El hombre es creación del
pensamiento, como puede leerse en las Sagradas Escrituras de la India: "El
hombre se hace por sus convicciones; tal como piensa, así es". Estas
palabras están de acuerdo con la ciencia psicológica de hoy, la cual
reconoce que en las ideas está la base inquebrantable de las acciones. En
la triplicidad humana, la voluntad mueve, el pensamiento
dirige, la actividad realiza, y, por lo tanto, la
acción no es más que la manifestación de la idea. El destino de un hombre
o de una nación, dependen de las ideas que dominan, ora en mente del
individuo, ora en la mente colectiva del pueblo. El artista, embargado por
una visión de
belleza, toma el pincel y ejecuta una obra
maestra: la Francia, embriagada con la idea de libertad, se lanzó sobre
Europa para romper sus cadenas.
Siempre la idea precede a la acción; la idea es
la creadora; la acción es la criatura. La ideas son de muy diferentes
clases: las hay vagas, flotantes, indecisas, frívolas que no dejan sino
una débil y pasajera huella en el carácter, en
tanto que las ideas fijas le dominan. Según los psicólogos la idea fija es
aquella que domina a la mente permaneciendo allí a despecho
de todo razonamiento, de toda tentación y de
todas las fuerzas, ante las cuales cede la humanidad ordinaria. Si esta
idea es verdadera, bella y de conformidad con las leyesde la naturaleza,
conduce al hombre, a quien domina, a las más elevadas cumbres de las más
espléndidas virtudes; pero si es falsa, le precipita desgraciadamente en
el fango del fanatismo y de la locura.
Pero el ideal para el hombre es una idea fija de
sentido moral, apta para formar el carácter e inspirar el corazón. Aquel
que no tiene un ideal que flote sobre el océano de su vida, es lanzado de
un lado a otro, arrebatado por las corrientes de las circunstancias, por
las atracciones y las repulsiones, sin un objeto determinado, sin una
deliberada orientación. El que se ha creado un ideal y a él se abraza,
marcha recto hacia adelante, no retrocede sino para saltar mejor, hace que
las circunstancias se inclinen ante su voluntad inquebrantable, y es como
un barco que obedece al timón.
La cosa más importante en la educación de los
jóvenes, consiste en poner ante sus ojos un ideal activo y elevado que, en
cuanto sea posible, haya formado parte de los grandes hombres y grandes
mujeres de la patria, como ejemplos de virtudes cívicas y religiosas. La
febril
imaginación del niño dará vida a esos retratos y
tomará de ellos los rasgos con que se constituirá una imagen heroica de
acuerdo con sus aspiraciones y sus anhelos. Cuando él aspire a convertirse
en un estadista, un sacerdote, un militar, un hombre de negocios, un
artista o sencillamente un ciudadano honrado, encontrará en el ideal que
se le ofrece los materiales que responden a su aspiración, y se formará
con ellos su ideal, ideal que se convertirá en su ángel de la guarda,
protegiéndole contra las ruindades de la vida.
Cuando se ha elegido un ideal, debe contemplarse
durante algunos momentos todas las mañanas con atención y con cariño. Ese
pensamiento matutino, repetido un día y otro, pronto empezará a hacer
brotar en el carácter los gérmenes de aquellas cualidades que se han
contemplado en el ideal; y aunque no se tenga
conciencia del esfuerzo realizado, las bellezas de ese ideal se
manifestarán en el carácter, pues el pensamiento es fecundo y engendra las
cualidades.
Es preciso tener presente que los pensamientos
falsos, ruines y malos, engendran también los defectos que a su género
corresponden y, por tanto, cuando de siembran en un país ideas malsanas,
germinarán en el carácter de sus ciudadanos, ofreciendo una cosecha de
vicios y crímenes. Los libros, los periódicos, los cantares, los dramas,
los cuadros, siembran por todas
partes ideas que engendrarán ciudadanos buenos o
malos. Si es posible elevar a los demás por medio de un ideal noble,
también se les puede envilecer con pensamientos de corrupción; y, sobre
todo, las mentes de los niños y de los jóvenes que son los más expuestos a
la influencia de los pensamientos. Presentar al público ideas nobles,
rectas, fraternales, llenas de
amor y justicia, es ayudar a construir una nación
grande, pacífica y feliz; presentar ideas groseras, de profanación,
frívolas, es intentar deprimir la patria; pues el pensamiento,la fuerza
creadora del universo, origina buenas o malas acciones, y aquellos que
envenenan el manantial de la actividad humana son los verdaderos enemigos
de la humanidad.