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"GRACIAS PADRE"

SEBASTIAN WERNICKE

"HAGASE TU VOLUNTAD"

Es difícil distinguir entre "Voluntad Divina" y necesidad humana. La Voluntad Divina viene de la Presencia Yo Soy, que es Dios en nosotros, y es un impulso interno cuya fuerza va derribando uno a uno todos los obstáculos que encuentra en su camino, cosa que puede llevarnos cientos de encarnaciones, pero que finalmente se va a cumplir.

Las necesidades humanas, en cambio, no son parte de nuestra esencia, como erróneamente ha sido afirmado, sino creaciones de nuestros pensamientos y sentimientos con las que nos identificamos a tal punto que pensamos que nunca podremos prescindir de ellas. Estas necesidades se transforman en deseos, que son los sentimientos que nos impulsan a ir en busca de un medio para satisfacerlos. Esta es la trampa más grande en la que ha caído el ser humano, ya que los deseos nunca se satisfacen al obtener el objeto del deseo, sino que por el contrario, se agrandan y fortalecen. Así hemos vivido millones de años, en busca de placeres corporales, sensaciones, posesiones materiales, conocimiento, poder, fama, y cada vez que obtenemos el objeto del deseo, gozamos de un estado fugaz de saciedad, hasta que nuevamente pulsan los viejos deseos o creamos nuevos. Confundimos esa fugaz saciedad con la felicidad, que es algo por completo diferente. Vivimos en tensión, ansiedad y descontento, deseando y deseando, con fugaces chispazos de saciedad, y a la larga nos sumergimos en un estado de frustración. Podemos vivir satisfaciendo deseos, pero si truncamos el impulso del alma, eso nos hará infelices.

El miedo a la soledad y el sentimiento de infelicidad que esto produce es también parte de nuestra naturaleza humana inferior, y a diferencia de lo que piensa quien lo siente, no se resuelve con la compañía externa, ya que un altísimo porcentaje de parejas y matrimonios viven juntos pero aislados y se sienten solos. La única presencia y compañía que puede llenar ese vacío es Dios, ya que todo lo demás es pasajero, y el día que se termine, cuando la pareja nos abandone, cuando los hijos crezcan y nos dejen, otra vez vamos a estar solos. Quien puede ver esto claramente ya nunca más se siente vacío, y puede estar completamente solo siendo inmensamente feliz. De la misma forma, puede estar en pareja, puede tener hijos y cientos de amigos, pero nunca se apegará a ellos, y el día que ya no estén a su lado, seguirá siendo feliz. Lamentablemente, tenemos que pasar por innumerables experiencias dolorosas y pérdidas para poder ver esto con claridad, porque si alguien nos lo dice, no lo vemos.

Cuando uno cumple con la Voluntad Divina, surge espontáneamente un estado completamente diferente al de la saciedad, que es la felicidad, y lo único que se opone a un estado de felicidad sostenida son los deseos humanos, que cuando todavía son fuertes, vuelven a producirnos ansiedad y descontento.

Así que al final, la única salida a este conflicto es optar libre y voluntariamente por cumplir con la Voluntad Divina y dejar de darle poder a los deseos quitándoles la atención, que de esa forma se van muriendo de inanición y desaparecen. Así es como el deseo de tener una pareja, formar una familia, tener hijos, ser famoso, tener poder, poseer una casa o cualquier otro deseo, cuando no está de acuerdo a la Voluntad Divina, finalmente se esfuma, luego de varios años de lucha interna entre los deseos personales, la presión de la sociedad, de la familia y los prejuicios culturales, en oposición a la esencia de nuestro ser y al impulso de nuestra alma.

De ahora en adelante, conocerás una nueva dimensión en la forma de relacionarte, poniendo siempre en primer lugar la Voluntad Divina, que ya sea en esta vida o en una vida futura, te llevará a ser completa y absolutamente libre, viviendo sin ningún tipo de ataduras y condicionamientos, para permitir que la Luz y el Amor de Dios sean derramados a través de ti por toda la Tierra, dispuesto a servir y a dar todo tu tiempo, dedicación, energía y amor, ya no a uno solo, sino a toda la humanidad.

LA ASCENSIÓN

La vida es como una gran montaña que estamos subiendo paso a paso, día a día, y en cuya cima se encuentra el logro final que todo ser humano alcanzará algún día: la victoria de la Ascensión. Esto que han logrado ya muchos seres, ha sido mejor ejemplificado por el Maestro Jesús, la Madre María, San Francisco de Assisi, Santa Teresa de Ávila, Lord Gautama Buddha y tantos otros servidores de la humanidad.

La Ascensión no es una experiencia mística o religiosa, sino un proceso científico y absolutamente comprobable de elevación en la frecuencia vibracional de todo nuestro ser, es decir, no solamente de nuestro cuerpo físico, sino también de nuestros sentimientos, pensamientos y acciones. Esta elevación se produce al calificar la energía positivamente a través de pensamientos altruistas y bondadosos, sentimientos de amor y unidad, acciones de servicio a la humanidad en cualquier lugar en el que nos encontremos actualmente, sin necesidad de renunciar al mundo, sino todo lo contrario, sirviendo al mundo al ser parte de él en nuestros trabajos, familias y en la sociedad en que vivimos.

Todos nosotros estamos recibiendo constantemente una inmensa cantidad de energía desde nuestra Presencia Yo Soy, que es la que hace latir nuestro corazón y nos da la oportunidad, mediante el libre albedrío, de servir a la vida en nuestras mejores capacidades. Toda esa energía que desciende es en este momento mayor en proporción a aquella que asciende a través del proceso que acabamos de explicar. La energía que es calificada mediante pensamientos imperfectos, limitados, egoístas, o sentimientos de odio, amargura, rencor, miedo, así como también a través de acciones destructivas hacia la vida en cualquiera de sus formas, es energía que sale hacia fuera en nuestro mundo y que mediante la Ley del Círculo, Karma o Causa y Efecto, se regresará y será redimida a través de experiencias dolorosas que nos enseñarán a hacer buen uso de esa energía. Esto es, que esta energía, en vez de regresar hacia arriba de donde vino con toda su pureza y perfección, y llevarnos a nosotros hacia arriba en un impulso de ascenso a la conciencia Divina, se ha quedado aquí abajo y de alguna manera nos ata a la tierra, convirtiéndose en nuestras cadenas que nos hacen volver una y otra vez a la encarnación para continuar este largo y tedioso camino de ascenso que nosotros mismo nos hemos auto-impuesto.

A partir del momento en que el 51% de la energía que desciende es calificada constructivamente, retomamos el camino de ascenso y nuestra victoria está asegurada. Según afirman los Maestros Ascendidos, actualmente la persona promedio califica un 3% de la energía positivamente, un 25% destructivamente y un 72% de esa energía se pierde en procesos ineficientes e inútiles de pensamientos, sentimientos y acciones improductivas, muchas veces provocados por nuestras propias energías que se nos regresan en experiencias infelices para ser redimidas, y en vez de asumir humildemente la liberación de nuestras deudas, esas experiencias nos llevan a lanzar hacia fuera de nuestro mundo más pensamientos, sentimientos y acciones calificadas destructivamente, que se nos volverán a regresar en una rueda que no tiene fin. La única salida a esa rueda del sufrimiento y las reencarnaciones es a través de la invocación y uso constante del Fuego Sagrado, la Llama Violeta Consumidora. 

Ante cualquier situación de limitación, depresión, carencia o enfermedad, invoca la Llama Blanca de la Ascensión. Ella te elevará de la limitación a la perfección, de la depresión a la armonía, de la carencia a la opulencia y de la enfermedad a la salud. Afirma y visualiza: “En el nombre de la Amada Presencia Yo Soy, invoco a la Llama Blanca de la Ascensión, para que me envuelva en un Mágico Tubo de Luz Blanca que me haga invisible e invencible a toda imperfección, elevando y ascendiendo mi vida, mi mundo y todo mi ser a su estado de perfección original. Gracias Padre porque así es”.

CONÓCETE A TI MISMO

Muchos templos del saber en la antigüedad tenían en sus puertas de entrada el mandato: “Hombre, conócete a ti mismo”. A esto es a lo que iban los estudiantes de los misterios de la vida: a aprender sobre ellos mismos, sobre el ser humano y la complejidad de sus relaciones. En los tiempos modernos, una buena parte de los seres humanos ha canalizado esta búsqueda a través de la psicología y la diversidad de terapias existentes. El motivo de esta búsqueda es, por supuesto, comprender las causas del sufrimiento, que ha usurpado nuestras vidas a través del temor, el odio, los celos, el orgullo, la agresividad y las diversas formas que adopta la falta de amor. La mayoría de las terapias, cursos y alternativas de ayuda que ofrecen al ser humano un medio para conocerse a sí mismo, son ofrecidos por personas que están lejos aún de conocerse a sí mismas, y solo buscan un medio de vida a través de esas actividades. Muchas de ellas se basan en que el conocimiento de uno mismo es una meta a alcanzar.

El conocimiento de uno mismo no sucede en el tiempo. Es instantáneo. Es observarse uno en el instante y ver Lo que Es. Y esto uno lo va viendo de instante en instante en el trabajo, en la casa, con los amigos, en las relaciones en general, observando los pensamientos y sentimientos en el momento en que afloran al relacionarnos con el mundo. Es un proceso que nunca acaba, ya que somos siempre cambiantes y nunca vamos a poder definir lo que somos, ya que si creemos que nos conocemos, eso que conocemos es parte del pasado, de lo que fuimos, no de lo que somos.

En ese proceso de conocerte, al ver lo que eres, estarás en capacidad de abandonar para siempre todo lo que no sea la Voluntad de Dios, todo lo que sea menor que la perfección. Por ejemplo, si en tu familia alguien hace algo y te enoja, solo estando bien atento y observándote en ese momento, te darás cuenta que el enojo y tú son una misma cosa, tú eres el enojo, no es culpa de tu hermano, eres tú, y como sabes que esa no es la perfección que Dios desea, podrás decirle a ese enojo, con absoluta tranquilidad y firmeza: ¡Vete de aquí! ¡Tú no tienes poder! Yo Soy el completo dominio y autocontrol de mi carácter y mis sentimientos solo encarnan el Amor Divino, la paciencia, la tolerancia y el Perdón.

Tú puedes pensar que el odio que sientes, los deseos de venganza, la antipatía, la crítica, los celos, la envidia, etc., son por culpa de otras personas que te han mentido, traicionado, dañado, insultado, o por cosas que hacen y crees que no están bien. La realidad es que esas personas son libres de hacer con sus vidas lo que quieran, pero nada de lo que hagan tiene porqué afectarte. Si te afecta es porque tú eres eso que sientes. Si no hay odio en ti, nada que otro haga puede despertar en ti el odio, porque no lo tienes, y aunque alguien te haga daño, lo único que sabrás hacer es perdonar.

Ya deja de echarle la culpa a lo demás por las cosas que te suceden, perdona y olvida para siempre cualquier cosa que te hayan hecho. Dile a toda persona que pueda necesitar tu perdón: “Te envío mi amor y mi perdón. Olvido para siempre lo que me has hecho y te envuelvo en mi círculo de Amor para bendecirte y para que prosperes”. Verás que comienzan a suceder milagros cuando hagas esto, y verás transformaciones milagrosas en las personas que perdones.

Abandona para siempre todo lo que no sea de Dios. Cualquier sentimiento o pensamiento que tengas, fíjate si te acerca a Dios, si te eleva, si es bueno para ti y para todos. No necesitas que alguien te lo diga. En tu corazón, tú sabes lo que es bueno. Y todo lo que no sea bueno, déjalo, apártalo de tu vida. No luches con el rencor, la ira o el miedo, solamente aparta tu atención de ellos y vuélvete hacia tu Poderosa Presencia Yo Soy. Cuando vivas anclado en la Presencia Yo Soy, te conocerás a ti mismo, ya que tú eres esa Presencia de Dios en Acción.

EL MOMENTO SAGRADO DE CADA DÍA

Para expresar libertad perfecta y dominio sobre todas las limitaciones humanas, tenemos que reconocer y aceptar la Presencia de Dios durante todo el día. ¿Cómo hacer para concentrarse y prestar atención en todo lo que hay que hacer en el día y a la vez estar concientes de la Presencia Yo Soy y del Cristo que late en nuestros corazones?

Hay momentos en la vida en que todo está tranquilo y tenemos la posibilidad de estar en contacto con la belleza de la naturaleza, con el silencio y la quietud. Quizás sean unas vacaciones o un tiempo de descanso. En esos momentos especiales tenemos mucho tiempo disponible para reconocer y aceptar la Presencia Yo Soy y sentir la radiación de su Luz y de todos sus dones. Pero esto normalmente no dura mucho tiempo. Llega el momento en que comenzamos a trabajar, o nos mudamos a un lugar más ruidoso, lejos del contacto con la naturaleza, o el silencio de nuestro hogar se acaba por diferentes circunstancias. Y cuando esto sucede, a veces el sentimiento de conexión con la Presencia Yo Soy se esfuma. Uno trata de quedarse conectado, pero quizás solo se logra a nivel mental, pero ya no se siente. Y si uno intenta establecer esa conexión mientras realiza sus actividades de trabajo, entonces pierde la atención y comienza a cometer errores.

Esto nos puede llevar a pensar que para tener una conexión óptima con la Presencia Yo Soy hay que hacer lo mismo que los monjes y las monjas y renunciar al mundo para recluirse en un lugar de oración. Pero ésta no es la única forma de hacerlo, y en la mayoría de los casos, no es lo que nos toca hacer en esta vida. Incluso, quienes se recluyen en estos lugares para encontrar a Dios, solo encuentran más de lo que sucede en el mundo exterior en la convivencia con los hermanos y hermanas del monasterio. No hay que afligirse ni darse por vencido.

Las clases semanales de metafísica tienen el propósito de propiciar un lugar y un tiempo para establecer esa conexión con la Presencia Yo Soy, y nos puede ayudar mucho en este sentido. Pero la clase semanal no es suficiente. Durante su Ministerio, Jesús necesitaba cada día apartarse a orar. Para eso se iba al monte de los olivos con sus discípulos. Pero aparte de enseñarles, también se tomaba su tiempo solo, para retomar ese contacto con la Presencia Yo Soy, fuente de toda vida y energía, que en ningún momento del día nos abandona ni se puede desconectar de nosotros, pero sí se desconecta nuestra conciencia al poner la atención sobre las cosas del mundo.

El monje de la Nueva Era es como nosotros. Vive en el mundo, ocupado en los quehaceres normales de cualquier persona, pero manteniendo su conciencia anclada en Dios. Ese es nuestro aprendizaje. De a poco iremos expandiendo esa conciencia hasta que logremos hacer las cosas del mundo sin perder ni por un instante el sentimiento de conexión con nuestra Fuente Divina.

La forma de ir avanzando en este sentido es tomarse todos los días un tiempo para meditar, orar, decretar, visualizar o lo que uno quiera. Y también hace falta cada tanto tiempo retirarse a un lugar de tranquilidad, como una montaña, un lago o el mar. Eso recarga nuestras baterías y renueva nuestro contacto con la Presencia Yo Soy.

Todos los días, aunque sea por solo media hora al día, y preferentemente a la mañana, antes de comenzar las actividades diarias, tómate un tiempo para estar tranquilo, sin distracciones ni interrupciones, y meditar en la realidad de esa Presencia Divina que late en tu corazón. El resto del día, cuando estés trabajando, no tienes que "pensar" en la Presencia Yo Soy, simplemente tienes que "estar" en paz, armonía y equilibrio, y sobre todo, en un estado alerta de observación plena. Esa va a ser tu conexión con la Presencia Yo Soy en las horas de actividad.

TU ATRAES LO QUE ERES

Cuando conocemos a una persona tenemos una primera impresión, que a veces llamamos ‘de piel’, a partir de la cual percibimos algo que es difícil de explicar con palabras. Si nos cae bien solemos decir: “Fulano tiene buena onda”. Nos pasa lo mismo con los lugares a los que vamos. Podemos percibir la ‘onda’ que hay en el ambiente, y cuando está muy denso decimos que ‘se puede cortar con cuchillo’. Esta onda que captamos es verdaderamente una onda producida por una vibración.

Todo lo que existe vibra, se mueve, emite una frecuencia de vibración y genera una onda vibracional que inunda todo a su alrededor. La materia sólida parece estar quieta, inmóvil, y sin embargo los átomos que la conforman están en permanente movimiento. El movimiento orbital de los electrones, en su oscilación alrededor del núcleo del átomo, genera una onda vibracional, cuya frecuencia está determinada por la velocidad de los electrones. Esta vibración produce un sonido o armonía, un color y una forma que distinguen a un tipo particular de materia.

Los seres humanos tenemos un cuerpo físico, tenemos sentimientos y pensamientos, y todo el movimiento físico, emocional y mental produce una vibración, generando un color, un sonido y una forma. Esta es la cualidad de nuestro ser que irradiamos hacia afuera inundándolo todo a nuestro alrededor. De la misma manera, todo lo que existe irradia una vibración.

Las vibraciones similares se atraen. Cuando estamos con alguien que ‘vibra’ como nosotros, nos sentimos atraídos. Nos atraen ciertos colores, sonidos, armonías, ambientes, elementos, actividades y personas. Podemos percibir que hay ciertas actividades, profesiones u oficios que están en armonía con nuestra vibración, por eso ‘nos gustan’.

Así como todo está en permanente movimiento, en constante cambio, nosotros también estamos sujetos al cambio. Con la variación en el movimiento varía también nuestra vibración. Por consiguiente, es probable que con el tiempo cambien nuestros gustos en relación con nuestra profesión, actividad u oficio. Por eso no es necesario, y hasta podría ser perjudicial, que dediquemos toda nuestra vida a una sola actividad.

Es necesario que estemos muy alertas a los cambios que con el tiempo van teniendo lugar en nuestras vidas y en el mundo en el que vivimos. Si somos capaces de captar las vibraciones, tanto internas como externas, vamos a poder asociarnos a los lugares, a las personas, a las actividades y a las cosas que nos hagan sentir bien, que vibren como nosotros.

VIVIR CON BUENA SUERTE

¿Alguna vez has sentido, o quizás lo sientes ahora, que todo está mal? Has perdido el trabajo, la pareja, los hijos te han abandonado, tienes una enfermedad, el futuro se proyecta oscuro y sombrío… Quizás conoces a alguien que se siente así. O quizás hayas vivido pensando que hay gente con buena suerte, pero a ti no te ha tocado.

Lo primero que debes darte cuenta es que tú has generado todo lo que estás viviendo. Tú eres la causa de todo lo que te sucede. La suerte no existe. Lo único que necesitas para que tu vida dé un giro completo es comprender algunas cosas básicas. En la vida hay un orden que se expresa y se sostiene a través de ciertas leyes o principios que siempre se cumplen, inexorablemente. Estos principios universales, junto con otras cosas igual de importantes que debes conocer, son los que conocerás en los libros y en las clases de metafísica. Pero te voy a dar ahora una idea de alguno de ellos que han determinado todo lo que te sucede en la vida.

Lo que tú piensas, se manifiesta. Éste es el principio de mentalismo. Debido a haber estado pensando, sintiendo y diciendo cosas negativas toda tu vida es que esas cosas se han manifestado en tu mundo. Comienza a partir de ahora a pensar siempre en positivo. De cada situación, espera siempre lo mejor. Cada vez que tengas que hacer algo, di: “Yo sí puedo hacerlo, y lo hago perfecto. La Amada Presencia Yo Soy en mí todo lo puede”.

Otro gran principio es el de causa y efecto, que dice que todo lo que uno hace es una causa que uno pone en movimiento para producir un efecto. Cosecharás lo que siembres. Así como uno trata a los demás, así uno recibe el mismo trato de la gente. Si hemos sido avaros, tacaños, egoístas, ahora a nosotros nos toca estar carentes y que nadie nos ayude. Así que a partir de ahora comienza a tratar a los demás como tú quieres que te traten.

El principio de ritmo dice que todo fluye y refluye, que a toda abundancia le sigue la escasez. Esto no quiere decir que si uno es rico luego va a ser pobre, pero si cuando uno es rico no comparte, no ayuda, malgasta sus riquezas y no las pone al servicio de la vida, entonces sí lo perderá todo. Comienza a hacer buen uso de todo lo que tengas, sin malgastarlo, y sé generoso y caritativo con los más necesitados. Siempre habrá alguien que necesite más que tú. Y si tú eres generoso con los demás, cuando a ti te falte, siempre habrá alguien que venga en tu ayuda.

Invoca a diario la Llama Violeta para transmutar cualquier error que hayas cometido y que pueda estar obstaculizando tu Plan Divino de Perfección. Afirma: "Yo Soy la Llama Violeta Transmutadora de la Liberación Espiritual que ahora y para siempre transmuta, consume y disuelve todo error presente y pasado, su causa y su núcleo, récord y memoria, y toda creación indeseable por la cual mi ser externo sea responsable". A la vez que haces esta afirmación, visualízate envuelto por un pilar de Fuego Violeta. Luego haz este decreto: "Amada Presencia Yo Soy: Ilumina mi conciencia para que pueda darme cuenta de mis errores. Asume el comando de mi vida y resuelve esta situación de una vez. Guíame para que mi vida vuelva a estar en orden divino. Yo ofrezco mi corriente de vida y me consagro a amar, proteger e iluminar a toda la humanidad para que viva en el sendero de la Luz. Poderosa Presencia Yo Soy, libérame de todas estas limitaciones, en armonía para todo el mundo, bajo la gracia, de manera perfecta y en cumplimiento de la Voluntad de Dios. Gracias Padre porque así es". Todo se resolverá cuando sea el momento oportuno. Pon en práctica todo esto que acabas de aprender y verás que a partir de ahora siempre te irá bien.

GRACIAS PADRE

Dar Gracias es algo que no acostumbramos hacer, por eso inventamos conmemoraciones a lo largo del año para recordarnos que tenemos que ser agradecidos. Cuando todo está bien en nuestra vida, muchas veces olvidamos dar gracias a Dios. Pero cuando la realidad nos golpea de cerca con un hecho incomprensible para nosotros, es ahí donde reaccionamos y damos un grito al cielo clamando por una respuesta. 

Entonces comenzamos a preguntarnos: ¿Quién Soy, de dónde vengo, adónde voy, porqué me suceden estas cosas, porqué la vida es injusta conmigo...?, y es cuando Dios se queda en silencio y no nos contesta. Si Dios nos diera las respuestas, Él haría todo por nosotros, y entonces ¿qué sentido tendría nuestra vida? Parte del propósito de nuestra vida es encontrar las respuestas a todas estas preguntas y a muchas más. Ésta es la finalidad de las actividades metafísicas, de los libros, de las páginas web y de todo lo que hacemos para ayudar a la gente a encender esa Luz en sus vidas.

Todos los seres humanos que están comenzando a abrir los ojos a la realidad de la vida se hacen todas estas preguntas en algún momento. Así, tenemos que tener el claro propósito de responder todas estas preguntas a medida que avanzamos por el sendero de la vida.

¿Qué es lo que falla cuando sucede una aparente “injusticia”? Nada falla. Todo es causa y efecto. Somos libres y hacemos uso de nuestra libertad a cada momento, incluso cuando nos equivocamos. Todos nosotros tenemos un Plan Divino de Perfección, pero esto es solo un plan, no es necesariamente lo que luego sucede. El Plan Divino siempre es perfecto y contempla el bien y solo el bien. Pero somos nosotros los ejecutores del Plan, y con nuestra libertad elegimos llevarlo a cabo o ignorarlo y hacer algo diferente a lo que Dios ideó para nosotros. Nuestro Plan Divino de Perfección es que seamos felices, que estemos llenos de amor, que tengamos todo lo que necesitemos en abundancia, que tengamos cuerpos sanos y una sabiduría infinita para comprender la vida.

Uno de los secretos de la felicidad es dar gracias por todo y bendecir toda situación. Cuando nos suceda algo inesperado o incomprensible, digamos: “Bendigo el bien en esta situación. Lo declaro y lo quiero ver. Gracias Padre porque así es”. Toda situación difícil es una oportunidad para crecer y aprender. No la desaprovechemos, ya que para eso es la vida. Aquellos primeros navegantes europeos que llegaron al nuevo continente, tuvieron que dejar sus hogares, familias, posesiones. Pasaron frío, hambre y cansancio, y en su momento habrán visto el cielo de sus vidas completamente nublado, oscuro y tenebroso. Pero la chispa de la Fe en sus corazones iluminó sus caminos y los trajo hasta esta bendita tierra, adonde fueron cálidamente recibidos por los nativos indígenas. Fue junto a ellos que años después celebraron el primer Día de Acción de Gracias.

Hagamos entonces como ellos, y celebremos juntos este día, dando gracias al Padre por el aire que respiramos, por la belleza que nos rodea, por la Luz del Sol que nos da vida y energía, por nuestros amigos, por nuestra familia, por el trabajo, por la comida de cada día, por la ropa que nos viste, por la salud de nuestro cuerpo y por la infinidad de bendiciones que nos regala esta vida a cada instante. Vivamos agradecidos y demos gracias por todo. Quien vive agradecido lo recibe todo en abundancia. Incluso digamos ¡Gracias Padre!, antes de recibir cualquier cosa que estemos necesitando. El sentimiento de gratitud en nuestro corazón será la llave maestra que nos llenará de bendiciones. El solo hecho de sentir agradecimiento por la vida, nos llenará de inmensa felicidad.

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