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Por lo general cuando
comenzamos a dar clases de Metafísica, lo que más anhelamos es tener
discípulos. Por eso asumí el dar un curso para capacitar nuevos
instructores y por voluntad propia apareció un joven, que entusiasta se
perfiló con mucho interés. En verdad que si lo hubiese evaluado por su
presencia física le hubiera dado cero puntos. Este chico en realidad
parecía un loquito: los cabellos largos descuidados, los pantalones
montados en la cadera que parecía que ya se le iban a caer, los zapatos
unos tres números más de su talla. En fin, aparentaba todo, menos ser un
muchacho normal. Sin embargo, pude percibir que más allá de esa loca
apariencia se escondía un ser ávido de aprender la Metafísica, y eso me
gustó mucho, por lo que lo acepté para prepararlo como facilitador de la
Enseñanza Metafísica.
Por supuesto, que en mi
afán de mejorarlo le dije: “A usted hay que darle un cambio, así que
comenzaremos cortándole el cabello, porque una cabeza desordenada es caos
total”, e inmediatamente le di la clase de la Ley de Correspondencia. Y le
expliqué que así como estaba su cabeza desordenada estaba su mente, y que
ese desorden repercutiría en su mundo físico, desarmonizando todo su
entorno. Este joven quedaba impactado cuando le explicaba algo, y su
interés por estar a mi lado para que lo instruyera crecía fuertemente, al
extremo que ya no me dejaba en paz. Cada vez que sonaba el timbre de la
puerta de mi residencia, era ese chico, buscando más conocimiento
espiritual.
Su cambio iba
generándose gradualmente, y lo enseñé a trabajar, dándole un curso
profesional de terapia corporal, donde desarrolló toda su destreza y se
convirtió en un gran profesional en corto tiempo, devengando un sueldo de
unos seiscientos dólares mensuales. Deslumbrado por aquel discípulo
perfecto, no hacía otra cosa que alabarlo. Sus clases eran fabulosas,
estudiaba como nadie y todas las personas se inclinaban por aquel muchacho
lleno de tanta soltura y aplomo.
Sin embargo, era
demasiado éxito para no ser probado y le vino el gran momento. Apareció
una chica y se enamoró como un mismo loco, lo que me pareció perfecto.
Pero como prueba al fin y al cabo, comenzó la disputa entre su novia y la
Enseñanza. Este chico entró en un cambio terrible: ya las clases no le
importaban, los servicios los realizaba sin ponerles ningún tipo de
vibración, y lo peor fue que no quiso estudiar más, porque el tiempo que
destinaba para instruirse y dar las enseñanzas, lo había ocupado con el
compromiso con su novia. Todo el interés que había manifestado por su
Enseñanza comenzó a desvanecerse.
Ante esta situación tan
terrible como es ver que tu hijo espiritual se desmorona, no hallaba que
hacer. No obstante, lo busqué para hacerlo entrar en razón y recordarle
que todo lo que había adquirido se lo había proporcionado la vida, para
facilitarle las cosas para una cómoda expansión de la metafísica.
Persuadido por su cuerpo
de deseos, el astral inferior, se dejó arrastrar por él, dejando a un lado
su cuerpo mental donde había alimentado tanta Enseñanza y deseos
altruistas, los cuales había mermado por su falta de discernimiento. Este
chico había sido objeto de la fuerza siniestra. Tras esa muchacha linda,
bella, que estaba bien buena que él había conocido, se escondía la peor de
las víboras, disfrazada de niña santa y buena, que por supuesto, había
sido enviada por la otra polaridad con el único fin de apartarlo de la
metafísica.
Nos encontramos en un
“Café Central” y por haber dejado el dinero en mí vehículo, le pedí que
por favor me obsequiara un refresco, a lo que me contestó: “No puedo, no
tengo dinero.” Y aprovechó, para aclararme que la Metafísica no era su
meta final, porque él ahora ganaba dinero y lo que más deseaba era vivir
con su chica, comprar un apartamento, tener un hijo, y adquirir un auto;
y dando clases de metafísica no lo iba a obtener. Por eso, puntualizó que
ya no tenía tiempo para dar clases, ya que quedaba muy cansado de las
labores del día, para asistir a las reuniones de grupo interno, y su novia
se molestaba, porque ella necesitaba ser atendida.
Lo escuché
detenidamente, inmerso en un desgarrante dolor que perforaba mi alma, ya
que sabía que esa conducta era el perfil de un alumno tomado por la fuerza
siniestra. Al terminar de hablar pasó un hombre velozmente y le arrebató
la cartera del hombro. Por supuesto, él salió detrás del ladrón para que
le devolviera la cartera, pero fue inútil. El hombre desapareció entre la
multitud. Este chico regresó a mí y con todo mi amor lo consolé
diciéndole que se quedará tranquilo, que los documentos no era los más
importante y los podía tramitar de nuevo. Entonces él me respondió: “Es
que ese ladrón me llevó dos millones de Bolívares (mil dolares)”. A lo que
le dije: “Hace unos momentos me dijiste que no tenías ni un Bolívar.”
Terminado aquel
episodio que me conmovía tanto, le dije: “Cuando se deja la Luz como lo
has hecho, se comienza a vivir en la oscuridad y la mentira. Ese ladrón
apareció porque tú mismo te conectaste con él, ya que esa es la energía
que ahora manejas. Los Maestros te pusieron en el camino para que hicieras
el trabajo por la humanidad, por eso nos conocimos aquella tarde, porque
fuiste tú el que llegó a mí buscando la instrucción. La Jerarquía al ver
el interés que demandabas, te proporcionó todo para que pudieras
evolucionar e hicieras el trabajo con gusto, con disponibilidad de todas
las comodidades que necesitamos en el plano físico para la expansión de la
Enseñanza.
Por eso tu mundo cambió
en positivo. Cuando no eras nadie, por supuesto, no le interesabas a
otros, porque no brillabas, no estaba tu lámpara encendida. Hoy la
pretendes extinguir al apartarte de lo más grande que te ha podido pasar
como es desarrollarte internamente, que por supuesto, genera innumerables
beneficios en tu mundo externo. Si esa chica hubiera aparecido en tu vida
de otra forma, hubieras podido emprender una bella relación, pero todo
aquel que practica la separatividad, la división, la posesión, el “para
mí”, va en contra de todo lo crístico, y por ende es anticrístico
totalmente lo que genera.
Si ella hubiera
aparecido en tu vida para el bien, para ayudarte, para unirse en la labor
que realizabas, o por lo menos respetarte lo que asumiste por voluntad
propia, todo hubiera sido puro y perfecto; pero no de la forma en que se
han dado las cosas, no prohibiéndote la Metafísica, o tu Enseñanza que
fue la que te brindó todo lo bello que habías adquirido. En tu caso,
tenías que discernir y darte cuenta que esas energías lo que pretenden es
apartarte de tu camino, para que vivas en el atraso total, y se extinga
la luz de tu alma.
Sin embargo, eres tú el
que tiene que administrar bien todo lo que recibes de beneficio, porque
hasta esa luz que tienes en el rostro tampoco te pertenece; era tan sólo
mantenida por todas las bendiciones y vibraciones hermosísimas que
generabas por tu entrega a la Metafísica, y me perdonas que sea tan crudo
contigo, pero alguien te lo tiene que decir y es mi persona, por tú
haberme escogido como instructor.
Fíjate que ya no vas a
las clases, y mucho menos quieres impartir la Enseñanza por la que tanto
te esmeraste en aprender en un momento. Ten presente que cuando hay poca
luz en un lugar y se enciende una lámpara, aparecen los animalitos, ó sea
los bichitos, a rondar la luz para perturbarla y alimentarse de ella.
Piensa que todo lo que estás viviendo es producto de tu falta de
discernimiento, falta de lealtad y amor a tu Enseñanza, y no creas que te
va a venir una maldición por abandonarlo todo. ¡No! Sencillamente es que
al bajar tus altas vibraciones, te sumerges en un cuerpo inferior, por
supuesto ligado a su respectivo plano como es el astral inferior, donde
solamente podrás alimentarte de tus instintos y deseos. Allí, una vez más
te vas a revolcar con todas tus frustraciones y carencias afectivas,
familiares y económicas como las tenías anteriormente, que lo único que
hacen es mantenerte en una fosa, devorándote como animales feroces, como
son todas esas energías deplorables que sólo tienen un objetivo: el que
pierdas la oportunidad de crecer espiritualmente, ya que allí no se está
en la creatividad de los asuntos beneficiosos para ti y mucho menos para
la humanidad. Sin embargo, entendí que él no estaba obligado a seguir en
la Instrucción, que tan sólo era su decisión el hacerlo, pero si algún día
decides buscarme porque consideraste que la Enseñanza fue beneficiosa para
tu alma, las puertas estarán abiertas siempre, y estaré esperando tu
llamado a la puerta, como la madre que sirve la mesa y que aunque sabe que
el hijo no está, no pierde la esperanza en que recapacite y vuelva.
Igualmente pone su plato lleno con todos los exquisitos manjares para que
los deguste y se nutra una vez más. Y recuerda siempre, que donde no hay
amor, unidad, ni lealtad, no hay una conciencia crística. |