Hemos
estado hablando acerca de los factores deteriorantes en la existencia
humana y dijimos que el miedo es una de las causas fundamentales de este
deterioro. También dijimos que el seguimiento de cualquier forma de
autoridad, ya sea impuesta por uno mismo o establecida desde fuera, así
como de cualquier forma de imitación o copia, destruye la iniciativa, la
creatividad y bloquea el descubrimiento de lo verdadero.
La verdad
no es algo que pueda seguirse; tiene que ser descubierta. Ustedes no
pueden encontrar la verdad por medio de ningún libro, de ninguna
acumulación de experiencias. Como lo discutimos el otro día, cuando la
experiencia se convierte en un recuerdo, ese recuerdo destruye la
comprensión creadora. Cualquier sentimiento de malicia o envidia, por leve
que sea, es también destructivo de esta comprensión creadora sin la cual
no existe la felicidad. La felicidad no puede comprarse, ni llega cuando
uno la persigue; está ahí cuando no hay conflicto.
Ahora
bien, ¿no es muy importante, especialmente cuando todavía estamos en la
escuela, comenzar a comprender la significación de las palabras? La
palabra, el símbolo, se ha vuelto para todos nosotros una cosa
extraordinariamente destructivo y no nos percatamos de esto. ¿Saben qué
entiendo por símbolo? El símbolo es la sombra de la verdad. El disco
fonográfico, por ejemplo, no es la voz real; pero la voz ha sido
registrada en el disco y eso es lo que escuchamos. La palabra, el símbolo,
la imagen, la idea no es la verdad; pero adoramos la imagen, veneramos el
símbolo, asignamos una gran significación a la palabra, y todo esto es muy
destructivo, porque entonces la palabra, el símbolo, la imagen se vuelve
sumamente importante. Así es como los templos, las iglesias y las
distintas religiones organizadas con sus símbolos, creencias y dogmas se
convierten en factores que impiden a la mente ir más allá y descubrir la
verdad. De modo que no queden presos en las palabras, en los símbolos, que
automáticamente cultivan el hábito. El hábito es un factor extremadamente
destructivo, porque cuando quieren pensar creativamente, el hábito se pone
en medio.
Quizás
ustedes no comprendan la plena significación de lo que estoy diciendo,
pero lo harán si piensan al respecto. Salgan de vez en cuando a pasear
solos y reflexionen sobre estas cosas. Descubran qué se entiende por
palabras como .vida", "Dios", "deber", "cooperación", todas esas palabras
extraordinarias que usamos con tanta prodigalidad.
¿Se han
preguntado alguna vez qué significa "deber"? ¿Deber hacia qué?
Hacia los
ancianos, hacia lo que dice la tradición: que ustedes deben sacrificarse
por sus padres, por su país, por sus dioses. Esa palabra "deber" se ha
vuelto extraordinariamente significativa para ustedes, ¿verdad? Está
cargada de mucha significación que se les impone. Se les enseña que tienen
un deber hacia su país, hacia sus dioses, hacia su prójimo; pero mucho más
importante que la palabra "deber" es que descubran por sí mismos cuál es
la verdad. Sus padres y la sociedad usan esa palabra "deber" como un medio
de moldearles, de ajustarles conforme a las idiosincrasias particulares de
ellos, a sus hábitos de pensamiento, a sus agrados y desagrados, esperando
de ese modo garantizar su propia seguridad.
Así que
tómense tiempo, sean pacientes, analicen, investiguen y descubran por sí
mismos qué es verdadero en todo esto. No acepten meramente la palabra
"deber", porque donde hay "deber" no hay amor.
Del mismo
modo, tomemos la palabra "cooperación". El estado quiere que ustedes
cooperen con él. Si cooperan con algo sin comprenderlo, están meramente
imitando, copiando. Pero si comprenden, si descubren la verdad de algo,
entonces al cooperar están viviendo, moviéndose con ello y ello forma
parte de ustedes.
Es,
entonces, muy necesario percatamos de las palabras, de los símbolos e
imágenes que mutilan nuestro pensar. Percatarnos de eso y descubrir si
podemos ir más allá es esencial, si hemos de vivir creativamente sin
desintegrarnos.
¿Saben?,
permitirnos que la palabra "deber" nos mate. La idea de que tienen un
deber hacia sus padres, hacia sus relaciones, hacia el país, los
sacrifica, Hace que salgan y vayan a pelear, a matar y a ser muertos o
lisiados. El político, el líder dice que es necesario destruir a otros
para proteger la comunidad, el país, la ideología o el estilo de vida;
así, el matar se vuelve una parte de nuestro deber y pronto nos vemos
envueltos en el espíritu militar. El espíritu militar les vuelve
obedientes, hace que sean físicamente muy disciplinados; pero en lo
interno sus mentes son destruidas poco a poco porque están imitando,
siguiendo, copiando. Se convierten en una herramienta de los mayores, del
político, en un instrumento de la propaganda. Llegan a aceptar la matanza
para proteger a su país como algo inevitable, porque alguien dice que es
necesaria. Pero sin importar quién lo diga, ¿no deberían examinarlo muy
claramente por sí mismos?
Matar es,
obviamente, la más destructiva y corrupta de las acciones en la vida,
especialmente matar a otro ser humano, porque cuando uno mata está lleno
de odio, por mucho que pueda racionalizarlo, y crea también antagonismo en
los demás. Podemos matar con una palabra igual que con una acción; y matar
a otros seres humanos jamás ha resuelto ninguno de nuestros problemas. La
guerra jamás ha curado ninguna de nuestras enfermedades económicas o
sociales, ni ha dado origen a una comprensión mutua en las relaciones
humanas; no obstante, todo el mundo está preparándose perpetuamente para
la guerra. Son muchas las razones que se exponen para explicar por qué es
necesario matar gente; y también hay muchas razones para no matar. Pero no
se dejen arrastrar por ningún razonamiento, porque hoy pueden tener una
buena razón para no matar y mañana podrán tener una razón mucho más fuerte
para matar.
Primero
vean la verdad de ello, perciban lo esencial que es no matar. Sin tener en
cuenta lo que puedan haber dicho otros, desde la más alta a la más baja de
las autoridades, descubran por sí mismos la verdad de la cuestión; y
cuando estén internamente claros al respecto, entonces podrán analizar los
detalles. Pero no empiecen razonando, porque cada razón puede ser
enfrentada por una razón contraria y quedan atrapados en la red de los
razonamientos. Lo importante es que vean directamente por sí mismos cuál
es la verdad, y entonces pueden empezar a usar la razón. Cuando perciben
por sí mismos lo verdadero, cuando saben que matar a otro no es amor,
cuando internamente sienten la verdad de que no debe haber antagonismo en
la relación con otro, ninguna cantidad de razonamientos puede destruir esa
verdad. Entonces no hay político ni sacerdote ni padre que puedan
sacrificarles por una idea o por la propia seguridad de ellos.
Los viejos
siempre han sacrificado a los jóvenes. Cuando ustedes sean mayores,
¿sacrificarán a su vez a los jóvenes? ¿No quieren poner fin a este
sacrificio? Porque ésta es la más destructivo forma de vivir, es uno de
los mayores factores de deterioro humano. Para terminar con ello, cada uno
de ustedes, como individuo, tiene que descubrir por sí mismo la verdad.
Sin pertenecer a ninguna organización, tienen que descubrir la verdad que
hay en no matar, en sentir amor, en no tener antagonismo. Entonces,
ninguna cantidad de palabras, de agudos razonamientos podrán persuadirles
para que maten o sacrifiquen a otro ser humano.
Es muy
importante, pues, mientras son jóvenes, que examinen, que examinen estas
cosas por sí mismos, y de ese modo echen los cimientos para el
descubrimiento de la verdad.
Interlocutor: ¿Cuál es el propósito de la creación?
K.: ¿Estás
realmente interesado en eso? ¿Qué es lo que entiendes por "creación"?
¿Cuál es el propósito del vivir? ¿Por qué existen ustedes, por qué leen,
estudian, dan exámenes? ¿Cuál es el propósito de la relación, la relación
de padres e hijos, de marido y mujer? ¿Qué es la vida? ¿Es eso lo que
quieres decir cuando preguntas: "¿Cuál es el propósito de la creación?".
¿Cuándo
formulas una pregunta así? Cuando internamente no ves con claridad, cuando
te sientes confundido, desdichado, cuando estás a oscuras, cuando no
percibes ni sientes por ti mismo la verdad de ello; entonces quieres saber
cuál es el propósito de la vida.
Y bien,
hay muchas personas que te dirán cuál es el propósito de la vida, te dirán
lo que dicen los libros sagrados. Personas ingeniosas seguirán
inventándole diversos propósitos a la vida. El grupo político tendrá un
propósito, el grupo religioso tendrá otro y así sucesivamente. ¿Y cómo vas
a descubrir cuál es el propósito de la vida cuando tú mismo estás
confundido?
Ciertamente, en tanto estés confundido, sólo podrás recibir una respuesta
también confusa. Si tu mente está perturbada, si no se halla realmente
quieta, cualquier respuesta que recibas lo será a través de esta pantalla
de confusión, de ansiedad, de temor; por lo tanto, la respuesta llegará
desnaturalizada. Lo importante, pues, no es preguntar cuál es el propósito
de la vida, sino aclarar la confusión que hay dentro de uno. Es como un
ciego que pregunta: "¿Qué es la luz?". Si trato de decirle qué es la luz,
él escuchará de acuerdo con su ceguera, con su oscuridad; pero en el
instante en que pueda ver, jamás preguntará qué es la luz. La luz está
ahí.
De igual
modo, si puedes aclarar la confusión dentro de ti mismo, descubrirás cuál
es el propósito de la vida; no tendrás que preguntar por él, no tendrás
que buscarlo. Para estar libres de la confusión tenemos que ver y
comprender las causas que originan la confusión; y las causas de la
confusión están muy claras. Se hallan arraigadas en el "yo", que está
deseando constantemente expandirse mediante la posesión, mediante el
devenir, el éxito, la imitación; y los síntomas son los celos, la envidia,
la codicia, el temor. En tanto exista esta confusión interna, estarás
siempre buscando respuestas externas; pero cuando la confusión interna se
haya aclarado, entonces conocerás el significado de la vida.
Interlocutor: ¿Qué es el karma ?
K.: Karma
es una de las palabras peculiares que usamos, es una de esas palabras en
que se halla atrapado nuestro pensamiento. El hombre pobre tiene que
aceptar la vida en los términos de una teoría. Tiene que aceptar la
miseria, el hambre, la escualidez, porque está desnutrido y no tiene la
energía para romper con ello y crear una revolución. Tiene que aceptar lo
que la vida le da, por eso dice: "Es mi karma ser así"; y los políticos,
los grandes hombres le alientan para que acepte su desdicha. Ustedes no
desean que se rebele contra todo esto, ¿verdad? Pero cuando le pagan al
pobre tan poco, teniendo ustedes tanto, es muy probable que eso suceda;
entonces usan la palabra karma para fomentar la aceptación de la miseria
en su vida.
El hombre
educado, el que ha alcanzado el éxito, el que ha heredado, el que ha
llegado a la cima de las cosas, el que tiene poder, posición y los medios
de corrupción, él también dice: "Es mi karma. He obrado bien en una vida
anterior y ahora estoy cosechando el premio por mis acciones pasadas".
¿Pero cuál
es el significado del karma? ¿Aceptar las cosas como están?
¿Comprenden? ¿Acaso karma quiere decir aceptar las cosas sin
cuestionarlas, sin una pizca de rebelión? Ésa es la actitud que todos
tenemos. Así que ya ves cuán fácilmente ciertas palabras se vuelven una
red en la que quedamos atrapados, porque no estamos realmente vivos. El
verdadero significado de esa palabra karma no puede entenderse como una
teoría; no pueden comprenderlo si dicen: "Eso es lo que afirma el Bhagavad
Gita".
¿Saben?,
la mente comparativa es la más estúpida de todas las mentes porque no
reflexiona, sólo dice: "He leído el libro tal y tal y lo que usted dice es
lo mismo". Quien dice esto ha dejado de pensar; cuando comparamos, ya no
investigamos para descubrir lo verdadero, para descubrirlo sin tener en
cuenta lo que puedan haber dicho algún libro o gurú en particular. Lo
esencial, pues, es descartar a todas las autoridades e investigar,
descubrir, no comparar. La comparación es el culto de la autoridad, es
imitación, irreflexión. El comparar constituye la naturaleza misma de una
mente que no está despierta para descubrir lo que es verdadero. Ustedes
dicen: "Es
así, es como lo que dijo el Buda", y piensan que de ese modo han resuelto
sus problemas. Pero para descubrir realmente la verdad de cualquier cosa,
uno tiene que ser extremadamente activo, vigoroso, tiene que confiar en sí
mismo, y no podemos tener confianza en nosotros mismos mientras estemos
pensando comparativamente. Por favor, escuchen esto. Si no confían en sí
mismos, pierden todo poder de investigar y descubrir lo verdadero. Esa
confianza en uno mismo trae cierta libertad en lo que descubrimos; y esa
libertad nos es negada cuando estamos comparando.
Interlocutor: ¿Hay un elemento de miedo en el respeto?
K.: ¿Qué
dices tú? Cuando muestras respeto hacia tu maestro, hacia tus padres,
hacia tu gurú, y falta de respeto hacia tu sirviente; cuando pateas a los
que no son importantes para ti y lames las botas a los que están por
encima de ti, los funcionarios, los políticos, los encumbrados, ¿no hay en
esto un elemento de miedo? De las personas importantes, del maestro, del
examinador, del profesor, de tus padres, del político, del gerente de
banco, esperas obtener alguna cosa; en consecuencia, eres respetuoso.
¿Pero qué pueden darte los pobres? Por lo tanto, los pasas por alto, los
tratas con desprecio, ni siquiera sabes que están ahí cuando pasan junto a
ti en la calle. No los miras, no te preocupa que tiriten de frío, que
estén sucios y hambrientos. Pero a los personajes importantes, a los
grandes del país les darás algo, aunque tengas muy poco, a fin de recibir
más de sus favores. En esto hay definitivamente un elemento de miedo, ¿no
es así? No hay amor. Si tuvieras amor en tu corazón, mostrarías respeto a
aquellos que no tienen nada y también a los que lo tienen todo; no
sentirías miedo de los que tienen ni descuidarías a los que no tienen. El
respeto con la esperanza de una recompensa es el resultado del miedo. En
el amor no hay miedo.
Del Libro,
El Arte de Vivir (Conferencias públicas), de Jiddu Krishnamurti.