La rabia "desarrolla
calcio en las arterias coronarias, dispara las arritmias, sube el
colesterol malo y baja el bueno; además sube la presión arterial", dice el
doctor Iván Mendoza, jefe de Cardiología del Instituto Urológico y
profesor jefe de Cardiología Experimental del Instituto de Medicina
Tropical de la Universidad Central de Venezuela (UCV), quien además
destaca que el mejor antídoto contra ese amargo sentimiento no está
disponible comercialmente, "pero es gratis, no tiene efectos secundarios y
no es otro que el perdón".
Según el cardiólogo, "el
perdón es el sentimiento de paz que nace cuando el dolor, sea cual sea su
origen, se deja de tomar personalmente; es la supresión del resentimiento
pero no implica aceptar la crueldad ni olvidar lo sucedido ni tampoco
reconciliación con el ofensor". Esta herramienta, considerada por Mendoza
como "el mejor antihipertensivo", bien puede servir para atenuar el
tránsito de situaciones recientes que puedan resultar adversas para
algunas personas como la muerte del ex dictador chileno Augusto Pinochet,
cuyos detractores lamentan que haya fallecido sin recibir el castigo por
los supuestos excesos que en vida cometió en su país.
"No perdonar es vivir con
resentimiento y aferrarse al pasado -explica el galeno-. Si no se perdona
aumenta el riesgo de enfermedades del corazón y de cáncer; por si fuera
poco, perpetúa el daño sufrido. Además, vivir con rabia ha aumentado en
siete veces la mortalidad de personas que han sufrido infartos".
Oxígeno cerebral
El especialista de
Instituto Urológico destaca que los beneficios del perdón están
comprobados científicamente en diversos estudios a escala mundial, siendo
uno de ellos el bautizado "Ritmo circadiano de la muerte súbita en
Venezuela" que se hizo merecedor del primer lugar del Premio Nacional de
Investigación en el área de Cardiología, de la Sociedad Venezolana de
Cardiología: "Se ha demostrado que (el perdón) baja la frecuencia
respiratoria, mejora la cardiaca, tumba la presión arterial y aumenta la
cantidad de oxígeno que va hacia el cerebro".
Mendoza aclara que "la
idea no es ir a abrazar a la persona que me ofendió; lo primero que hay
que hacer es perdonar de corazón y para ello lo preciso es identificar la
base del problema, qué fue lo que ocasionó la rabia, calmarse, tomar tres
respiraciones, contar hasta diez, imaginar algo bueno, salir a caminar,
reírse de sí mismo, confrontar la situación después de unos momentos,
pensar en las consecuencias antes de actuar, asumir las responsabilidades
y luego perdonar". Y subraya que hacerlo "nunca excusa el mal
comportamiento, pero sí salva al corazón".
Las escalas de la rabia
Según Mendoza, un estudio de EEUU
estableció una escala de rabia, que se va incrementando a medida que se
prescinde del perdón como tabla de salvación: "La medida va del uno al
siete; el número cuatro es cuando a la persona le cambia la voz y está
moderadamente disgustada pero no grita; el cinco es cuando está enojada y
tensa, aprieta los puños y dedos; el número seis corresponde a la persona
que ya está furiosa, golpea una mesa o empuja las puertas; en el número
siete ya hay pérdida del control y la persona se puede lastimar a sí mismo
y a los demás; tanto en seis como en siete la persona puede morir".
Lupa a la salud cardiovascular
Según el cardiólogo Iván Mendoza, 1 de cada
300 personas mueren por cáncer; pero 1 de cada 3 fallece por enfermedad
cardiovascular, de las cuales 90% sufrieron enfermedad coronarias, muchas
de ellas generadas por estados de tensión que no dieron cabida al perdón.
Tan efectivo como el
perdón es el rezar un rosario, para salvar al corazón. Mendoza asegura que
no importa cuál sea el credo de la persona, el llevar a cabo esta
actividad "es una práctica de salud".
Para las mujeres el perdón
es vital, no sólo porque tienden a ser el principal objetivo de las
injusticias, sino porque también los infartos son la primera causa de
muerte para la población femenina; además son las más vulnerables a los
casos de muerte súbita, causados por ataques de rabia.
El perdón es visto como el
antídoto número uno para la vitalidad y el optimismo.
El perdón también es
reconocido como uno de los sentimientos más sublimes que pueda
experimentar una persona, al punto que es común escuchar a personas que
disculpan en lugar de perdonar por considerar a éste un privilegio que
sólo concede el Ser Superior, de acuerdo con la religión de cada quien.
La Navidad y la llegada del Año
Nuevo son épocas propicias para perdonar las malas acciones, propias y
ajenas.