones bajas, aunque no viciosas), y nada
le ha importado el interés general, se encontrará encapsulado por él mismo
por materia de la sexta subdivisión del mundo astral, y estará rodeado por
las contrapartes astrales de los objetos físicos, pero sin la posibilidad
de afectarlos o de tomar parte en la vida de la tierra que se desarrolla
alrededor suyo; por lo tanto, debe de usar el coloquialismo y se
encontrará bastante aburrido y presa de un intolerable sentido de tedio.
Puede decirse que esto es duro, puesto que la mayor parte de la gente
debe de pasar su vida en rutinas de alguna clase. ¿Deben aburrirse después
de la muerte, habiéndolo hecho en vida? Efectivamente, pero con un poco
de conocimiento puede evitárselo, razón por la cual la Teosofía se está
expandiendo. El trabajo que se realiza en la tierra no necesita ser
agobiante, y no lo es para las personas profundamente religiosas. Todas
las tareas útiles son parte de la Actividad Divina, y todos los
trabajadores son órganos de dicha Actividad, las Manos con las cuales el
Divino Trabajador cumple con Su trabajo. La producción y la
distribución, ya sea en la agricultura, minería, fabricación, comercio,
la más insignificante actividad, son caminos de Dios para nutrir a la
humanidad, y medios para la evolución. Cuando una persona ve que su
pequeña tarea diaria es una porción integral de un gran trabajo, ya no es
más un rutinario sino un co-trabajador con Dios
- Como cantó George Herbert:
Un sirviente en esta causa
Torna divina su tarea
El que barre una habitación en Su nombre
Hace esto y a la acción la refina
Aquellos
que trabajan de esta manera, no hallarán aburrimiento después de la
muerte, sino actividades frescas y gozosas. En lo demás, se adapta
rápidamente a las nuevas condiciones, para lo cual se lo ayuda, y
encuentra que se ha liberado de muchas de las molestias de la tierra, y
que puede llevar una vida bastante pasable; está en contacto con sus
amigos en la tierra, y encuentra que están dispuestos a acompañado
durante las noches de la tierra, aunque se muestran indiferentes durante
sus días. Como dice, en forma enérgica: "El muerto nunca está ni por un
instante bajo la impresión de haber perdido la vida", aunque los vivos
lamenten la pérdida de la persona querida. (Leadbeater). El hombre pasa a
través de la sexta, quinta y cuarta subdivisiones, disfrutando de una
cada vez mayor asociación con los que ama, hasta que pasa a las
divisiones más altas, el cielo material de los religiosos menos
instruidos de todas las creencias, la región de las artes, de la
literatura, de la ciencia, la filantropía y de los mayores intereses en la
vida, seguidos en la tierra con algo de egoísmo, y seguidos aquí dentro de
las mismas líneas habituales con el uso de las reproducciones astrales de
los medios y aparatos físicos. Estas mismas búsquedas, llevadas a cabo con
motivos altruistas, elevan a la persona al mundo del cielo, su hogar
apropiado, aún más allá de aquellos que pasaron más egoístamente, pues
cuando se aburrió de ellos en el mundo astral, cayó dormido, para
despertar en el cielo. El cuerpo astral ha sido desechado, envoltura tras
envoltura, las que a su debido tiempo vuelven a sus elementos, como el
físico. Algunas almas puras pasan a través del mundo astral sin
registrarlo, con la mente puesta en cosas superiores. Otras, completamente
despiertas, no permiten que la materia de su cuerpo astral sea
reordenada, y retienen su libertad y realizan servicios útiles. Excepto
esta última causa, aquellos que están en el mundo astral por otras causas
están regidos por la ley de que la vida astral es larga para el poco
evolucionado, y corta para el evolucionado, en tanto que la vida en el
cielo es al revés, larga para el evolucionado y corta para el otro.
LA ESFERA MENTAL SUS MUNDOS Y
SUS HABITANTES
La esfera mental conectada con nuestra
tierra contiene dos globos con los cuales no tenemos nada que ver.
También contiene dos mundos, el superior y el inferior, cada uno con sus
habitantes, y una parte del inferior está en condiciones especiales, para
el uso de seres desencarnados; este es el mundo-cielo. Toda la esfera
pertenece al estado de conciencia denominado pensamiento, o actividad
menta_ y su materia responde a los cambios de conciencia que produce el
pensar. Sus siete subdivisiones, aunque mucho más finas, también se
corresponden con las de los mundos astral y físico, y el mundo mental
está, como el físico, dividido en dos, el inferior y el superior,
consistente el primero de los cuatro estados de materia más densas y el
otro de los tres más sutiles, Dos cuerpos pertenecen a ella, o sea el
mental, compuesto por combinaciones de las más densas, y el causal,
compuesto por las más finas. Este mundo es de un peculiar interés, no
solamente porque el hombre pasa en él casi todo el tiempo, cuando su
mente está desarrollada, sumergiéndose en el mundo físico sólo por breves
intervalos de su vida mortal, como un pájaro se sumerge en el mar en busca
de un pez, sino porque es el lugar de encuentro de la conciencia superior
e inferior. La Individualidad inmortal, descendiendo de arriba -una vez
que la mónada ha formado al espíritu enviándole su rayo- espera en el
cielo superior, mientras que los cuerpos inferiores se forman alrededor de
los átomos adheridos a él, incubándolos a lo largo de largas edades de
lenta evolución. Cuando han evolucionado lo suficiente, toma posesión de
ellos para su propia evolución. El hábitat del Espíritu como Intelecto -de
aquel "cuya naturaleza es conocimiento"- es el mundo causal, los tres
niveles superiores de la esfera mental. Estos le dan su cuerpo, el causal,
el cuerpo que perdura, evolucionando a través de la larga serie de
encarnaciones en la materia. Este mundo y cuerpo se llaman así porque
todas las causas, cuyos efectos se ven en el mundo inferior, residen allí.
El cuerpo causal comienza, con la toma de posesión antes mencionada, como
una simple capa de materia, en forma de huevo, que como una costra rodea
los cuerpos inferiores formados dentro de él, como el pollo en el huevo.
Una delicada red irradia desde el átomo permanente del cuerpo causal a
todas las partes de esta película, y el átomo brilla como un punto
incandescente. Los átomos permanentes de los cuerpos astral y físicos y
la unidad-molécula mental están asociados con él. Durante la vida,
encierra todos los cuerpos, y a la muerte de cada uno de ellos, preserva
los gérmenes permanentes, con todos los poderes vibratorios que
contienen, o las "semillas de la vida" para cada cuerpo sucesivo. Durante
edades, es sólo un poco más que esta delicada red y superficie, porque
sólo puede crecer con las actividades humanas, aquellas que producen en su
materia sutil una débil respuesta vibratoria. A medida que crece la
personalidad y se toma más reflexiva, menos egoísta y más involucrada en
actividades correctas, la cosecha para su poseedor se hace más y más
rica. Las personalidades son como las hojas de un árbol; atraen materia
desde el exterior, la transforman en sustancia útil, la envía al árbol
como savia, se marchitan y caen. La savia se transforma en alimento para
el árbol y lo nutre, permitiendo que broten nuevas hojas que repiten el
ciclo. La conciencia, en los cuerpos mental, astral y físico, reúne
experiencia, desechando los cuerpos astral y físico como hojas muertas, y
trasmutando esas experiencias en cualidades del cuerpo mental durante su
vida en el cielo. Estas ingresan en el cuerpo causal con la cosecha,
desechando también al cuerpo mental, como a los otros, y se mezcla con el
Espíritu, que se enriquece con ella. Han servido al Espíritu como las
manos, usadas para tomar la comida. El Espíritu enriquecido, el Hombre,
forma, alrededor de los viejos átomos permanentes, otros cuerpos mental y
astral, capaces de manifestar estas cualidades mejoradas. El átomo físico
permanente es depositado por el padre en el seno de la madre, la cual
proporciona el cuerpo físico necesario por la invariable ley de causa y
efecto, y estos tres cuerpos inferiores se nutren y se colorean por medio
de su correspondientes cuerpos. Así se lanza una nueva personalidad a este
mundo mortal. En tanto que el Intelecto tiene, como vehículo, al causal,
su copia en la materia densa, la Mente, tiene como instrumento al cuerpo
mental. Uno tiene los pensamientos abstractos como actividad, y el otro
los concretos. La Mente adquiere conocimientos utilizando los sentidos
mediante la observación, como preceptos, elaborándolos en conceptos; sus
poderes son la atención, la memoria, el razonamiento por inducción y
deducción, la imaginación y otros similares. El Intelecto sabe por
resonancia del mundo exterior con su propia naturaleza, y su poder es
Creación, disposición de la materia en cuerpos para su propia producción
natural, o ideas. Cuando emite un destello hacia la Mente inferior,
iluminando sus conceptos e inspirando su imaginación, decimos que es un
Genio. Tanto el cuerpo causal como "el mental se expanden enormemente en
las últimas etapas de la evolución, y manifiestan la más magnífica
radiación de luces de colores, brillando con intenso esplendor cuando
están comparativamente en descanso, y enviando el fulgor más deslumbrante
cuando están en intensa actividad. Ambas interpenetran a los cuerpos
inferiores y se extienden más allá de sus superficies, como ya se ha
dicho con relación al doble etérico y al astral. Las partes más sutiles de
todos estos cuerpos que se encuentran afuera del cuerpo físico, forman
colectivamente el "aura" de los seres humanos, o la luminosa nube de
colores que rodea a sus cuerpos físicos. La porción etérica de esta aura
puede ser captada por el aparato del Dr. Kilner. Un clarividente común
normalmente ve a esta y a la porción astral. Un clarividente más
desarrollado ve las porciones etéricas, astrales y mentales. Hay pocos
capacitados para ver la porción correspondiente al cuerpo causal, y aún
menos la rara belleza del intuicional, y el fulgor del vehículo
espiritual. La claridad, delicadeza y brillo de los colores aúlicos, o su
opacidad, tosquedad e inercia denota la etapa de evolución en que se halla
su poseedor. Los cambios en la emoción tiñen la porción astral con colores
transitorios, como el rosa del amor, el azul de la devoción, el gris del
miedo, el marrón de la brutalidad o el verde enfermizo de los celos.
También son familiares el amarillo de la inteligencia, el anaranjado del
orgullo, el verde brillante de la simpatía mental y alerta. Estrías,
bandas, rayas, etc. dan una multiplicidad de formas para estudio, pues
todas son expresiones de cualidades del carácter mental y moral. El aura
de un niño difiere de las de los adultos, pero no la consideraremos,
porque el espacio es limitado. La mente, operando en el cuerpo mental,
produce resultados -pensamientos- en los cuerpos astral y físico, en este
último utilizando como instrumento el sistema cerebro-espinal. Emite, en
su propio mundo, definidos "pensamientos-forma", pensamientos
corporificados con materia mental, que van hacia el mundo mental y pueden
incorporarse en otros cuerpos menta; les. Sus propias vibraciones también
envían ondulaciones en todos los sentidos, que causan vibraciones
similares en otros. Pocas personas, comparativamente, pueden funcionar
libremente, en la presente etapa de evolución, en el mundo mental,
revestidas solamente de los cuerpos más elevados y del mental, separadas
del físico y del astral. Pero los que pueden hacerlo, pueden informarnos
sobre sus fenómenos un asunto importante, puesto que el cielo
es una parte del mundo mental, resguardado de cualquier intrusión. Los
habitantes de ese mundo son los espíritus de la naturaleza de mayor rango,
llamados Devas o Resplandecientes en el Oriente y por los Cristianos,
Hebreos y Mahometanos Angeles o el orden inferior de las inteligencias
angélicas. Son formas incandescentes con formas cambiantes, de exquisitos
colores, cuyo lenguaje es el color, y cuyos movimientos son melodía.
EL CIELO-TIERRA
La
porción de cielo del mundo mental está llena de seres desencarnados que
elaboran en poderes mentales y morales las buenas experiencias pasadas en
sus vidas terrestres. Aquí puede verse al devoto religioso en un rapto de
adoración contemplativa de la Divina Forma que amaba en la tierra, porque
Dios se le revela en cualquier forma querida para el corazón humano. El
músico llena el aire con sonidos melodiosos, cultivando su capacidad
hacia poderes mayores. Aquellos que aman están en contacto cercano con sus
amados, y el amor gana más fortaleza y profundidad. El artista de las
formas y los colores elabora espléndidas concepciones en materia
plástica, que responde a sus pensamientos. El filántropo delinea grandes
esquemas para ayudar a la humanidad. Los arquitectos, los planos a traer
cuando retornen a la tierra. Cada una de las elevadas actividades
desarrolladas en la tierra, cada pensamiento y aspiración nobles, florece
aquí, flores que contienen en sí mismas las semillas que crecerán luego en
la tierra. Sabiendo todo esto, las personas de esta tierra preparan las
semillas de las experiencias que luego florecerán en el cielo. El cultivo
de cada una de las facultades literarias y artísticas, de un paciente y
permanente amor, de un servicio inegoista al ser humano, de una devoción a
Dios, tornan rico y fructífero al cielo. Los que siembran escasez,
cosechan escasez. Mientras que todas las copas de felicidad han de ser
llenadas hasta rebalsar, hacemos a nuestras copas pequeñas o grandes. La
extensión de nuestro cielo dependerá del material que llevemos al morir;
este material son los pensamientos y las emociones puras. Puede ser desde
quinientos años a dos mil, o de unas pocas centurias. En los muy poco
desarrollados, menos todavía. Cuando todas las experiencias ya han sido
elaboradas en facultades, el hombre desecha su cuerpo mental y es,
entonces, verdaderamente él mismo, manteniendo el causal y los dos
cuerpos superiores. Si es altamente desarrollado, puede vivir sin límites
en los altos niveles del mundo mental. Generalmente, su estada allí es
breve, solo suficiente como para que vea todo su pasado, y para echar una
ojeada a su futura vida, y rápidamente comienza a ponerse hacia abajo otra
vez, guiado por la necesidad de nuevas experiencias. El germen de las
facultades mentales desarrolladas se implanta en la materia mental, para
formar un nuevo cuerpo mental. Los correspondientes a las facultades
emotivas y morales desarrolladas en la materia astral, forman un nuevo
cuerpo astral, y estas son las facultades innatas", o el "carácter" que el
niño trae consigo al mundo.
LAS ESFERAS SUPERIORES
Las
dos esferas superiores, la Intuicional, en la cual la naturaleza de Cristo
se desarrolla en el Hombre, y la Espiritual, no pueden describirse
plenamente aquí. La Intuición, o la visión clara en la naturaleza de las
cosas, que ve al Ser Uno en todas las cosas y destruye el sentido de
separatividad, es la facultad de la naturaleza Sabiduría, la suprema
visión espiritual, para la cual "La Naturaleza no tiene velos en todo su
reinado". La esfera espiritual, en la cual se realiza la unidad de la
voluntad humana con la divina, es la última y más alta en el presente
sistema manifestado. Las esferas monádicas y divinas son inmanifestadas
todavía. La rueda de la evolución humana normal gira en tres mundos: el
físico, el intermedio y el cielo. En el primero, juntamos experiencias; en
el segundo sufrimos y gozamos según nuestra vida en el primero; en el
tercero, disfrutamos de una felicidad sin tacha y se trasmutan las
experiencias en facultades, tornando las experiencias en poder. De esta
manera retornamos, edad tras edad. Cada etapa de esta evolución a través
de los eones puede estudiarse por el desarrollo de la conciencia y el
mejoramiento de los cuerpos pertenecientes a los diferentes mundos. No
deben tomarse como verdades las afirmaciones realizadas en esta sección,
excepto sobre la mónada, pues el estudio que garantiza una verificación es
tan arduo como el de las altas matemáticas o el de la astronomía. Un
desarrollo ligeramente superior de la voluntad normal, sin embargo
capacita el examen de los hechos en los cuerpos etéricos y mental, y tal
experiencia puede dar ánimos al estudiante para proseguir con la tarea más
allá.
Ver los numerosos casos dados por Du Prel en su Filosofía del
Misticismo.
Ambas religiones, a pesar de referirse al infierno como eterno, tienen
pasajes en sus escrituras que contradicen la idea. El Nuevo Testamento
habla del tiempo en que "Dios estará todo en todos", y El Corán
declara: "Todas las cosas perecerán, menos Su Cara".
Ver" Aplicación de la Teosofía a los Problemas Sociales" , Sec.V
Llamado en los antiguos libros teosóficos el Devacán o el Sukhavati.
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