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"HAGASE TU VOLUNTAD"
Es difícil distinguir
entre "Voluntad Divina" y necesidad humana. La Voluntad Divina viene de la
Presencia Yo Soy, que es Dios en nosotros, y es un impulso interno cuya
fuerza va derribando uno a uno todos los obstáculos que encuentra en su
camino, cosa que puede llevarnos cientos de encarnaciones, pero que
finalmente se va a cumplir.
Las necesidades humanas,
en cambio, no son parte de nuestra esencia, como erróneamente ha sido
afirmado, sino creaciones de nuestros pensamientos y sentimientos con las
que nos identificamos a tal punto que pensamos que nunca podremos
prescindir de ellas. Estas necesidades se transforman en deseos, que son
los sentimientos que nos impulsan a ir en busca de un medio para
satisfacerlos. Esta es la trampa más grande en la que ha caído el ser
humano, ya que los deseos nunca se satisfacen al obtener el objeto del
deseo, sino que por el contrario, se agrandan y fortalecen. Así hemos
vivido millones de años, en busca de placeres corporales, sensaciones,
posesiones materiales, conocimiento, poder, fama, y cada vez que obtenemos
el objeto del deseo, gozamos de un estado fugaz de saciedad, hasta que
nuevamente pulsan los viejos deseos o creamos nuevos. Confundimos esa
fugaz saciedad con la felicidad, que es algo por completo diferente.
Vivimos en tensión, ansiedad y descontento, deseando y deseando, con
fugaces chispazos de saciedad, y a la larga nos sumergimos en un estado de
frustración. Podemos vivir satisfaciendo deseos, pero si truncamos el
impulso del alma, eso nos hará infelices.
El miedo a la soledad y
el sentimiento de infelicidad que esto produce es también parte de nuestra
naturaleza humana inferior, y a diferencia de lo que piensa quien lo
siente, no se resuelve con la compañía externa, ya que un altísimo
porcentaje de parejas y matrimonios viven juntos pero aislados y se
sienten solos. La única presencia y compañía que puede llenar ese vacío es
Dios, ya que todo lo demás es pasajero, y el día que se termine, cuando la
pareja nos abandone, cuando los hijos crezcan y nos dejen, otra vez vamos
a estar solos. Quien puede ver esto claramente ya nunca más se siente
vacío, y puede estar completamente solo siendo inmensamente feliz. De la
misma forma, puede estar en pareja, puede tener hijos y cientos de amigos,
pero nunca se apegará a ellos, y el día que ya no estén a su lado, seguirá
siendo feliz. Lamentablemente, tenemos que pasar por innumerables
experiencias dolorosas y pérdidas para poder ver esto con claridad, porque
si alguien nos lo dice, no lo vemos.
Cuando uno cumple con la
Voluntad Divina, surge espontáneamente un estado completamente diferente
al de la saciedad, que es la felicidad, y lo único que se opone a un
estado de felicidad sostenida son los deseos humanos, que cuando todavía
son fuertes, vuelven a producirnos ansiedad y descontento.
Así que al final, la
única salida a este conflicto es optar libre y voluntariamente por cumplir
con la Voluntad Divina y dejar de darle poder a los deseos quitándoles la
atención, que de esa forma se van muriendo de inanición y desaparecen. Así
es como el deseo de tener una pareja, formar una familia, tener hijos, ser
famoso, tener poder, poseer una casa o cualquier otro deseo, cuando no
está de acuerdo a la Voluntad Divina, finalmente se esfuma, luego de
varios años de lucha interna entre los deseos personales, la presión de la
sociedad, de la familia y los prejuicios culturales, en oposición a la
esencia de nuestro ser y al impulso de nuestra alma.
De ahora en adelante,
conocerás una nueva dimensión en la forma de relacionarte, poniendo
siempre en primer lugar la Voluntad Divina, que ya sea en esta vida o en
una vida futura, te llevará a ser completa y absolutamente libre, viviendo
sin ningún tipo de ataduras y condicionamientos, para permitir que la Luz
y el Amor de Dios sean derramados a través de ti por toda la Tierra,
dispuesto a servir y a dar todo tu tiempo, dedicación, energía y amor, ya
no a uno solo, sino a toda la humanidad.
LA ASCENSIÓN
La vida es como una gran
montaña que estamos subiendo paso a paso, día a día, y en cuya cima se
encuentra el logro final que todo ser humano alcanzará algún día: la
victoria de la Ascensión. Esto que han logrado ya muchos seres, ha sido
mejor ejemplificado por el Maestro Jesús, la Madre María, San Francisco de
Assisi, Santa Teresa de Ávila, Lord Gautama Buddha y tantos otros
servidores de la humanidad.
La Ascensión no es una
experiencia mística o religiosa, sino un proceso científico y
absolutamente comprobable de elevación en la frecuencia vibracional de
todo nuestro ser, es decir, no solamente de nuestro cuerpo físico, sino
también de nuestros sentimientos, pensamientos y acciones. Esta
elevación se produce al calificar la energía positivamente a través de
pensamientos altruistas y bondadosos, sentimientos de amor y unidad,
acciones de servicio a la humanidad en cualquier lugar en el que nos
encontremos actualmente, sin necesidad de renunciar al mundo, sino
todo lo contrario, sirviendo al mundo al ser parte de él en nuestros
trabajos, familias y en la sociedad en que vivimos.
Todos nosotros estamos
recibiendo constantemente una inmensa cantidad de energía desde nuestra
Presencia Yo Soy, que es la que hace latir nuestro corazón y nos da la
oportunidad, mediante el libre albedrío, de servir a la vida en nuestras
mejores capacidades. Toda esa energía que desciende es en este momento
mayor en proporción a aquella que asciende a través del proceso que
acabamos de explicar. La energía que es calificada mediante pensamientos
imperfectos, limitados, egoístas, o sentimientos de odio, amargura,
rencor, miedo, así como también a través de acciones destructivas hacia la
vida en cualquiera de sus formas, es energía que sale hacia fuera en
nuestro mundo y que mediante la Ley del Círculo, Karma o Causa y Efecto,
se regresará y será redimida a través de experiencias dolorosas que nos
enseñarán a hacer buen uso de esa energía. Esto es, que esta energía, en
vez de regresar hacia arriba de donde vino con toda su pureza y
perfección, y llevarnos a nosotros hacia arriba en un impulso de ascenso a
la conciencia Divina, se ha quedado aquí abajo y de alguna manera nos ata
a la tierra, convirtiéndose en nuestras cadenas que nos hacen volver una y
otra vez a la encarnación para continuar este largo y tedioso camino de
ascenso que nosotros mismo nos hemos auto-impuesto.
A partir del momento en
que el 51% de la energía que desciende es calificada constructivamente,
retomamos el camino de ascenso y nuestra victoria está asegurada. Según
afirman los Maestros Ascendidos, actualmente la persona promedio califica
un 3% de la energía positivamente, un 25% destructivamente y un 72% de esa
energía se pierde en procesos ineficientes e inútiles de pensamientos,
sentimientos y acciones improductivas, muchas veces provocados por
nuestras propias energías que se nos regresan en experiencias infelices
para ser redimidas, y en vez de asumir humildemente la liberación de
nuestras deudas, esas experiencias nos llevan a lanzar hacia fuera de
nuestro mundo más pensamientos, sentimientos y acciones calificadas
destructivamente, que se nos volverán a regresar en una rueda que no tiene
fin. La única salida a esa rueda del sufrimiento y las reencarnaciones es
a través de la invocación y uso constante del Fuego Sagrado, la Llama
Violeta Consumidora.
Ante cualquier
situación de limitación, depresión, carencia o enfermedad, invoca la Llama
Blanca de la Ascensión. Ella te elevará de la limitación a la perfección,
de la depresión a la armonía, de la carencia a la opulencia y de la
enfermedad a la salud. Afirma y visualiza: “En el nombre de
la Amada Presencia Yo Soy,
invoco a la Llama Blanca de la Ascensión, para que me envuelva en un
Mágico Tubo de Luz Blanca que me haga invisible e invencible a toda
imperfección, elevando y ascendiendo mi vida, mi mundo y todo mi ser a su
estado de perfección original. Gracias Padre porque así es”.
CONÓCETE A TI MISMO
Muchos templos del saber
en la antigüedad tenían en sus puertas de entrada el mandato: “Hombre,
conócete a ti mismo”. A esto es a lo que iban los estudiantes de los
misterios de la vida: a aprender sobre ellos mismos, sobre el ser humano y
la complejidad de sus relaciones. En los tiempos modernos, una buena parte
de los seres humanos ha canalizado esta búsqueda a través de la psicología
y la diversidad de terapias existentes. El motivo de esta búsqueda es, por
supuesto, comprender las causas del sufrimiento, que ha usurpado nuestras
vidas a través del temor, el odio, los celos, el orgullo, la agresividad y
las diversas formas que adopta la falta de amor. La mayoría de las
terapias, cursos y alternativas de ayuda que ofrecen al ser humano un
medio para conocerse a sí mismo, son ofrecidos por personas que están
lejos aún de conocerse a sí mismas, y solo buscan un medio de vida a
través de esas actividades. Muchas de ellas se basan en que el
conocimiento de uno mismo es una meta a alcanzar.
El conocimiento de uno
mismo no sucede en el tiempo. Es instantáneo. Es observarse uno en el
instante y ver Lo que Es. Y esto uno lo va viendo de instante en instante
en el trabajo, en la casa, con los amigos, en las relaciones en general,
observando los pensamientos y sentimientos en el momento en que afloran al
relacionarnos con el mundo. Es un proceso que nunca acaba, ya que somos
siempre cambiantes y nunca vamos a poder definir lo que somos, ya que si
creemos que nos conocemos, eso que conocemos es parte del pasado, de lo
que fuimos, no de lo que somos.
En ese proceso de
conocerte, al ver lo que eres, estarás en capacidad de abandonar para
siempre todo lo que no sea la Voluntad de Dios, todo lo que sea menor que
la perfección. Por ejemplo, si en tu familia alguien hace algo y te enoja,
solo estando bien atento y observándote en ese momento, te darás cuenta
que el enojo y tú son una misma cosa, tú eres el enojo, no es culpa de tu
hermano, eres tú, y como sabes que esa no es la perfección que Dios desea,
podrás decirle a ese enojo, con absoluta tranquilidad y firmeza:
¡Vete de aquí! ¡Tú no tienes poder! Yo Soy el completo
dominio y autocontrol de mi carácter y mis sentimientos solo encarnan el
Amor Divino, la paciencia, la tolerancia y el Perdón.
Tú puedes pensar que el
odio que sientes, los deseos de venganza, la antipatía, la crítica, los
celos, la envidia, etc., son por culpa de otras personas que te han
mentido, traicionado, dañado, insultado, o por cosas que hacen y crees que
no están bien. La realidad es que esas personas son libres de hacer con
sus vidas lo que quieran, pero nada de lo que hagan tiene porqué
afectarte. Si te afecta es porque tú eres eso que sientes. Si no hay odio
en ti, nada que otro haga puede despertar en ti el odio, porque no lo
tienes, y aunque alguien te haga daño, lo único que sabrás hacer es
perdonar.
Ya deja de echarle la
culpa a lo demás por las cosas que te suceden, perdona y olvida para
siempre cualquier cosa que te hayan hecho. Dile a toda persona que pueda
necesitar tu perdón: “Te envío mi amor y mi perdón. Olvido para siempre
lo que me has hecho y te envuelvo en mi círculo de Amor para bendecirte y
para que prosperes”. Verás que comienzan a suceder milagros cuando
hagas esto, y verás transformaciones milagrosas en las personas que
perdones.
Abandona para siempre todo lo que no sea de Dios. Cualquier sentimiento o
pensamiento que tengas, fíjate si te acerca a Dios, si te eleva, si es
bueno para ti y para todos. No necesitas que alguien te lo diga. En tu
corazón, tú sabes lo que es bueno. Y todo lo que no sea bueno, déjalo,
apártalo de tu vida. No luches con el rencor, la ira o el miedo, solamente
aparta tu atención de ellos y vuélvete hacia tu Poderosa Presencia Yo Soy.
Cuando vivas anclado en la Presencia Yo Soy, te conocerás a ti mismo, ya
que tú eres esa Presencia de Dios en Acción.
EL MOMENTO SAGRADO DE CADA DÍA
Para expresar libertad perfecta y dominio
sobre todas las limitaciones humanas, tenemos que reconocer y aceptar la
Presencia de Dios durante todo el día. ¿Cómo hacer para concentrarse y
prestar atención en todo lo que hay que hacer en el día y a la vez estar
concientes de la Presencia Yo Soy y del Cristo que late en nuestros
corazones?
Hay momentos en la vida en que todo está
tranquilo y tenemos la posibilidad de estar en contacto con la belleza de
la naturaleza, con el silencio y la quietud. Quizás sean unas vacaciones o
un tiempo de descanso. En esos momentos especiales tenemos mucho
tiempo disponible para reconocer y aceptar la Presencia Yo Soy y sentir la
radiación de su Luz y de todos sus dones. Pero esto normalmente no dura
mucho tiempo. Llega el momento en que comenzamos a trabajar, o nos mudamos
a un lugar más ruidoso, lejos del contacto con la naturaleza, o el
silencio de nuestro hogar se acaba por diferentes circunstancias. Y cuando
esto sucede, a veces el sentimiento de conexión con la Presencia Yo Soy se
esfuma. Uno trata de quedarse conectado, pero quizás solo se logra a nivel
mental, pero ya no se siente. Y si uno intenta establecer esa conexión
mientras realiza sus actividades de trabajo, entonces pierde la atención y
comienza a cometer errores.
Esto nos puede llevar a pensar que para
tener una conexión óptima con la Presencia Yo Soy hay que hacer lo mismo
que los monjes y las monjas y renunciar al mundo para recluirse en un
lugar de oración. Pero ésta no es la única forma de hacerlo, y en la
mayoría de los casos, no es lo que nos toca hacer en esta vida. Incluso,
quienes se recluyen en estos lugares para encontrar a Dios, solo
encuentran más de lo que sucede en el mundo exterior en la convivencia con
los hermanos y hermanas del monasterio. No hay que afligirse ni darse por
vencido.
Las clases semanales de metafísica tienen
el propósito de propiciar un lugar y un tiempo para establecer esa
conexión con la Presencia Yo Soy, y nos puede ayudar mucho en este
sentido. Pero la clase semanal no es suficiente. Durante su Ministerio,
Jesús necesitaba cada día apartarse a orar. Para eso se iba al monte de
los olivos con sus discípulos. Pero aparte de enseñarles, también se
tomaba su tiempo solo, para retomar ese contacto con la Presencia Yo Soy,
fuente de toda vida y energía, que en ningún momento del día nos abandona
ni se puede desconectar de nosotros, pero sí se desconecta nuestra
conciencia al poner la atención sobre las cosas del mundo.
El monje de la Nueva Era es como nosotros.
Vive en el mundo, ocupado en los quehaceres normales de cualquier persona,
pero manteniendo su conciencia anclada en Dios. Ese es nuestro
aprendizaje. De a poco iremos expandiendo esa conciencia hasta que
logremos hacer las cosas del mundo sin perder ni por un instante el
sentimiento de conexión con nuestra Fuente Divina.
La forma de ir avanzando en este sentido es
tomarse todos los días un tiempo para meditar, orar, decretar, visualizar
o lo que uno quiera. Y también hace falta cada tanto tiempo retirarse a un
lugar de tranquilidad, como una montaña, un lago o el mar. Eso recarga
nuestras baterías y renueva nuestro contacto con la Presencia Yo Soy.
Todos los días, aunque
sea por solo media hora al día, y preferentemente a la mañana, antes de
comenzar las actividades diarias, tómate un tiempo para estar tranquilo,
sin distracciones ni interrupciones, y meditar en la realidad de esa
Presencia Divina que late en tu corazón. El resto del día, cuando estés
trabajando, no tienes que "pensar" en la Presencia Yo Soy, simplemente
tienes que "estar" en paz, armonía y equilibrio, y sobre todo, en un
estado alerta de observación plena. Esa va a ser tu conexión con la
Presencia Yo Soy en las horas de actividad.
TU ATRAES LO QUE ERES
Cuando conocemos a una
persona tenemos una primera impresión, que a veces llamamos ‘de piel’, a
partir de la cual percibimos algo que es difícil de explicar con palabras.
Si nos cae bien solemos decir: “Fulano tiene buena onda”. Nos pasa lo
mismo con los lugares a los que vamos. Podemos percibir la ‘onda’ que hay
en el ambiente, y cuando está muy denso decimos que ‘se puede cortar con
cuchillo’. Esta onda que captamos es verdaderamente una onda producida por
una vibración.
Todo lo que existe
vibra, se mueve, emite una frecuencia de vibración y genera una onda
vibracional que inunda todo a su alrededor. La materia sólida parece estar
quieta, inmóvil, y sin embargo los átomos que la conforman están en
permanente movimiento. El movimiento orbital de los electrones, en su
oscilación alrededor del núcleo del átomo, genera una onda vibracional,
cuya frecuencia está determinada por la velocidad de los electrones. Esta
vibración produce un sonido o armonía, un color y una forma que distinguen
a un tipo particular de materia.
Los seres humanos
tenemos un cuerpo físico, tenemos sentimientos y pensamientos, y todo el
movimiento físico, emocional y mental produce una vibración, generando un
color, un sonido y una forma. Esta es la cualidad de nuestro ser que
irradiamos hacia afuera inundándolo todo a nuestro alrededor. De la misma
manera, todo lo que existe irradia una vibración.
Las vibraciones
similares se atraen.
Cuando estamos con alguien que ‘vibra’ como nosotros, nos sentimos
atraídos. Nos atraen ciertos colores, sonidos, armonías, ambientes,
elementos, actividades y personas. Podemos percibir que hay ciertas
actividades, profesiones u oficios que están en armonía con nuestra
vibración, por eso ‘nos gustan’.
Así como todo está en
permanente movimiento, en constante cambio, nosotros también estamos
sujetos al cambio. Con la variación en el movimiento varía también nuestra
vibración. Por consiguiente, es probable que con el tiempo cambien
nuestros gustos en relación con nuestra profesión, actividad u oficio. Por
eso no es necesario, y hasta podría ser perjudicial, que dediquemos toda
nuestra vida a una sola actividad.
Es
necesario que estemos muy alertas a los cambios que con el tiempo van
teniendo lugar en nuestras vidas y en el mundo en el que vivimos. Si somos
capaces de captar las vibraciones, tanto internas como externas, vamos a
poder asociarnos a los lugares, a las personas, a las actividades y a las
cosas que nos hagan sentir bien, que vibren como nosotros.
VIVIR CON BUENA SUERTE
¿Alguna vez has sentido,
o quizás lo sientes ahora, que todo está mal? Has perdido el trabajo, la
pareja, los hijos te han abandonado, tienes una enfermedad, el futuro se
proyecta oscuro y sombrío… Quizás conoces a alguien que se siente así. O
quizás hayas vivido pensando que hay gente con buena suerte, pero a ti no
te ha tocado.
Lo primero que debes
darte cuenta es que tú has generado todo lo que estás viviendo. Tú eres la
causa de todo lo que te sucede. La suerte no existe. Lo único que
necesitas para que tu vida dé un giro completo es comprender algunas cosas
básicas. En la vida hay un orden que se expresa y se sostiene a través de
ciertas leyes o principios que siempre se cumplen, inexorablemente. Estos
principios universales, junto con otras cosas igual de importantes que
debes conocer, son los que conocerás en los libros y en las clases de
metafísica. Pero te voy a dar ahora una idea de alguno de ellos que han
determinado todo lo que te sucede en la vida.
Lo que tú
piensas, se manifiesta.
Éste es el principio de mentalismo. Debido a haber estado pensando,
sintiendo y diciendo cosas negativas toda tu vida es que esas cosas se han
manifestado en tu mundo. Comienza a partir de ahora a pensar siempre en
positivo. De cada situación, espera siempre lo mejor. Cada vez que tengas
que hacer algo, di: “Yo sí puedo hacerlo, y lo hago perfecto.
La Amada Presencia Yo Soy en mí todo lo
puede”.
Otro gran
principio es el de causa y efecto, que dice que todo lo que uno hace es
una causa que uno pone en movimiento para producir un efecto.
Cosecharás lo que siembres. Así como uno trata a los demás, así uno
recibe el mismo trato de la gente. Si hemos sido avaros, tacaños,
egoístas, ahora a nosotros nos toca estar carentes y que nadie nos ayude.
Así que a partir de ahora comienza a tratar a los
demás como tú quieres que te traten.
El principio de ritmo
dice que todo fluye y refluye, que a toda abundancia le sigue la escasez.
Esto no quiere decir que si uno es rico luego va a ser pobre, pero si
cuando uno es rico no comparte, no ayuda, malgasta sus riquezas y no las
pone al servicio de la vida, entonces sí lo perderá todo. Comienza a
hacer buen uso de todo lo que tengas, sin malgastarlo, y sé generoso y
caritativo con los más necesitados. Siempre habrá alguien que necesite
más que tú. Y si tú eres generoso con los demás, cuando a ti te falte,
siempre habrá alguien que venga en tu ayuda.
Invoca a diario la Llama Violeta para transmutar cualquier
error que hayas cometido y que pueda estar obstaculizando tu Plan Divino
de Perfección. Afirma: "Yo Soy
la Llama Violeta Transmutadora de la
Liberación Espiritual que ahora y para siempre transmuta, consume y
disuelve todo error presente y pasado, su causa y su núcleo, récord y
memoria, y toda creación indeseable por la cual mi ser externo sea
responsable". A la vez
que haces esta afirmación, visualízate envuelto por un pilar de Fuego
Violeta. Luego haz este decreto:
"Amada Presencia
Yo Soy: Ilumina mi conciencia para que pueda darme cuenta de mis errores.
Asume el comando de mi vida y resuelve esta situación de una vez. Guíame
para que mi vida vuelva a estar en orden divino. Yo ofrezco mi corriente
de vida y me consagro a amar, proteger e iluminar a toda la humanidad para
que viva en el sendero de
la Luz. Poderosa Presencia Yo Soy, libérame de todas estas
limitaciones, en armonía para todo el mundo, bajo la gracia, de manera
perfecta y en cumplimiento de la Voluntad de Dios. Gracias Padre porque
así es". Todo se
resolverá cuando sea el momento oportuno. Pon en práctica todo esto que
acabas de aprender y verás que a partir de ahora siempre te irá bien.
GRACIAS PADRE
Dar Gracias es algo que
no acostumbramos hacer, por eso inventamos conmemoraciones a lo largo del
año para recordarnos que tenemos que ser agradecidos. Cuando todo está
bien en nuestra vida, muchas veces olvidamos dar gracias a Dios. Pero
cuando la realidad nos golpea de cerca con un hecho incomprensible para
nosotros, es ahí donde reaccionamos y damos un grito al cielo clamando por
una respuesta.
Entonces comenzamos a
preguntarnos: ¿Quién Soy, de dónde vengo, adónde voy, porqué me suceden
estas cosas, porqué la vida es injusta conmigo...?, y es cuando Dios se
queda en silencio y no nos contesta. Si Dios nos diera las respuestas, Él
haría todo por nosotros, y entonces ¿qué sentido tendría nuestra vida?
Parte del propósito de nuestra vida es encontrar las respuestas a todas
estas preguntas y a muchas más. Ésta es la finalidad de las actividades
metafísicas, de los libros, de las páginas web y de todo lo que hacemos
para ayudar a la gente a encender esa Luz en sus vidas.
Todos los seres humanos
que están comenzando a abrir los ojos a la realidad de la vida se hacen
todas estas preguntas en algún momento. Así, tenemos que tener el claro
propósito de responder todas estas preguntas a medida que avanzamos por el
sendero de la vida.
¿Qué es lo que
falla cuando sucede una aparente “injusticia”? Nada falla. Todo es causa y
efecto. Somos libres y hacemos uso de nuestra libertad a cada momento,
incluso cuando nos equivocamos. Todos nosotros tenemos un Plan Divino de
Perfección, pero esto es solo un plan, no es necesariamente lo que luego
sucede. El Plan Divino siempre es perfecto y contempla el bien y solo el
bien. Pero somos nosotros los ejecutores del Plan, y con nuestra libertad
elegimos llevarlo a cabo o ignorarlo y hacer algo diferente a lo que Dios
ideó para nosotros. Nuestro Plan Divino de
Perfección es que seamos felices, que estemos llenos de amor, que tengamos
todo lo que necesitemos en abundancia, que tengamos cuerpos sanos y una
sabiduría infinita para comprender la vida.
Uno de los secretos de
la felicidad es dar gracias por todo y bendecir toda situación. Cuando nos
suceda algo inesperado o incomprensible, digamos: “Bendigo el bien en
esta situación. Lo declaro y lo quiero ver. Gracias Padre porque así es”.
Toda situación difícil es una oportunidad para crecer y aprender. No la
desaprovechemos, ya que para eso es la vida. Aquellos primeros navegantes
europeos que llegaron al nuevo continente, tuvieron que dejar sus hogares,
familias, posesiones. Pasaron frío, hambre y cansancio, y en su momento
habrán visto el cielo de sus vidas completamente nublado, oscuro y
tenebroso. Pero la chispa de la Fe en sus corazones iluminó sus caminos y
los trajo hasta esta bendita tierra, adonde fueron cálidamente recibidos
por los nativos indígenas. Fue junto a ellos que años después celebraron
el primer Día de Acción de Gracias.
Hagamos entonces como
ellos, y celebremos juntos este día, dando gracias al Padre por el aire
que respiramos, por la belleza que nos rodea, por la Luz del Sol que nos
da vida y energía, por nuestros amigos, por nuestra familia, por el
trabajo, por la comida de cada día, por la ropa que nos viste, por la
salud de nuestro cuerpo y por la infinidad de bendiciones que nos regala
esta vida a cada instante. Vivamos agradecidos y demos gracias por todo.
Quien vive agradecido lo recibe todo en abundancia. Incluso digamos
¡Gracias Padre!, antes de recibir cualquier cosa que estemos necesitando.
El sentimiento de gratitud en nuestro corazón será la llave maestra que
nos llenará de bendiciones. El solo hecho de sentir agradecimiento por la
vida, nos llenará de inmensa felicidad. |